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Raúl José Martín Palma en la redacción de El Debate

Raúl José Martín Palma en la redacción de El DebateMiguel Pérez

Entrevista al autor de 'Sáhara español'

«Tras las amenazas del Frente Polisario, los saharauis pidieron a España que no se fuera»

El historiador analiza, en conversación con El Debate, el significado jurídico y político de aquella etapa coincidiendo con el 50 aniversario de la retirada española

Raúl José Martín Palma sostiene que «hay muchos episodios de la historia de España que no son conocidos», y uno de ellos es, a su juicio, el del Sáhara español, la que fue provincia número 53 de España. «Creo que la mayor parte de la población no sabe que estuvimos en el Sáhara y que era una provincia. Tuvimos una presencia continuada de más de 90 años», advierte en conversación con El Debate.

Autor del libro Sáhara español (1958-1976). Historia militar de la última provincia en África, analiza el significado jurídico y político de aquella etapa coincidiendo con el 50 aniversario de la retirada española.

—En el libro insiste en que el Sáhara español no era una colonia más. ¿Qué significaba jurídicamente que fuera una provincia?

—Que todos los saharauis tenían los mismos derechos que cualquier español. Contaban con DNI español y tenían representación en Cortes, con procuradores. Es decir, disfrutaban de los mismos derechos y obligaciones.

La provincialización —como ocurrió con Ifni— fue también una forma de frenar el afán expansionista de Marruecos. De hecho, durante una visita al territorio, Carrero Blanco afirmó que «el Sáhara es tan español como Cuenca». Esa era la consideración oficial.

—¿Qué cambió en los meses previos a la muerte de Franco?

—Se aceleraron los acontecimientos. Hassan II aprovechó la debilidad del general Franco y el momento de inestabilidad política en España para lanzar su órdago definitivo. Si Franco hubiera estado en plenitud de facultades, probablemente no se habría abandonado el territorio.

—¿Fue inevitable la retirada?

—Se podía haber mantenido como provincia española, nos podríamos haber quedado allí.

No era nada realmente obligatorio. Lo que pasa que se anticipaba que en España iba a haber un gran cambio político. De hecho, esto es algo que la gente que estaba, las familias, las diferentes familias políticas sabían que iba a haber un cambio.

Se decidió dejar el Sahara –en mi opinión– como mal menor para evitar un conflicto mayor, tanto con Marruecos como con el Frente Polisario, y centrarse en la Transición que se avecinaba. Quizá fue una decisión excesivamente conservadora: quitarse un problema que después generó otro mayor.

Existían dos grandes líneas estratégicas: una, impulsada en su día por Carrero Blanco, consistía en conceder primero una autonomía y después la independencia; la otra, seguir el plan de Naciones Unidas, celebrar un referéndum y eventualmente desplegar una fuerza internacional. Ese referéndum, como sabemos, sigue pendiente de celebrarse y el Sáhara sigue siendo un territorio pendiente de descolonización, como Gibraltar.

Portada de 'Sáhara español (1958-1976)'

Portada de 'Sáhara español (1958-1976)'

—¿Qué papel jugaron las grandes potencias en la crisis de 1975?

—Es un asunto discutido. Realmente, no se sabe. La URSS no mostró especial interés. En cuanto a Estados Unidos, se ha especulado mucho, se dice que realmente habían organizado la Marcha Verde, que estaban detrás de todo eso.

He tenido la oportunidad de leerme muchas transcripciones y documentación desclasificada de la CIA, pero esta muestra que Kissinger –quien se entrevistaba con todo el mundo: hablaba mucho con España, con Marruecos, pero también con Argelia y Mauritania– buscaba evitar un conflicto armado en una zona estratégica como el Estrecho de Gibraltar.

No creo que Washington llevara la voz cantante, como muchas veces se dice, de la operación. Yo creo que la decisión final fue española. Puede discutirse si fue acertada o no, pero fue una decisión tomada en España.

—Desde el punto de vista militar, ¿qué fue la Marcha Verde?

—Fue una invasión de civiles. Marruecos sabía que militarmente no tenía absolutamente nada que hacer. No hablo ya solo de un conflicto del ejército o en el que participase el Ejército de Tierra. Desde el punto de vista militar, España hubiese aplastado a Marruecos.

