España permanece estancada en torno al 20 % de fumadores adultos
Día Mundial Sin Tabaco
España se estanca en el 20 % de fumadores mientras otros países reducen el cigarrillo con alternativas sin humo reguladas
La evidencia científica señala desde hace años a la combustión del tabaco como gran culpable de las enfermedades, mientras países como Suecia o Japón reducen el tabaquismo apoyándose en alternativas sin humo y España permanece estancada en torno al 20 % de fumadores adultos
Cada 31 de mayo, el Día Mundial Sin Tabaco reabre un debate que en España sigue sin resolverse del todo y es cómo acabar con el cigarrillo, el producto más dañino del mercado del tabaco. Y, una vez más, el foco corre el riesgo de desviarse hacia la nicotina en abstracto, los titulares alarmistas y las guerras culturales, en lugar de centrarse en lo que la ciencia repite con bastante claridad.
Hoy, el consenso científico es cada vez más nítido en que el principal riesgo para la salud no es la nicotina en sí, sino la combustión del tabaco. La nicotina es adictiva y no está exenta de efectos, pero las enfermedades graves como el cáncer de pulmón, EPOC o patologías cardiovasculares se asocian sobre todo al humo que resulta de quemar la hoja, cargado con miles de sustancias tóxicas y cancerígenas. Por eso, los productos sin combustión, como el vapeo, el tabaco calentado o las bolsas de nicotina, aunque no son inocuos, reducen de forma significativa la exposición a esos compuestos.
El vapeo, el tabaco calentado o las bolsas de nicotina, aunque no son inocuos, reducen de forma significativa la exposición a esos compuestos
Las evaluaciones de organismos como la FDA en Estados Unidos o el NHS británico sitúan esa reducción de exposición, en términos de tóxicos de la combustión, en rangos que suelen moverse entre el 90 % y el 99 % frente al cigarrillo convencional. Esa diferencia de orden de magnitud no convierte a las alternativas en productos seguros ni recomendables para quien no fuma, pero sí cambia por completo el mapa del riesgo para el fumador adulto que no consigue dejarlo con las herramientas tradicionales.
Los países que siguen la evidencia se mueven más rápido
El contraste internacional es llamativo. Suecia se ha convertido en el primer país del mundo en rozar el estatus de libre de humo, con apenas un 3,7 % de fumadores diarios y una caída cercana al 40 % en las enfermedades asociadas al tabaquismo, lo que se traduce en unas 3.000 muertes evitadas al año. No lo ha logrado prohibiendo la nicotina, sino sustituyendo masivamente el cigarrillo por productos sin combustión como el snus y las bolsas de nicotina.
Nueva Zelanda se mueve en la misma dirección, con una prevalencia de fumadores diarios en torno al 6,8 % y un auge del vapeo entre adultos que han abandonado el cigarrillo mucho más deprisa que en décadas anteriores. Reino Unido ha integrado el vapeo como herramienta de cesación dentro del sistema sanitario y el NHS considera que vapear es menos perjudicial que fumar y lo reconoce como apoyo válido para dejar el tabaco, siempre con productos regulados y lejos de los menores.
Japón aporta uno de los casos de estudio más citados porque en la última década, la expansión del tabaco calentado ha ido acompañada de una caída superior al 50 % en las ventas de cigarrillos lo que muestra un desplazamiento masivo hacia alternativas sin combustión. La clave común en estos países es que no han eliminado la nicotina, han acelerado la salida del cigarrillo.
España, atrapada en el 20 %
Frente a estos ejemplos, España sigue instalada en torno al 20–22 % de fumadores adultos, con comunidades que superan holgadamente esa cifra, y gran parte de Europa se mantiene por encima del 15 %. Aquí el bloqueo parece menos científico que narrativo. En el relato público se repiten mensajes que equiparan realidades muy distintas y que, al no introducir matices, acaban sosteniendo al cigarrillo en el centro del escenario.
Un ejemplo es la idea de que el vapeo «afecta igual» a los fumadores pasivos que el cigarro. Sin embargo, estudios como los liderados por Miguel de la Guardia, catedrático de Química Analítica de la Universitat de València, muestran que el aerosol del vapeo genera hasta tres veces menos partículas que el humo del cigarrillo y que la exposición pasiva a nicotina es hasta siete veces inferior. No se trata de minimizar riesgos, sino de reconocer que no todas las exposiciones son equivalentes y que, si se comunica lo contrario, se genera una percepción distorsionada que puede llevar a regulaciones poco eficaces.
Algo similar ocurre en la polémica sobre las bolsas de nicotina. A menudo se presentan solo como un peligro en ciernes, pero el único país donde han alcanzado una escala significativa es precisamente Suecia, el que mejores resultados muestra en reducción de tabaquismo, enfermedades y mortalidad asociada al cigarrillo.
El problema del mercado ilícito y los menores
La fotografía española del vapeo añade otra capa de complejidad. Más allá de la discusión sanitaria, los estudios sobre el mercado apuntan a que hasta el 48 % del mercado europeo de vapeadores es irregular y que alrededor del 90 % de los dispositivos proceden de China, a menudo sin controles adecuados. Esto facilita el acceso de los menores, reduce la trazabilidad y desplaza el foco del verdadero objetivo que es reducir el tabaquismo en adultos con productos regulados y canales controlados.
Hasta el 48 % del mercado europeo de vapeadores es irregular y que alrededor del 90 % de los dispositivos proceden de China
El reciente acuerdo parlamentario entre PP y PSOE para limitar la venta de vapeadores a canales autorizados y reforzar la protección de menores supone un primer paso para ordenar el mercado. La idea es cerrar la puerta a los menores, aumentar el control sobre qué se vende y por dónde se vende, y centrarse en quienes ya fuman, no en quienes nunca deberían empezar.
El fin del tabaquismo pasa por eliminar el cigarrillo
La conclusión que se desprende de la evidencia acumulada es que el fin del tabaquismo no se logrará solo a golpe de prohibiciones genéricas, sino centrándose en eliminar el cigarrillo y apoyándose en la ciencia disponible. Eso implica tres principios básicos. En primer lugar, reconocer que el daño está en la combustión; segundo, en aceptar que reducir humo reduce enfermedad y, por último, en asumir que no todos los productos presentan el mismo nivel de riesgo.
En el Día Mundial Sin Tabaco, el reto para España es decidir si quiere seguir el camino de países que ya están desmontando el cigarrillo apoyados en la evidencia, o quedarse atrapada en una polémica que confunde nicotina con humo y acaba manteniendo al viejo cigarro en el centro del problema.