Los 84.458 millones que nadie quiere mirar
El mayor porcentaje del gasto sigue destinado a las pensiones contributivas, que han subido un 5,8 % en los últimos 12 meses
¿Qué paga realmente la Seguridad Social? La Seguridad Social española no es solo una caja de pensiones. Es el sistema que canaliza las principales prestaciones sociales del Estado, desde jubilaciones hasta bajas médicas, nacimiento de hijos, discapacidad, rentas mínimas y ayudas complementarias. Todo ello se concentra bajo la partida de transferencias corrientes, que representan más del 95 % del gasto total del sistema.
A través de estas transferencias, la Seguridad Social atiende a millones de ciudadanos con derechos adquiridos o asistenciales. Pero el desequilibrio en el crecimiento de estas ayudas está desfigurando el propósito contributivo del sistema, que fue diseñado para sostenerse principalmente con las aportaciones de trabajadores y empresarios.
El mayor porcentaje del gasto sigue destinado a las pensiones contributivas, que han subido un 5,8 % en los últimos 12 meses de 61.254 a 64.827 millones de euros, representando el 76,8 % del total. Estas pensiones se financian en su mayoría con cotizaciones sociales, especialmente con el esfuerzo de las empresas que pagan el grueso de las cuotas. Pero el resto de las transferencias corrientes, las que no dependen directamente de cotización, crecen por encima de las pensiones contributivas.
Y para tenerlo más que claro, con los datos publicados por el Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones he preparado los siguientes datos:
Así podemos ver que la Incapacidad Temporal, ha crecido más del doble de los que crecen las pensiones contributivas, subiendo un 12,1 % y llegando, en los 5 primeros meses, a 7.162 millones de euros.
El Ingreso Mínimo Vital sube un 12,8 %, llega a 2.511 millones de euros, pero lo que nadie quiere preguntarle al Gobierno es que como es posible que yendo la economía como un cohete y el paro bajando a mínimos oficiales, esta partida crezca a doble dígito y también más que el doble que las pensiones contributivas. Hay cosas incongruentes en este país y esta es una de ellas.
Las Pensiones No Contributivas también suben a doble dígito hasta llegar al 10,2 % y sumar otros 4.378 millones de euros al gasto de la Seguridad Social.
Las Prestaciones por Nacimiento es otra gran incógnita, sin haber subido las prestaciones individuales y teóricamente estando en un invierno demográfico, donde nacen menos niños que mayores mueren, las prestaciones por este concepto crecen un 5,6 % y suma otros 1.865 millones de euros. Y los Otros Gastos Sociales que suben un 2,2 %.
En conjunto, todas estas partidas no contributivas suman 19.631 millones de euros, con un ritmo de crecimiento medio del 9,1 % interanual, muy por encima del 5,8 % que suben las pensiones contributivas.
¿Y los políticos? Bien, gracias. Este desequilibrio no es accidental. Es el resultado directo de decisiones políticas que han convertido la Seguridad Social en un sistema asistencialista y crecientemente dependiente de los inexistentes Presupuestos Generales del Estado.
En lugar de contener el gasto, racionalizar las prestaciones o vincularlas a la evolución real del empleo, los gobiernos han optado por ampliar el número de beneficiarios y aumentar las cuantías, sin garantizar su financiación estable. El resultado es un sistema tensionado donde el componente contributivo cada vez pesa menos en términos relativos, mientras el resto de las prestaciones se multiplican sin techo.
Los partidos políticos, lejos de afrontar esta desviación, la han institucionalizado. Nadie habla del coste del absentismo, del impacto de la IT en las empresas o del aumento estructural del gasto social fuera del circuito contributivo.
¿Cómo hemos llegado a esto?
Por convertir el sistema en la solución a todo problema: pobreza, exclusión, natalidad, desempleo encubierto… La Seguridad Social ha absorbido funciones que deberían estar en otros ministerios, con otras reglas. Por crear derechos que nacen como políticas públicas, pero se pagan desde la caja de la Seguridad Social sin cotización previa ni cálculo actuarial.
Por ocultar el desfase bajo una contabilidad general que, como vimos en un artículo anterior, el sistema presenta superávits contables sólo si se incluyen las transferencias del Estado. En realidad, hay un déficit estructural de más de 12.000 millones de euros, sólo en los cinco primeros meses del año.
El modelo contributivo está siendo erosionado, y si no se toman medidas pronto, el riesgo es de impago, porque si todo se paga igual haya o no cotización, el sistema deja de ser contributivo y pasa a ser únicamente asistencial, pero sin la financiación suficiente.
La evolución de las transferencias corrientes es el termómetro perfecto para medir la salud del sistema y, ahora mismo, la fiebre del enfermo es muy alta.
La Seguridad Social necesita una reforma estructural y los partidos políticos deben dejar de mirar a otro lado y enfrentar la realidad. Porque si el sistema colapsa, lo hará con millones de pensionistas, trabajadores y empresas dentro. Entonces no habrá titular que lo maquille.