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Norman Foster y Elena Ochoa, en una imagen de archivo

Norman Foster y Elena Ochoa, en una imagen de archivoGTRES

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El imperio de Norman Foster al cumplir 90 años: 240 millones y una vida en Madrid junto a Elena Ochoa

El arquitecto representa como pocos el salto de clase a través del talento y la formación

Este 1 de junio, el arquitecto más influyente del mundo —y también el más rico— cumple 90 años. Nacido en 1935 en Manchester, en el seno de una familia obrera, Foster representa como pocos el salto de clase a través del talento y la formación. De joven ayudaba en el Ayuntamiento de su ciudad natal; hoy posee una fortuna estimada en 240 millones de dólares, fruto de más de medio siglo diseñando iconos urbanos en los cinco continentes. Su firma, Foster + Partners, es sinónimo de arquitectura de alta precisión, conectada con la tecnología y pensada para el futuro.

Desde que fundara su estudio en 1967, ha firmado más de 360 proyectos, entre ellos el rascacielos Gherkin de Londres, el aeropuerto de Pekín, el HSBC en Hong Kong o la cúpula del Reichstag en Berlín. También ha dejado una profunda huella en España, país al que considera su segundo hogar. En Madrid está al frente de la rehabilitación del Salón de Reinos, y en Bilbao ha diseñado la ampliación del Museo de Bellas Artes y el metro de la ciudad. Además, su Fundación Norman Foster, con sede también en la capital española, promueve investigación sobre sostenibilidad, urbanismo y tecnología.

¿Una curiosidad? Fue también el diseñador de la Torre Cepsa, conocida popularmente como Torre Foster, una de las imponentes Cuatro Torres que redefinen el skyline madrileño. Con sus 248 metros de altura, es uno de los rascacielos más altos de España y un símbolo del Madrid contemporáneo.

Elena Ochoa: aliada y musa cultural

El giro vital hacia lo hispano llegó para Norman Foster en 1995, cuando se casó con la psicóloga y catedrática Elena Ochoa Foster. Conocida en la España de los años 90 por su papel como divulgadora sexual en Televisión Española, Ochoa abandonó pronto la sobreexposición mediática para adentrarse en un terreno más sofisticado: el mundo del arte y la edición de libros.

Fundó Ivory Press, una editorial y galería especializada en libros de artista, que hoy es una referencia internacional. Gracias a esta evolución, se ha consolidado como una de las figuras más influyentes del coleccionismo español, en un selecto grupo que incluye a nombres como Tita Cervera o Elena Cué.

Instalados entre Londres y Madrid, los Foster han reforzado recientemente su vínculo con España mediante la adquisición de la antigua Galería Marlborough —uno de los templos del arte contemporáneo en la capital—, cerrada tras años de crisis. Desde ese espacio, planean inaugurar un nuevo centro cultural centrado en el arte contemporáneo, la edición y el pensamiento visual. Una nueva etapa que reafirma el compromiso del matrimonio con la cultura española y el mecenazgo internacional.

Norman Foster y Elena Ochoa, en una imagen de archivo

Norman Foster y Elena Ochoa, en uno de sus habituales paseos por MadridGTRES

Pese a su fulgurante carrera profesional, Norman Foster siempre ha mantenido un perfil personal discreto. Tiene seis hijos fruto de dos matrimonios. Con su primera esposa, la arquitecta Wendy Cheesman —cofundadora también de Foster + Partners, fallecida en 1989— tuvo cuatro hijos: dos biológicos y dos adoptados (entre ellos, Ti, artista asentado en Reino Unido; además de Cal, Steve y Jay). Más adelante, con Elena Ochoa, tuvo dos hijos más, Paola y Eduardo.

En la capital británica, el matrimonio reside en un espectacular ático de 600 metros cuadrados, diseñado por el propio Foster, junto al Albert Bridge y con vistas privilegiadas al río Támesis. Desde sus ventanales se divisan algunas de las joyas del skyline londinense que llevan su firma: el Millennium Bridge, la Torre Gherkin o el complejo de 30 St Mary Axe. En Madrid, su presencia es también activa, con una agenda social vinculada al mundo del arte y la diplomacia. Ochoa mantiene una estrecha relación con figuras como Lourdes Fernández, directora de ARCO, o Claudia Stilianopoulos, artista e hija de Pitita Ridruejo, pareja del príncipe Ernesto de Hannover.

Lejos de dar signos de retiro, el arquitecto británico continúa pilotando aviones —una pasión de juventud que jamás abandonó— y ha desarrollado una refinada afición por los automóviles. Su amor por la ingeniería no se limita al diseño de edificios: también se plasma en una colección de coches legendaria, presentada en la exposición «Motion. Autos, Art, Architecture» en el Museo Guggenheim de Bilbao. No es una simple muestra de poder adquisitivo, sino una auténtica curaduría de diseño industrial. Entre los modelos exhibidos figuraban un Bentley R-Type Continental de 1953, un raro Tatra checo, el visionario Dymaxion de tres ruedas y el exclusivo Bugatti Type 57SC Atlantic de 1936.

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