Fachada del Palacio de las Comunicaciones en Madrid
Hace 100 años en El Debate
15 de febrero de 1922: inaugurada la nueva central de telégrafos en Madrid
En la primera década del siglo XX el Cuerpo de Telégrafos estaba constituido por unos tres mil profesionales que tenían a su cargo la explotación de la red telegráfica del Estado. Desde entonces venía haciéndose necesario la creación de una Escuela Superior para formar al personal que quisiera ingresar en Telégrafos al mismo tiempo que realizaba los estudios superiores.
La creación de aquella Escuela fue impulsada por la tragedia que supuso el hundimiento del Titanic y la falta de reglamentación sobre los operadores de radio que debían ir abordo. Tras el suceso, en el Congreso Internacional de Londres de 1912, se impuso a los países firmantes la creación de una Escuela Oficial para regular la formación en la manipulación del sistema de telecomunicaciones.
De esta forma nacía la Escuela General de Telegrafía en España en 1913. El primer director de la Escuela fue Juan Gualberto López Cruz, nombrado por el Ministerio de la Gobernación. En la primera promoción pertenecieron 16 ingenieros que entre otros proyectos redactaron el Plan Nacional de Telefonía de 1917 de Francos Rodríguez y realizaron el traslado técnico desde la sede de la Central de Telégrafos cerca de la Puerta del Sol, al Palacio de Comunicaciones en el año 1922.
Este traslado es el que El Debate del 15 de febrero de 1922 hacía referencia en una de sus páginas:
«La nueva Central ocupa en la planta principal el ala que da al paseo del Prado y calle de Montalbán, teniendo la sala de aparatos la forma de una U», informaba el periódico. En esta sala se habían instalado los aparatos 50 Hughes, 18 Baudot cuáduplex y ocho dúplex y 30 Morse.
El telégrafo Hughes se trataba de un telégrafo de impresión con un teclado parecido al de un piano. Cada tecla pulsada enviaba una señal y equivalía a una letra en la impresora situada en el lugar de recepción del mensaje. Por su parte, el Baudot utilizaba un sistema de impresor en cinta, con caracteres alfabéticos y basado en el sincronismo entre emisor y receptor. Mientras que el Morse emplea señales eléctricas para la transmisión de mensajes de texto codificados, mediante líneas alámbricas o comunicaciones de radio.
El periódico también informaba de que para evitar la interrupción en el servicio y evitar las alteraciones de suministro de electricidad, la nueva central contaba con «dos motores de explosión y ocho baterías de acumuladores» para producir la energía necesaria para que en caso de haber una fuga, no den energía «solo a los aparatos y líneas, sino a todo el edificio».