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15 de abril de 2024

El ministro de Transportes Óscar Puente el pasado mes de marzo

El ministro de Transportes Óscar Puente el pasado mes de marzoEuropa Press

Gallito baladrón

El ministro Puente ha empleado más de 60.000 euros del dinero de todos los españoles para saber quién le insulta porque para él es importante, como no

Sirvan estas líneas para alabar nuestra tan amada lengua que nos permite disponer de palabras maravillosas como hampón (sinónimo de matón) y como sinónimo de matón aparece hasta «gorila». Y es que nuestra rica lengua española permite la hipérbole y la definición en múltiples perspectivas, sin duda no siempre del agrado de quien las recibe, pero es aquí donde la libertad y la libertad de expresión entran en juego.
El ministro Puente ha empleado más de 60.000 euros del dinero de todos los españoles para saber quién le insulta porque para él es importante, como no… érase un ministro al Twitter pegado, érase un ministro que bloquea a destajo, érase un ministro que amenaza a empresas, érase un ministro tan hampón y bravucón que acabó siendo un matasietes (y no, no es el brillante poema de Quevedo, pero define a Puente).
Muchos pensarán que esto puede ser una broma, pero no. El ministro de Transportes con un buen apellido para la construcción es todo lo contrario, es decir, destrucción. No solo por su censura constante a lo que no le gusta, no solo por su persecución y cacería del que lo define, aunque a él le parezca que todo lo que hace está bien. Aquí entraría la arrogancia y el narcisismo, que no es un insulto, es la definición de aquel que no permite una crítica porque sobreestima sus capacidades y exagera sus logros. Y ese es nuestro ministro, una persona que no permite que se le diga que no hay derecho a seguir llegando tarde a diario en Cercanías por su mala gestión, que bloquear a políticos por disentir no es tender «puentes» o que ser el pitbull (y no el de I know you want me) de Sánchez no le hace ni mejor ni estar por encima de.
El otro día el delegado del Gobierno decía que no se podía emplear la palabra bullying como definición de acoso. Invito a toda la izquierda a que aprenda más idiomas, también el propio, verán cómo nuestra rica lengua o aprender la de Shakespeare les permitirá hacer menos el ridículo, que según la RAE es una bolsa que, pendiente de unos cordones, usaban las señoras para llevar el pañuelo y otras menudencias.
  • Elisa Vigil es portavoz adjunta del Grupo Popular en la Asamblea de Madrid
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