Fundado en 1910
Institución Kahlin Compound en Darwin para "mestizos"

Institución Kahlin Compound en Darwin para «mestizos»

Picotazos de historia

Las 'generaciones robadas': cómo Australia separó por la fuerza a miles de niños aborígenes de sus padres

En el siglo XIX estuvieron en boga las teorías eugenésicas y el darwinismo social, que afirmaban que el contacto de una raza superior y una inferior daba lugar a la desaparición de los últimos como respuesta a un proceso de selección natural

Lo que voy a contarles a continuación es difícil de creer dentro de nuestra mentalidad, pero está plenamente documentado y el Gobierno australiano ha reconocido oficialmente lo sucedido.

Tras el establecimiento de la nueva colonia penal de Nueva Gales del Sur, en la cala de Sídney, dentro de la bahía del mismo nombre, el 26 de enero de 1788, se inicia la andadura de lo que hoy es la nación australiana.

Los aussies (la más común de las maneras como se les conoce) dividen Australia en tres grupos:

a) La ciudad y el entorno urbano, es decir, los grandes centros urbanos que se extienden horizontalmente, por lo que el uso del coche es necesario;

b) El bush, término que hace referencia a las zonas rurales cuya orografía es más semejante a la sabana africana y donde se encuentra abundante flora y fauna autóctona; y por último,

c) El outback. Este último representa algo más del 80 % del territorio australiano. Es la zona árida, desértica y rica en minerales, moscas y todo tipo de bichos e insectos mortales.

Pues bien, desde el inicio, la población occidental que se estableció en el subcontinente buscó las mejores tierras para asentarse. Las escasas tierras ricas y con buen clima, junto a las costas o los ríos, fueron rápidamente ocupadas por los granjeros. Los territorios del bush fueron codiciados por los ganaderos, que adquirieron grandes extensiones donde criar su ganado.

Progresiva eliminación del 'color' en la población aborigen, demostrada en un libro de A.O. Neville

Progresiva eliminación del 'color' en la población aborigen, demostrada en un libro de A.O. Neville

Pero ¿y sus primeros habitantes? ¿Qué pasó con los aborígenes?

Desde un principio, los británicos vieron que los habitantes de la tierra no estaban nada inclinados a ser civilizados ni a trabajar la tierra para los señoritos, así que se les declaró «malos para la agricultura» y se promovió su eliminación. De esta manera ocurrió en la isla de Tasmania, donde se les cazó y acorraló como si de una cacería del zorro se tratara. Los últimos fueron protegidos por un buen cristiano que consiguió que los enviaran a la isla Flinders, donde murieron casi todos, solos y alcoholizados. Este individuo fue enterrado en la catedral de Bath, en el Reino Unido, y sobre su tumba pone: «Protector del pueblo tasmano». Pero volvamos al tema.

Cuando el aborigen no cuenta, no tiene derechos ni legislación que lo proteja —al contrario—, entonces puedes pegarle un tiro simplemente por diversión, y cualquiera tiene la opción de quedarse con sus tierras por la sencilla razón de que no se les reconoce derecho alguno sobre ellas. En estas condiciones, no tiene nada de raro que su número decrezca.

Pues bien, en el siglo XIX estuvieron en boga las teorías eugenésicas y el darwinismo social, que afirmaban que el contacto de una raza superior (blancos británicos) y una inferior (aborígenes y, básicamente, cualquier no británico) daba lugar a la desaparición de los últimos como respuesta a un proceso de selección natural. Los mestizos eran contemplados como una amenaza a la pureza y uniformidad racial, y empezaría a legislarse —curiosamente después de ser sofocado el famoso Motín de los Cipayos en la India, en 1857— para asegurarse de que estos niños acabaran siendo integrados y su cultura disuelta, para poder ser occidentalizados completamente.

Las primeras leyes en tal sentido se promulgaron en la colonia de Victoria por medio del Acta de Protección del Aborigen, en 1869, y ya permitían «la confiscación de los hijos mestizos con el fin de asegurar su educación y bienestar, así como la integración en la sociedad civilizada».

Desde las primeras cuatro décadas del siglo XX se establecieron leyes, en los diferentes territorios australianos, con el objetivo explícito de acelerar la extinción de los aborígenes australianos. Eliminando y desarraigando a los grupos de mestizos —incluyendo los cuarterones y ochavados, que tenían una cuarta u octava parte de sangre autóctona—, se privaba a la población aborigen de un porcentaje importante de sus descendientes, limitando cada vez más al grupo étnico.

Con esta legislación, los gobiernos de los diferentes territorios de Australia se constituyeron en tutores de todos los niños aborígenes y mestizos, pudiendo arrebatárselos a sus padres —de manera forzosa y brutal— desde el mismo momento en que eran identificados.

La Ley de Aborígenes de 1905 eliminó la tutela legal de los padres aborígenes, otorgando a las autoridades locales la facultad legal para poder retirar a los niños de sus padres «...sin necesidad de demostrar ante el tribunal que hayan sufrido descuido alguno».

Los niños así retirados eran enviados, en especial las niñas, a centros de aculturación donde se les prohibía hablar su lengua o mencionar nada relacionado con la cultura de sus padres, con el objeto de prepararles para adaptarse a la vida del hombre blanco: ellos como trabajadores agrícolas y ellas como empleadas domésticas, siempre con un salario inferior al que cobraría alguien de origen europeo y, la mayoría de las veces, únicamente por comida y ropa.

A partir de la década de los ochenta del siglo pasado se generó un movimiento revisionista de los sucesos aquí narrados. Los informes que empezaron a publicarse desde entonces, apoyados por documentación incontestable, demostraron que estos centros no eran otra cosa que casas de los horrores, donde los abusos de tipo sexual y de todo género estaban generalizados y normalizados. A esto había que sumar el trabajo excesivo que se les exigía, las condiciones precarias, la mala nutrición, etc. No es de extrañar que, hasta el final de la década de los cuarenta, la tasa de mortandad en estos centros rondara el 20 %.

Se calcula que más de cien mil niños fueron secuestrados, lo que supone un tercio de la población aborigen calculada en el año 1904. Cuando los niños cumplían los dieciocho años de edad, literalmente los dejaban en la calle. Muchos ni siquiera sabían leer ni escribir, pues no habían recibido educación alguna. El Estado consideraba que ya había cumplido con su labor civilizadora y, al no recibir fondos para su manutención, los centros se deshacían de ellos.

Estas pobres víctimas —desarraigadas, maltratadas, abusadas, preparadas solo para servir sin replicar— debían buscarse la vida en una sociedad que no las aceptaba y para la que no tenían ninguna preparación. El informe al respecto, publicado por el Instituto Australiano de Salud con fecha de 2019, declara que «estos niños, ya adultos, eran víctimas de resultados adversos e inadaptación» y que, entre ellos, el porcentaje de «ansiedad mental, depresión, alcoholismo y suicidio» era elevadísimo.

Tras la publicación de los primeros y demoledores informes (1990-1996), se declaró oficialmente el día 26 de mayo de cada año, a partir de 1996, como el «Día del Perdón». El 13 de febrero de 2008, el primer ministro australiano presentó una disculpa oficial al pueblo aborigen de Australia.

Hoy, a todos esos niños arrebatados a sus padres se les conoce como «la generación robada».

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas