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27 de mayo de 2024

El escritor español Luis Mateo Díez pronuncia un discurso tras recibir el Premio Cervantes 2023

El escritor español Luis Mateo Díez pronuncia un discurso tras recibir el Premio Cervantes 2023EFE

Discurso del Premio Cervantes

Luis Mateo Díez: «Recupero la imagen de aquel héroe de mi infancia que está en el subsuelo de mis personajes»

Era Díez Rilke y su patria de la infancia hasta que apareció Don Quijote de la Mancha aquella mañana en que nevaba

Cesare Pavese fue el primer citado por el Premio Cervantes, Luis Mateo Díez. Fue para hablar de su infancia «mítica» de posguerra. Mítica por la vocación pronta, el «efecto beneficioso». El niño escritor que citó en segundo lugar a Rafael Azcona y su deliciosa novela el repelente niño Vicente. Era Luis Mateo Díez un «diminuto ser embelesado» por las veladas nocturnas al que la vida «encaminaba y encandilaba».

La melancolía

Era Díez Rilke y su patria de la infancia hasta que apareció Don Quijote de la Mancha aquella mañana en que nevaba. Fue cuando al héroe le cambió el concepto de los héroes de los tebeos, con la melancolía, la palabra elegida por el autor porque le ha acompañado toda la vida. El héroe inquietante y entrañable y definitivo que no era ningún héroe, sino un antihéroe. El héroe que no es a través del cual iba encauzando los «aprendizajes y vislumbres».
El héroe invernal con «la fragilidad de su voluntad luchadora». El héroe de lucidez y conquista imaginaria al que no sabía explicar. La inclinación irremediable, la apetencia apasionada de escribir, el escritor vocacional que asumió la vida como una narración. La aspiración única contra la propia vida «velando las armas del novelista». Escribiendo metáforas como el cosmonauta que viaja a través de agujeros negros.

La indolencia que corrigió la lectura

Metáforas y agujeros negros que describen verdades paralelas como Borges, el cuarto citado y su irrealidad como única condición del arte. La «encarnadura» imaginaria de lo ajeno para representarlo. La apropiación por la invención. La conquista de lo ajeno como reto. Dijo Luis Mateo Díez que la pasión de escribir se compaginaba muchos años con la indolencia de hacerlo. La indolencia que corrigió la lectura y que solo era disipación juvenil porque en aquella y en la escritura estaba el modo de vivir.
Volvía el Premio Cervantes a recordar a todos sus personajes, «el octogenario de salud razonable» que ve en ellos personificaciones, donde vuelve a aparecer también el héroe invernal de la infancia para darle «la cordura que ensalza y redime la existencia trastornada» de quien salió de casa para salvar al mundo, del que reconoce una nobleza superior a la de todas sus creaciones, las cuales, a pesar de todo, le salvan. Porque a ellos vive entregado.
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