Una de las últimas fotos captadas de 3I/ATLAS tras alcanzar su perihelio
Ciencia
3I/ATLAS habría registrado una «aceleración no gravitacional»: «Podría ser una firma de un sistema de propulsión»
Dada su cercanía con el Sol, el cometa habría perdido grandes cantidades de agua y gases, contribuyendo a esa mayor rapidez de desplazamiento
Tras alcanzar su perihelio el pasado 29 de octubre –situándose a unos 210 millones de kilómetros del Sol–, el cometa interestelar 3I/ATLAS continúa su camino a través del sistema solar.
Sin embargo, a pesar de ser una de las fechas más importantes en lo que a la trayectoria del objeto celeste se refiere, no podremos realizar nuevas observaciones de gran calibre hasta diciembre, una vez salga del otro lado de nuestra estrella y sea visible para los telescopios terrestres.
El 19 de diciembre de 2025, 3I/ATLAS alcanzará su punto más cercano a la Tierra, a una distancia de 270 millones de kilómetros, momento en el que cientos de telescopios terrestres, así como los telescopios espaciales Hubble y Webb, tendrán la mejor oportunidad para observarlo.
Y es que desde que fuera documentado el pasado mes de julio, este cometa ha suscitado toda la atención de la comunidad científica. En primer lugar por su inmenso tamaño –de entre 300 metros y 30 kilómetros de diámetro–, así como su extremada velocidad –de más de 210.000 kilómetros por hora–. Sin embargo, ahora los científicos habrían detectado una nueva anomalía tras superar su perihelio: el cometa habría comenzado a acelerar.
En concreto, hace escasos días se habría detectado la primera evidencia de una «aceleración no gravitacional». La investigación, realizada por el ingeniero de navegación del Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA (JPL por sus siglas en inglés), Davide Farnoccia –a partir de datos del observatorio ALMA de Chile– revelaría que 3I/ATLAS se habría desviado se desvió «cuatro segundos de arco en ascensión recta» de la trayectoria que debería haber seguido si estuviera influido por la gravedad del Sol.
Primera fotografía del 3I/Atlas luego de su paso cerca del Sol
La explicación oficial es un fenómeno conocido como «efecto cohete». Dada su cercanía con el Sol, el cometa habría perdido grandes cantidades de agua y gases, contribuyendo a esa mayor rapidez de desplazamiento. En el caso de que 3I/ATLAS fuera propulsado por este efecto cohete, esto implicaría que el objeto perdería la mitad de su masa con el paso de los meses. Tal como señalan los expertos, durante el mes que tarda 3I/ATLAS en recorrer una distancia espacial del orden de su perihelio respecto al Sol, debería perder aproximadamente una décima parte de su masa.
¿Esto qué implica? Que esta pérdida de masa considerable debería ser detectable en forma de una gran columna de gas alrededor del cometa durante los meses de noviembre y diciembre. Para ser más exactos, teniendo en cuenta que la masa de 3I/ATLAS es de al menos 33.000 millones de toneladas, debería haber perdido 5.500 millones de toneladas de gas y polvo en las últimas semanas, por lo que se debería observar una nube brillante de gas y polvo a su alrededor en las próximas semanas.
Es aquí donde entra en juego la campaña de la Red Internacional de Alerta de Asteroides (IAWN), la cuál tendrá lugar entre el 27 de noviembre de 2025 y el 27 de enero de 2026, momento en el que el cometa será monitoreado.
Tal como señala el astrofísico de Harvard, Avi Loeb, en el caso de que los datos del IAWN no revelen una nube masiva de gas alrededor de 3I/ATLAS «entonces la evaporación cometaria no constituiría una explicación natural para su aceleración no gravitacional».
«Si no observamos una nube masiva de gas alrededor de 3I/ATLAS en diciembre, entonces la aceleración no gravitacional reportada cerca del perihelio podría considerarse como una firma tecnológica de un sistema de propulsión», señala.
De hecho, el propio Loeb revela que lo vivido con 3I/ATLAS da una sensación de déjà vu con el primer objeto interestelar, 1I/`Oumuamua. Este cometa exhibió aceleración no gravitacional sin mostrar ningún indicio de gas o polvo a su alrededor, incluso tras profundas observaciones realizadas por el telescopio espacial Spitzer, lo que llevó a los expertos a catalogarlo como un «cometa oscuro». Es decir, un cometa que no presenta una cola visible.
«Dado que la cola es la característica distintiva de un cometa, la noción de un «cometa oscuro» resulta contradictoria. Una nave espacial con un sistema de propulsión podría mostrar aceleración no gravitacional sin evaporación cometaria. Podría ser clasificada por los expertos en cometas como un cometa oscuro del mismo modo que un espeleólogo clasificaría un teléfono móvil como una roca rara», concluye.
En esta situación, la misión JUICE de la ESA se antoja clave, ya que podría ser la primera en detectar esta gran pérdida de masa durante los próximos días.