Viejo puente de Londres, c.1650
Prostitutas, marginados y bulldogs: un paseo por los bajos fondos del Londres del siglo XII
Hace no tanto, Southwark fue escenario de historias verdaderamente terroríficas, donde el crimen, la violencia sexual y la ausencia de ley campaban a sus anchas
Pasear por la orilla sur del Támesis, en Londres, es un auténtico placer para los sentidos. Deambular por las callejuelas empedradas de Southwark, descubrir añejos pubs, tomarse un café en el Nero frente a la réplica del galeón del corsario Sir Francis Drake, visitar el Globe, el teatro de William Shakespeare, museos de vanguardia como el Tate Modern, o disfrutar de un risotto con productos de proximidad en Borough Market son solo algunos de los muchísimos atractivos que ofrece esta vibrante y animada zona de la capital británica. Sin embargo, esto no siempre fue así: hace no tanto, Southwark fue escenario de historias verdaderamente terroríficas, donde el crimen, la violencia sexual y la ausencia de ley campaban a sus anchas.
Grabado del Globe Theatre (derecha) y Bear Garden, Southwark, Londres, Inglaterra, 1597
Los límites de la ciudad de Londres, hasta prácticamente el siglo XIX, diferían bastante de los actuales. Al sur, lo que hoy es el extenso barrio de Southwark, plenamente integrado en el centro, era otro municipio diferente. Una parte estaba bajo el control de la City, pero casi todo caía en lo que se conocía como el Liberty of the Clink, una suerte de señorío, propiedad del Obispado de Winchester, donde las leyes (y la protección) de la urbe no estaban en vigor. Se trataba, en origen, de unos terrenos cedidos en 1104 por Enrique I (hijo de Guillermo el Conquistador) a la abadía benedictina de Bermondsey. Pero en 1149 los monjes vendieron el terreno a Enrique de Blois, obispo de Winchester, hermano menor del Rey Esteban, que quería un palacio en Londres para sus labores (no estrictamente clericales) en la capital.
Comenzaron a proliferar los teatros clandestinos, los locales donde se llevaban a cabo actividades de dudosa legalidad
Estas labores incluían, por ejemplo, la de Tesorero Real. Pero, de la misma manera, también estaban contempladas otra serie de actividades o negocios de carácter ilícito: al encontrarse fuera de la jurisdicción de la urbe, algunos elementos de ocio marginal eran bienvenidos bajo el amparo del prelado. Comenzaron a proliferar los teatros clandestinos, los locales donde se llevaban a cabo actividades de dudosa legalidad y los sangrientos espectáculos de hostigamiento de toros y osos con perros (para los cuales fue creada la raza bulldog). Pero, por encima de todo, el señorío de Clink se convirtió en un área de trata y explotación sexual, después de que, en 1161, Enrique de Blois obtuviese licencia del soberano para instalar burdeles en sus terrenos. Las prostitutas que trabajaban para el señorío del obispo pasaron a conocerse como Winchester Geese, las «gansas de Winchester», y recibir un «picotazo de Winchester» pasó a ser sinónimo de contraer una enfermedad venérea.
Enrique de Blois
Las terribles condiciones en las que vivían los habitantes del señorío de Winchester se veían intensificadas, además, por la existencia de la temible prisión de Clink, todavía visitable hoy en forma de museo. Allí padecieron terribles vejaciones centenares de reclusos, desde su establecimiento en el siglo XII hasta su clausura en 1780. La gran mayoría de los presos eran aquellos que no pagaban las rentas del Liberty al obispo, aunque, con el tiempo, muchos de los que aquí vivían (y morían) eran de lo más variopinto, incluso varios sacerdotes católicos acusados de herejía después de la ruptura con Roma.
Un cementerio para los marginados
¿Y qué pasaba con todas estas personas? ¿Con las prostitutas, los niños no deseados, los contrabandistas, los presos? Pues que, al morir, se les negaba ser enterrados en terreno consagrado. Como en el Liberty –por las circunstancias que hemos explicado; es decir, el establecimiento de este estatus «alegal»– había (y hubo, durante siglos) una proporción mucho más alta que en otros lugares de este tipo de personas, marginados, podríamos decir, hubo que designar un área especial para el enterramiento de sus restos. Así fue como surgió lo que hoy en día se conoce como el Cementerio de Cross Bones.
Ya en el siglo XVI (que es donde podemos fechar la mención más antigua) se conocía esta área como una donde, desde hacía siglos, se enterraba a «mujeres solteras» de «vida pecaminosa» para las que estaba vedada la santa sepultura. En los siglos siguientes se sigue mencionando como un área conocida por ser el recurso funerario de aquellos privados de acceso a los sacramentos. Incluso en el siglo XVII los cronistas insisten en que, si este terreno hubiese sido alguna vez consagrado, quedaría registro de dicha consagración por parte del obispo de Winchester, que es el primer propietario reconocido del terreno y aquél que comenzó en primer lugar estos enterramientos.
Se decidió clausurar el cementerio, no por cuestiones morales o humanitarias sino por una cuestión de salubridad pública
A finales del siglo XVIII, con el declive del Liberty y cuando la ciudad de Londres ya había crecido lo bastante como para que el East End hubiese superado, de largo, a Southwark como zona de vida disoluta, Cross Bones comenzó a ser empleado para enterrar a personas de la calle, sin recursos, en tumbas anónimas.
A mediados del siglo XIX, el Liberty fue abolido e integrado en la ciudad. Se decidió clausurar el cementerio, no por cuestiones morales o humanitarias sino por una cuestión de salubridad pública: al parecer, el terreno había sido sobreexplotado, horadado una y otra vez. Salían huesos por doquier cada vez que se quería hacer un nuevo hoyo para enterrar a un nuevo difunto. Estaba completamente sobrecargado y saturado de muertos que no habían sido considerados meritorios de camposanto. Se consideró, en términos muy decimonónicos, «indecente». Finalmente, se vendió como un solar para la construcción de edificios, aunque algunas protestas tildaron el proyecto de profanación y fue abandonado.
Placa en la entrada del Cementerio Cross Bones
En los años 90 del siglo XX, el Servicio de Arqueología del Museo de Londres condujo la excavación del lugar. Se encontraron más de 15.000 individuos. La mayor parte eran mujeres treintañeras, y más de un tercio eran bebés de entre veintidós semanas de gestación y siete días de vida. Los estudios paleopatológicos demostraron que gran parte de los individuos enterrados habían sufrido enfermedades terribles, propias de las vidas marginales que llevaron: peste, tuberculosis, sífilis y grandes carencias y deficiencias nutricionales.
Hoy en día, en lo que supone un envidiable ejemplo de arqueología pública, se ha construido un parque sobre Cross Bones, se han llevado a cabo funerales oficiales, y los visitantes que conocen la historia tienen por costumbre dejar lazos, flores y regalos a los muertos que aquí descansan. Como dijo George Elliot (pseudónimo de Mary Ann Evans), «el bien que crece en el mundo depende, en parte, de actos no históricos; y que las cosas no nos vayan tan mal a ti y a mí como podrían, se debe en gran medida a tantos que vivieron fielmente una vida oculta, y descansan en tumbas que nadie visita».