Fundado en 1910
Antonio Pérez Henares
Historias de la historiaAntonio Pérez Henares

Del trigo al arroz, del limón al café: el legado que España llevó a América

El trigo, la cebada, el centeno, la avena, el arroz, la vid, el olivo, la naranja y el limón, la cebolla y el plátano, así como los garbanzos y las lentejas ni se conocían, ni se cultivaban, ni se comían allí

Conquista de México por Hernán Cortés por Juan González

Conquista de México por Hernán Cortés por Juan González

Habitualmente, cuando toca hablar de lo que significó el Descubrimiento de América para el mundo y, en lo concerniente al intercambio que se produjo entre las tierras y las gentes hasta entonces desconectadas, solemos detenernos, por ejemplo en el sector alimentario, en lo que trajimos de allá y lo que ello supuso para Europa en general y para España en particular, como protagonista y puerto de arribada.

No nos podemos imaginar –y menos a la hora de comer– sin tomates, pimientos, aguacates, maíz, cacao (chocolate), calabazas, cacahuetes, anacardos o sin patatas —nuestra tortilla—, cuyo cultivo en algunos países como Irlanda se convirtió en vital. También trajimos las judías (frijoles), que no existían aquí, aunque sí había un plato medieval de donde proviene el nombre de alubia (al-lubiya), que los judíos utilizaban en algunas de sus ceremonias y que se hacía con alguna leguminosa similar. A lo mejor también el nombre de judías viene por ahí. Tantas cosas, todas ellas y más, en efecto muy buenas y que transformaron nuestras vidas y alimentación… y otras no tan buenas, pero muy viciosas, como el tabaco, también.

Pero ni en América ni aquí suele hablarse, al igual que en muchos otros aspectos, de lo que llevamos nosotros allá, aunque fuera mucho más y hasta cosas que un americano dirá que no, que eso siempre estuvo allí. Y no.

La caña de azúcar, para empezar –y que ya fue en el segundo viaje de Colón–, pues llevó los plantones desde Canarias (La Gomera), donde la habíamos trasladado hacía nada, proveniente de las costas orientales andaluzas, a donde la trajeron los árabes. Dígale usted a un dominicano, cubano o venezolano que si tienen su ron es por nosotros, y verá. E igual pasa con el café. Tampoco se lo creerán, pero también lo llevamos nosotros y con un periplo parecido, además.

Historia de América: recolección de caña de azúcar y fabricación de azúcar. Grabado de Theodore De Bry

Historia de América: recolección de caña de azúcar y fabricación de azúcar. Grabado de Theodore De Bry

Y ello es, en realidad, mínimo y anecdótico si se tienen en cuenta las plantas, cultivos y animales que en las naos españolas navegaron y se aclimataron allí, en lo que fue la América Hispana, que habrá que recordar también abarcaba todo el sur de los actuales Estados Unidos y ocho estados de los actuales EE.UU., desde Florida, en el Atlántico, hasta California, en el Pacífico.

Verán: para empezar, el trigo, la cebada, el centeno, la avena, el arroz, la vid, el olivo, la naranja y el limón, la cebolla y el plátano, así como los garbanzos y las lentejas –en compensación por los frijoles–, ni se conocían, ni se cultivaban, ni se comían allí. Y para qué hablar de ganadería. Ni vacas, ni ovejas, ni cabras, ni cerdos, ni gallinas, ni gatos tampoco habían pisado antes el Nuevo Mundo. Ni, por supuesto, los caballos, ni los burros, ni su sufrido híbrido, la mula. Antes de los españoles, los sioux —¡qué cosa más increíble!— iban a pie.

El mundo en su globalidad, y con lo que vino, cambió. Pero aquella parte, aquel continente desconocido y velado que se descubrió y se incorporó al conjunto de las tierras conectadas, también lo hizo. Desde luego, mucho con las cosas del comer y del beber.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas