El ministro de Marina, Giral, preside un acto durante la Guerra Civil.
De la Segunda República al franquismo y la actualidad: la historia de la masonería en España
Se dice que Manuel Azaña era masón, por su inclusión en las listas negras que realizó el régimen de Franco, pero en realidad es algo que no se ha podido probar con certeza
Escondidos en las sombras, ocupando puestos de poder y con un plan de dominación mundial orquestado desde hace siglos por sus élites. Esa es la imagen que se ha popularizado en la sociedad sobre la masonería, una organización «gremial fraternal y creyente (teista o deista) de origen medieval y refundada en Londres en 1717-1723 cuyo método de enseñanza se basa en la práctica de ritos y en la reflexión sobre símbolos», según la define el jurista Javier Alvarado Planas en su libro Apercepciones sobre la iniciación masónica. Con una historia ligada al misterio, el ocultismo y la leyenda, ¿los masones en España son un mito o una realidad?
La historiografía contemporánea puede dar algunas pistas y matizaciones sobre el papel de los masones en nuestro país. Uno de los autores principales es el jesuita, Antonio Ferrer Benimeli, que en su libro La masonería en la España del siglo XX, dejó claro que nunca fue una organización hegemónica.
El momento de esplendor fue durante la Segunda República, y los masones apenas superaban los 6.000 miembros entre las diferentes logias. Esto no quita que no tuvieran más o menos poder, e incluso que líderes republicanos como Diego Martínez Barrio o José Giral mantuvieran vínculos con el pensamiento masónico.
En las Cortes republicanas el 38 % de los parlamentarios esta afiliado a alguna logia masónica, al igual que «varios presidentes del Consejo de Ministros Manuel Azaña, Alejandro Lerroux, Diego Martínez Barrio, Ricardo Samper Ibáñez, Manuel Portela Valladares, Santiago Casares Quiroga, Augusto Barcía Trelles y José Giralt Pereira», como detalla Cayetano Núñez Rivero, doctor en Derecho y Ciencias Políticas en su artículo La masonería y la Segunda República española (1931-1939), publicado en la Revista de Estudios Políticos de Deusto.
Por su parte, mucho antes de que terminase la guerra civil española, Franco ya creía que la masonería estaba detrás de «todos los males que España había sufrido desde el siglo XIX», como recoge Luis Suárez Fernández en Cartas al Generalísimo. Esta idea venía de mucho antes. En la encíclica Humanum Genus del Papa León XIII de abril de 1884, la Iglesia condenaba la masonería como una enemiga espiritual del cristianismo.
Esta visión es la que perduró en el imaginario colectivo y se asoció a movimientos políticos al considerarlo también una «inteligencia directriz de todas las revoluciones liberales [españolas]», como afirma Alberto Bárcena en su obra Iglesia y masonería, las dos ciudades. Por eso, el franquismo inició una persecución política contra los masones a través de la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo, provocando también el exilio de muchos de ellos.
Según el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo, creado en 1940, se investigó a unas 70.000 entre 1940 y 1963, y al final unas 5.000 fueron procesadas. Más allá de las valoraciones políticas que pueda hacer uno u otro, esto fue una realidad que forma parte de la historia mucho más extensa de la masonería en España, que es casi imposible resumir en un artículo periodístico.
Ni secta, ni un partido político
Lo que define por encima de todo la masonería es el hermanamiento, el simbolismo y la ritualidad de sus ceremonias. Más allá de ser una especie de club social privado, algunos autores como el historiador y exmasón, Javier Otaola han defendido que el carácter anticlerical de la masonería es un mito y que su esencia real es la de un espacio de pensamiento liberal.
En su ensayo Masonería, religión y política, Otaola insiste en que la masonería «no es una iglesia alternativa ni un poder oculto; es una tradición iniciática y filosófica que busca mejorar al individuo para que contribuya a mejorar la sociedad». Se entienda la masonería como una cosa o la otra, hoy la Gran Logia de España apenas cuenta con unos 3.000 miembros y su poder ha sido siempre un tema de discusión entre unos y otros.
Está claro que la masonería tuvo su importancia política y social en ciertos ambientes a lo largo de la historia de España, pero el grado de influencia es algo que todavía historiadores y pensadores discuten, mientras la masonería sigue siendo para la mayoría esa sociedad secreta, ocultista y con una gran influencia política y social. Por mi parte solo existe una mera curiosidad histórica, que se aleja de cualquier posicionamiento ideológico al respecto.