Por eso [Hassan II] optó por enviar una masa humana. Utilizó civiles para que cruzasen la frontera porque sabía que España no iba a disparar nunca a civiles. Y así fue: no se produjo ni un disparo, no murió ningún civil, a pesar de que se minó también la zona de la frontera. Eso sí, hubo infiltración de unidades militares entre los civiles.

Raúl José Martín Palma durante la entrevista

Raúl José Martín Palma durante la entrevistaMiguel Pérez

—¿Cuáles fueron los principales hitos militares entre 1958 y 1976?

—Entre 1958 y 1976 se reforzó notablemente el territorio. Se crearon los Tercios Saharianos de la Legión —uno en El Aaiún y otro en Villa Cisneros—, la Agrupación de Tropas Nómadas, una unidad específicamente para el Sáhara y que, de hecho, cuando abandonamos el territorio desapareció. Y también se creó la Policía Territorial del Sáhara.

En 1974, ante la tensión creciente, se enviaron unidades expedicionarias adicionales, como el segundo batallón del Regimiento Alcázar de Toledo nº 61 y unidades acorazadas y de helicópteros. Desde el punto de vista militar, el territorio estaba perfectamente preparado.

—En el libro habla de éxitos tácticos que terminaron en fracaso político. ¿Dónde se rompe esa ecuación?

—Tras el asesinato de Carrero Blanco. Él tenía un plan específicamente determinado para el Sáhara. A partir de su muerte, cambió la visión política: lo que él pretendía era conceder una autonomía primero y después la independencia a los saharauis. Pero la enfermedad de Franco en 1974 y la visita de la ONU en 1975 aceleraron el cambio. Cuando se percibió que parte de la población saharaui, representada teóricamente por el Frente Polisario, rechazaba la presencia española, la decisión de retirada ganó peso.

—¿Cómo era la vida bajo administración española?

—Tranquila y pacífica. Se podía vivir como en cualquier capital de provincia española. Había colegios, infraestructuras y vida familiar normal. La imagen de territorio permanentemente conflictivo no se corresponde con la realidad de aquellos años.

Fos Bucraa

Cinta trasportadora de Fos Bucraa

—¿Qué infraestructuras y proyectos quedaron truncados tras la retirada?

—Desde el primer momento, España se dedicó a estructurar el territorio. Esa visión de una España colonial que iba a extraer recursos, eso no es cierto en ningún momento.

España se empeñó desde el primer momento en estructurar el territorio. El Aaiún fue creado por los españoles. A principios de los 70 ya habían creado 6.000 kilómetros de carreteras, puertos, aeropuertos... Todo el sistema eléctrico de España se había volcado en desarrollar el territorio.

Entonces, la gran infraestructura que se dejó allí –que a mi parecer no se ha sabido aprovechar– fue las instalaciones de Fos Bucraa, con una cinta transportadora de 110 kilómetros y un pantalán de más de tres kilómetros mar adentro para la exportación de fosfatos.

España no se limitó a extraer recursos: estructuró el territorio y creó una clase media saharaui que antes no existía.

—¿Qué responsabilidad mantiene hoy España?

—España sigue siendo, formalmente, la potencia administradora del Sáhara y en algún momento debería tomar o coger el toro por los cuernos y tomar una determinación porque seguimos siendo, como he dicho antes, la potencia administradora.

Las Naciones Unidas mantiene que debe celebrarse un referéndum y eso no está ocurriendo. Por tanto, alguna responsabilidad persiste.

—¿Qué le gustaría que el lector retuviera?

—Que España convivió de forma pacífica con los saharauis y que la retirada se produjo sin violencia. Esto lo podemos comparar con lo que pasó, por ejemplo, con Estados Unidos en Vietnam, lo que pasó con Francia en Argelia, que tuvieron una guerra de ocho años, lo que ocurrió en Portugal y su presencia en África, que desembocó en el golpe de Estado de los Claveles...

En España no ocurrió nada de eso. Nos fuimos de allí de forma pacífica. Y, de hecho, muchos saharauis pidieron que no nos fuéramos, después de que el Frente Polisario amenazase a los españoles, atentase contra los españoles.

Cuando comprendieron que el territorio sería entregado a Marruecos, nos acabaron pidiendo que nos quedásemos allí con ellos.

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