06 de octubre de 2022

Carlos Seco Serrano, académico de la Real Academia de la Historia

Carlos Seco Serrano, académico de la Real Academia de la HistoriaEFE

El profesor Seco Serrano y sus premoniciones sobre la Ley de Memoria Histórica

Su conocimiento de nuestra historia, unido a su larga experiencia en el mundo de la universidad, le hacían mirar con desconfianza a la segura revisión que sobre la Guerra Civil Española se iba a producir

La verdad es que nunca fui un admirador del profesor Seco Serrano en su faceta de ciudadano comprometido con la monarquía ni como analista político en los tiempos que escribía para La Vanguardia, ABC o El País. Sus artículos, siendo hijos del tiempo en que fueron escritos, muestran las filias y fobias del profesor Seco Serrano y, vistos con el paso del tiempo, se puede apreciar lo equivocado que estaba don Carlos en mucho de sus juicios de valor y opiniones.
Muy distinta es mi valoración como historiador del profesor Seco, que fue, sin lugar a dudas, uno de los mejores de su generación. Su conocimiento de la historia de España y de todo lo relativo a nuestro pasado era más que notable. En su artículo (El País, 29 de agosto de 1985) atisba los peligros que en el campo de la manipulación histórica nos iba a deparar el futuro.
Don Carlos era un monárquico convencido, admirador sin complejos del Rey Juan Carlos I, y hombre de derechas a pesar de haber sido fusilado su padre por los nacionales en Melilla al negarse a sumarse al alzamiento militar.
Escribía el profesor Seco Serrano en relación a la revisión de nuestra historia que se iba a producir al año siguiente de publicar el artículo antes citado con motivo de los 50 años de comienzo de la Guerra Civil: «... un piadoso olvido del atroz pasado no puede consistir, de nuevo en un olvido parcial (...) mientras se impone silencio, ahora definitivo, en nombre de la paz, a los que nunca pudieron exponerla suyas dentro de nuestras fronteras. Ello sería lo mismo que negar tajantemente el verdadero espíritu de reconciliación; sustituir la justicia por el perdón desde la magnanimidad de los únicos, al parecer exentos de culpa: los de la victoria, los que siempre aparecieron en posesión de la verdad y de la razón».
El profesor Seco, como vemos, no era partidario de hacer borrón y cuenta nueva, actitud comprensible a pesar de que durante el franquismo cimentó su ejemplar carrera como historiador; fue catedrático de Historia General de España y de Historia Contemporánea de España en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Barcelona entre 1957 y 1975 para luego ganar la cátedra Historia Contemporánea de España en la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad Complutense de Madrid en 1975, que detentó hasta 1989.
Su conocimiento de nuestra historia, unido a su larga experiencia en el mundo de la universidad y de los historiadores profesionales, le hacían mirar con desconfianza a la segura revisión que sobre la Guerra Civil Española se iba a producir con motivo del cincuentenario de su comienzo. Don Carlos advertía de los errores que se podían cometer con motivo de la efeméride y alertaba sobre ellos. Escribía: «El reajuste histórico es necesario, pero siempre que se rehúya partir de una tesis previa: o de una antítesis, que para el caso es lo mismo. Actualmente existe en España una joven escuela de historiadores, bien pertrechados técnicamente y metodológicamente –nacidos durante los años de la guerra o en fechas posteriores a ella– están, sobre todo, situados en un plano generacional que les distancia objetivamente de los hechos. La preferencia apasionada de los jóvenes historiadores por la etapa histórica más próxima (tan próxima que para muchos de nosotros no puede considerarse propiamente histórica) me da, sin embargo, mala espina: lejos de aportar una garantía de objetividad, tal vocación parece estimulada por su actual vinculación política; con un agravante; la distancia, que ellos quizás no perciben, entre el talante que hoy caracteriza a sus partidos, y el que les restó razones hace 50 años».
El profesor Seco, dotado de una importante finura intelectual, ya vislumbraba en el horizonte los dislates contra la Historia de España que iban a ser, y que ya son, la Ley de Memoria Histórica y, más aún, la de Memoria Democrática. Hoy día esos jóvenes historiadores a los que alude Seco Serrano ya son en su mayoría veteranos por encima de los 60 años y que, en lugar, gracias a la cordura que en teoría da la edad, de buscar la verdad histórica y pedir templanza, alientan a sus correligionarios y alumnos a promulgar y apoyar las citadas leyes.
Hace casi cincuenta años el profesor Seco comentaba horrorizado tras pasar unos días en la universidad de verano Menéndez Pelayo: «(...) me quedé asombrado al escuchar de labios de uno de estos historiadores jóvenes, la tesis –aplomada y cargada de razón– de que la supuesta violencia crispada de la primavera trágica es poco menos pura invención de la historiografía franquista; que en todo caso, la tensión de aquellos días fue más bien obra teórica de campaña de prensa bien orquestada, pero sin apoyo de la realidad. La realidad era, por lo visto, una paz idílica, hasta el punto de que estadísticamente (¡siempre la estadística como suprema razón objetiva!) puede comprobarse el aumento de las reservas de hoteleras para el disfrute de unas vacaciones que, por lo visto, se presumían plácidas, en el verano de 1936».
Desde que El País publicó este artículo hemos ido para atrás como los cangrejos en la comprensión y normalización histórica de nuestros ya no tan inmediato pasado. El profesor Seco Serrano no acertó en muchas de sus valoraciones del tiempo que le tocó vivir pero, en materia de su campo profesional, la historia, era un genio, con capacidad, desgraciadamente, para ver el futuro.
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