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Reina Letizia

La Reina Letizia, en una imagen de archivoGTRES

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El bar de Lavapiés que cautivó a la Reina Letizia por sus croquetas

La mujer de Felipe VI dejó claro que pocas cosas compiten con unas croquetas bien hechas

Detrás de los trajes impecables, el peinado milimétrico y el protocolo que marca cada aparición oficial, la Reina Letizia guarda un gusto tan sencillo como universal: las croquetas. Sí, las de siempre. Las que chispean en la sartén, se sirven doradas y cremosas, y saben a casa, a infancia o a barra de bar. Porque por muy Reina que sea, Letizia comparte con millones de españoles la debilidad por uno de los bocados más castizos de nuestra cocina.

Y no lo oculta. Lo curioso es que su antojo más popular no tuvo lugar en un salón de Palacio ni en la carta exclusiva de un restaurante con estrella. Fue en pleno Lavapiés, uno de los barrios más vibrantes y auténticos de Madrid, donde, siendo aún Princesa de Asturias, decidió reencontrarse con una antigua compañera del gremio periodístico.

La escena, revelada hace unos años por El Español, ocurrió antes de la proclamación de Felipe VI. La Reina Letizia, entonces ciudadana de perfil institucional pero aún sin corona, se acercó al Restaurante Peyma, en la calle Embajadores, 39, a escasos 15 minutos a pie de la Puerta del Sol. Acompañada por una decena de guardaespaldas —difícil pasar desapercibida—, entró sin ceremonia y pidió como una clienta más. ¿El menú? Sepia a la plancha y croquetas caseras, especialidades del lugar. «Disfrutó del festín», declaró el dueño, sorprendido y encantado.

¿Y qué tiene el Peyma? Justo lo que uno busca en un bar de los de toda la vida. Nada de manteles de lino ni nombres de platos en francés. Su carta es directa y sin florituras: croquetas de lacón (8 €), pimientos del piquillo con anchoa (10 €), albóndigas de ternera (9 €), chuletillas de cordero lechal (17 €), tarta de Santiago (4 €) o lubina a la plancha (11 €). Cocina honesta, sencilla y sabrosa, donde el producto manda y el paladar agradece.

La fachada es discreta, integrada en la rutina del barrio: toldos blancos que anuncian con claridad «cafetería», «terraza», «desayunos». Una carta de presentación que ya anticipa uno de sus fuertes matutinos: los churros crujientes y recién hechos, acompañados de café o zumo natural. Dentro, el ambiente conserva el alma popular. Paredes blancas decoradas con fotografías en blanco y negro —escenas de mercado, oficios, personajes del barrio— que convierten el salón en un pequeño homenaje visual a Madrid. Todo sin alardes, pero con identidad.

En una época en la que cada gesto de una figura pública se mide al milímetro, resulta casi entrañable que la Reina Letizia —cuidadosa con su imagen y rigurosa con su alimentación— se permitiera un paréntesis de pura normalidad, con dos platos tan humildes como irresistibles.

Ración de croquetas de Peyma

Ración de croquetas de Peyma

Diplomacia gastronómica sutil

Aunque comúnmente se asocia a la Reina Letizia con entornos de alta cocina y restaurantes exclusivos, lo cierto es que sus preferencias gastronómicas abarcan una variedad mucho más amplia y diversa. Más allá del protocolo y la etiqueta, la reina ha construido una ruta culinaria personal que combina tradición, sabor internacional y cercanía.

En el restaurante Indian Aroma, especializado en cocina india y ubicado en el Barrio de las Letras, celebró su cumpleaños en un ambiente relajado y exótico, rodeada de sabores intensos y especias orientales. También ha sido vista en El Buda Feliz, uno de los restaurantes chinos más antiguos de Madrid, conocido por su decoración tradicional y su propuesta de cocina cantonesa, lo que demuestra su interés por la gastronomía asiática. Otro ejemplo significativo es La Negra Tomasa, un restaurante de cocina cubana situado en el centro de la capital.

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