El escultor Santiago de Santiago, junto a una de sus esculturas en México
Santiago de Santiago, el escultor de los mil hijos
El escultor, medalla de Oro al Mérito en el Trabajo hy escultor del primer busto del Cardenal Herrera Oria, ha fallecido a los 97 años
Hizo el primer busto del Cardenal Herrera Oria a partir de una fotografía. Y es el que normalmente luce en una mayoría de centros del CEU. Cedió parte de su obra para la única exposición de escultura que conozco que se hizo en un campus universitario, en la universidad CEU San Pablo hacia 1994. Santiago de Santiago (1925-2023) nació junto a Piedrahita, en el montañoso Navaescurial, pequeño pueblo abulense de revolconas, ganado y sufrida caza.
Todo un autodidacta de excepcionales destrezas innatas para la escultura, que fue creando, aprendiendo y desarrollando por todo el mundo. Siempre con su «Torsón de Oro» al pecho, era una persona conocida, reconocida y querida del «todo Madrid» durante décadas, frecuentando todos los ambientes. Desde los barrios y asociaciones más humildes a los grandes palacios donde tenía extraordinarios clientes, pasando por los ambientes castrenses o los Congresos de Católicos y Vida Pública del CEU. Acercó el arte a los universitarios cediendo su obra para exposición en los campus. Y recibiendo múltiples distinciones.
El busto del Cardenal Herrera Oria, obra de Santiago de Santiago
Tuve amistad con él desde los años noventa. Cuando le visitabas no podía dejar de mover sus inquietas manos. Y si la conversación era en el estudio se ensañaba con los trozos de barro, moldeando continuamente. Así que deja esa ingente obra repartida por todo el mundo. Desde Estados Unidos o México y Japón, donde pasaba temporadas atendiendo a clientes importantes como Reagan, Clinton, Bush, o la propia familia imperial nipona. Entre otros museos el Hermitage, el Pushkin, o el Hakone de Tokio, albergan su obra.
De sus manos han salido cientos de «hijos», como les llamaba. Esculturas como las dedicadas a actores como Arturo Fernández, Paco Rabal, o Lola y Antonio Flores; decenas de personalidades como Santiago Bernabéu, el payaso Fofó o Herrera Oria; escritores como Cela, Bécquer, Galdós, Clara Campoamor o Rubén Darío; pintores como Goya.
Cantidad de obras entrañables como La Violetera, La abuelita, el Abulense emprendedor, El Colegial, La Madre Soltera o Los Niños de la bola. O monumentos a Los Caídos, Cervantes, Don Quijote, Isabel La Católica, el Arzobispo Carrillo, la Guardia Civil, al Caballero Templario, el Marqués del Duero, los Muertos de la Legión o al Alférez Rojas Navarrete de la Milicia Universitaria. Y por supuesto a toda la familia real española, desde el Rey padre a Felipe VI, pero también a otros monarcas como Fernando VI.
En su Casa-Museo de Madrid presentaba sus bustos y reunía a sus amigos en inolvidables veladas, junto a su fiel ayudante Rosi. Me sorprendió el gran regalo con que por mi cumpleaños me obsequió a fines de los noventa haciéndome un busto que, a pesar de su insistencia, nunca quise, por pudor, presentar en público, pero que conservo en un rincón de mi casa campera.
Pasa a la saga de los grandes escultores españoles, de los Benlliure, Ferreira o Juan de Ávalos. Su figura y su obra se agigantarán con el tiempo.