Esther Piqueras, en el programa de Sonsoles Ónega
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La madre de Carme Chacón recuerda cómo vivió su enfermedad: «Me dijeron que no le pusiera ni nombre»
Esther Piqueras visitó Y ahora Sonsoles ocho años después de la muerte de la política
La política Carme Chacón falleció el 9 de abril de 2017 con tan solo 47 años por una cardiopatía congénita que sufría desde su nacimiento conocida como el síndrome del corazón invertido, una condición que marcó su vida y la de los que la conocían.
«Tengo una cardiopatía congénita y eso me hace pensar que todos los días son un regalo. Tengo 35 pulsaciones por minuto, el corazón al revés, un bloqueo auricular y ventricular completo. Desde muy niña me advirtieron que debería llevar un marcapasos y una vida muy tranquila», explicó en una entrevista concedida hace ahora diez años.
Desde entonces, son muchos los que han querido recordar la vida de la política, entre ellas su madre, que acudía emocionada al plató de Y ahora Sonsoles en el octavo aniversario de su fallecimiento. «Ella era conocedora de siempre de su problema y lo hablábamos con toda la naturalidad del mundo», expresó.
«Yo tenía 18 años cuando me quedé embarazada. Fue tremendo cuando me dijeron que apenas tenía latido. Los médicos estaban convencidos de que no duraría muchos días, pero a pesar de las limitaciones de su corazón, llevó una vida normal. De hecho, me dijeron que no le pusiera ni nombre. Yo lloraba muchísimo», continuó.
«Nace con vida pero con muy pocas pulsaciones. (....) Nos dijeron que podía morir como quien apaga un interruptor. No sabían lo que tenía ni lo que le pasaba hasta los cuatro años que nos dijeron que tenía una cardiopatía compleja», explicó. «A los 15 años se desmayó en la pista de baloncesto y ahí le descubrieron otra patología más»: transposición de los grandes vasos (TGV), un defecto congénito del corazón en el que los principales vasos sanguíneos que entran y salen del órgano presentan una disposición anormal.
«Siempre hemos vivido con miedo, pero ella nos lo quitaba porque vivía todo con mucha pasión. Era juerguista, le gustaba la marcha, bailar, muy normal de su época", recordó su madre emocionada. «Cuando menos lo esperábamos, murió. Estaba en un momento feliz y tranquilo. No estaba en primera línea de la política. Ese día de la muerte, volvió de Miami, porque daba clases en la universidad. Con este tipo de cardiopatía los viajes no son buenos. Llegó bien, hablamos con ella. Ese día jugaba el Barça. Ella era una culé empedernida. La llamaron unos amigos para cenar y ella dijo que estaba cansada, que al día siguiente podían quedar para comer. Esa mañana no llegó».
Su fallecimiento dejó huérfano al único hijo que tuvo con Miguel Barroso. «Fue una madraza. No sé cómo preparó a su hijo, supongo que con charlas entre los dos. Yo tampoco sabía mucho. Una vez muerta Carme, hablé con el niño y me dijo que ya sabía que su mamá estaba muy enferma, porque ella se lo había dicho. El niño me consolaba a mí, me decía 'no llores'». Siete años después, tuvo que enfrentarse también a la muerte de su padre por un infarto, por lo que ahora el niño vive junto a la hermana pequeña de la política y sus primos.