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La batalla de Tours (o de Poitiers) (1837) de Charles de Steuben

La batalla de Tours (o de Poitiers) (1837) de Charles de Steuben

Picotazos de historia

El grupo de andaluces que controló el paso de Francia a Italia durante doscientos años

Sobre una antigua fortaleza romana una veintena de marineros musulmanes levantó un nuevo fuerte, en la cima de un monte que hoy se conoce como Mont des Maures (el Monte los Moros)

La batalla de Tours (732) está considerada como el punto de inflexión de la expansión musulmana en occidente. Carlos Martel, padre de Pipino el Breve y abuelo de Carlomagno, frenó el avance musulmán, sin embargo los musulmanes controlaban parte de la Galia. En concreto el territorio denominado la Septimania. El sureste de la Galia que contaba con importantes centros como Arlés, Montpellier, Aviñón, Marsella, etc.

En el año 737 Carlos Martel destruyó una flota Omeya, arrasó Aviñón y tomó Nimes y Montpellier. Será con la toma de Narbona, en el año 759, por parte de Pipino el Breve que se considerará libre de musulmanes el Rosellón. Carlomagno empujó a los invasores del Al Andalus hacía el sur, creando una zona de frontera defensiva más allá de los Pirineos que llamaría la Marca Hispánica.

Pipino el Breve

Pipino el Breve, padre de Carlomagno

Que se frenara el avance musulmán y se les expulsara del sur de Francia más allá del los Pirineos, no significa que esa zona quedara protegida contra sus incursiones y algaradas. Al contrario.

La Vita sancti Bobonis o los Annales Bertiani continuamente nos dan información de ataques por parte de musulmanes provenientes del califato de Córdoba pero será en el año 887 cuando se instalaran en un pequeño emplazamiento, lo que es el motivo del presente artículo.

Ese año un pequeño barco desembarcó a una veintena de marineros cerca de Saint Tropez. Sobre una antigua fortaleza romana levantaron un nuevo fuerte, en la cima de un monte que hoy se conoce como Mont des Maures ( el monte de los moros). A los pies del monte está la pequeña población de La Garde – Freinet, nombre que deriva del que tuvo el enclave hispano musulmán. Y es que al lugar lo llamaron Fraxinet, posiblemente debido a los bosques de fresno de la zona.

Los moros de Fraxinet

El historiador y obispo Liutprando de Cremona (922-972 d.C.) nos habla de este asentamiento en sus Antapódosis y en Historia Ottonis. Según el, cuando los marineros construyeron el fuerte mandaron aviso a los emires de Baleares y Zaragoza. Pues se dieron cuenta que sería una base excelente para hacer incursiones en el sur de Francia y se podría llegar a controlar el paso a la península italiana.

Respondieron los emires y enviaron unos pocos cientos de guerreros. Estos fueron suficientes para que en poco tiempo tuvieran la Provenza bajo su control junto con el estratégico paso de Mont Cenis. La zona fue saqueada por continuas incursiones desde Fraxinet y desde este enclave se enviaban a los mercados hispanos los cautivos, para ser vendidos como esclavos. Y es que el imperio carolingio estaba en descomposición, fragmentándose en, cada vez, territorios más pequeños bajo el mando de uno de los muchos descendientes del gran Carlos. Los nobles locales aprovechaban esta situación para adquirir un mayor grado de autonomía, cuando no de independencia.

Hugo de Arles

En la década de 920 los moros de Fraxinet, como ya se les conocía, imponían un peaje a los comerciantes y peregrinos que atravesaban los Alpes. Y es que controlaban los pasos hasta el cantón suizo de Valais. En el año 940 hicieron una incursión que destruyó el puerto provenzal de Frenjul.

Esta última acción colmó la paciencia de uno de los muchos aspirantes a la corona imperial. Se trataba de Hugo de Arles o de Provenza, y ya había sido coronado, con la corona de hierro de los reyes lombardos, como rey de Italia.

Hugo consideró que ya era tiempo de librarse de esa espina que era Fraxinet y a punto estuvo de conseguirlo. Se alió con el imperio bizantino y gracias a la flota de estos destruyó todas las naves musulmanas, arrinconando a los musulmanes en la fortaleza de Fraxinet. Pero Hugo no pudo darles el golpe de gracia. Tuvo que levantar el sitio y abandonar la campaña ya que su enemigo y rival, Berengario de Ivrea, estaba invadiendo y reclamando la corona de Italia.

Curiosamente el fin de Fraxinet vino por la diplomacia, no por la guerra. Aunque esta última asestaría el golpe final.

Estatua del Abad Mayol de Cluny

Estatua del Abad Mayol de Cluny

Los musulmanes de Fraxinet continuaron expandiendo su control y, por el este, contactaron con los húngaros. Las fuerzas musulmanas y húngaras estaban intentando controlar la parte sur del reino de Conrado I de Borgoña. Este jugó con gran habilidad enfrentando a unos contra otros hasta que acabaron agotados tras la batalla de Fraxinet del 20 de mayo de 942. Terminada la batalla Conrado solo tuvo que barrer los restos.

En el 955 el emperador Otón I elimina el peligro húngaro al derrotarlos de manera decisiva en la batalla de los campos de Lech. Sin problemas por el este se centro en el incordio del suroeste. Otón decidió que Fraxinet no merecía una campaña militar, lo que hizo fue enviar embajadas a Córdoba. Amplió los contactos comerciales con el califato y mejoró las relaciones entre las dos más importantes fuerzas políticas y territoriales de Europa. Con tan buenas relaciones Fraxinet se encontró que cada vez recibía menos apoyo económico y militar del califato. Lo que era vital.

La puntilla se la dieron ellos mismos. Ocurrió que en el año 972 el abad Mayol de Cluny, futuro santo, volvía Francia atravesando el paso de san Bernardo cuando fue capturado por los musulmanes de Fraxinet. No tuvo más remedio que pagar rescate.

La batalla de Tourlour

Una vez libre, el buen abad no mostró mucho perdón cristiano pero si una gran habilidad diplomática para organizar una alianza contra ese nido de saqueadores no cristianos. Aportando respaldo económico consiguió movilizar a las tropas de Guillermo I de Provenza y de Arluin el Calvo, señor de la Marca de Turín. Ambos nobles estaban deseando acabar con los molestos vecinos.

La fuerza combinada, junto con las bendiciones y los dineros del abad, resultaron letales contra el enclave andaluzí. Cinco combates perdieron los musulmanes pero la batalla decisiva fue la de Tourlour, librada en el año 973. Tras ser derrotados los supervivientes se hicieron fuerte en la fortaleza de la cima del Mont des Maures. Los que no fueron asesinados acabarían vendidos como esclavos. Se eliminó completamente el enclave. Los pocos supervivientes se mezclaron con la población local, integrándose y desapareciendo.

Así termina la historia del grupo de andaluces que controló los estratégicos pasos de los Alpes Occidentales durante doscientos años.

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