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Fray Bartolomé de las Casas, elaborado por Félix Parra en 1875 para la Exposición Internacional de Santiago de Chile

Fray Bartolomé de las Casas, elaborado por Félix Parra en 1875 para la Exposición Internacional de Santiago de Chile

Serie histórica (II)

Qué es verdad y qué exageración en el relato de Las Casas sobre la conquista de América

Fray Bartolomé alcanzó gran notoriedad como defensor de los indígenas y figura clave del debate moral sobre la conquista de América. Sin embargo, su trayectoria, sus escritos y las críticas de sus contemporáneos dibujan un perfil mucho más complejo y controvertido

Como se comentaba en la primera parte del artículo, los años que siguieron al fracaso de Cumaná fueron años de introspección, estudio y escritura. Algunos de los acérrimos críticos del dominico apenas le ven virtudes. Bartolomé tenía muchos y muy serios defectos, y luego hablaremos de ellos, pero fue una persona ambiciosa e inteligente; fue, además, un gran estudioso y autodidacta. Sin pasar por la universidad, dejó una ingente obra escrita que abarcó campos como la historia, la teología o el derecho.

Por supuesto, su obra y su pensamiento tienen un nivel muy inferior al del padre Vitoria y los componentes de la Escuela de Salamanca, en la que se inspira, y presentan un evidente sesgo al centrarse reiteradamente en las injusticias y abusos de la conquista y en la defensa a ultranza de los nativos.

Masacre en Cumaná

Masacre en Cumaná

Más adelante volveremos a este asunto para indicar que esa defensa se realiza, según algunos autores, de manera fraudulenta.

Sin embargo, sus crónicas históricas son importantes, ya que fue testigo directo de muchos acontecimientos en los años clave de la conquista e, incluso, entrevistó a muchos de los hombres de Hernán Cortés. También recuperó diarios como los de Colón o informes administrativos que se habrían perdido sin su concurso.

Fray Bartolomé es considerado uno de los primeros precursores de los derechos humanos modernos. Sin embargo, es difícil saber si su defensa de los derechos de los indios y su exagerada crítica a sus compatriotas se basaban en sentimientos realmente genuinos y nobles o si, más bien, implicaban subirse a una corriente que sintonizaba con la muy católica Corona hispana y con la alta jerarquía eclesiástica (por ejemplo, Adriano de Utrecht, gran admirador de sus memoriales, llegó a ser papa).

Entre 1537 y 1539 inspira una nueva «colonización pacífica», esta vez en Verapaz, actual Guatemala. Habiendo aprendido de errores previos, buscó un territorio sin encomenderos, intentó un acercamiento comercial y ganarse la confianza de los caciques, a los que no se les obligaba a trabajar. En esta ocasión, el sistema triunfó en un principio. Los monjes enviados aprendieron las lenguas indígenas, con lo que consiguieron muchas conversiones y una convivencia pacífica. Sin embargo, la avaricia de algunos colonos de la región, que con el tiempo vieron en Verapaz la ocasión de establecer fáciles encomiendas usando a unos indios ya pacificados y cristianizados, volvió a dar al traste con el proyecto.

En cualquier caso, el éxito inicial catapultó aún más la figura del dominico, cuyo activismo influyó en las Leyes Nuevas de 1542, leyes que, no obstante, rechazó por insuficientes. Por esas mismas fechas (exactamente un año más tarde), también sería recompensado por sus superiores con el nombramiento de obispo de Chiapas, diócesis creada en 1539, pero que estaba vacante desde entonces.

Leyes Nuevas

Leyes Nuevas

Sin embargo, los dos acontecimientos que representan la cumbre de su carrera tendrán lugar a partir de entonces. El primero fue su participación en la controversia de Valladolid, convocada por Carlos V, con juan Ginés de Sepúlveda entre 1550 y 51. Por primara vez en la historia de la humanidad, la potencia hegemónica se preguntaba si era justa la conquista de un territorio y el sometimiento de los indígenas. (Mientras España planeaba cuestiones jurídicas, morales y de derechos humanos de primer orden, Portugal esclavizaba a los indios de Brasil y promovía el tráfico de esclavos africanos con sus colonias e Inglaterra simplemente eliminaba a los nativos de las suyas).

Obviamente las Casas y Sepúlveda partían de posiciones muy diferentes. Para el primero la guerra de conquista era ilegitima, los indios no eran incivilizados, eran racionales y no inferiores a los europeos, para el teólogo cordobés, Sepúlveda, la guerra de conquista si era justa si reprimía actos vandálicos, como los sacrificios humanos y la antropofagia, precisamente por ello, entendía que los indios eran, por naturaleza, inferiores a los europeos y por tanto debían ser sometidos y educados para conseguir una sociedad más justa y basada en valores morales superiores.

Para ello, defendía el sistema de encomiendas y rechazaba algunos aspectos de las leyes nuevas por entenderlas demasiado garantistas a favor de los locales. La controversia no tuvo un vencedor claro. Moralmente puede decirse que triunfó el dominico y, de hecho, la corona mantuvo la legislación de defensa de los indios.

Pero en la practica se podría decir que la razón la llevó el aristotélico cordobés, ya que la introducción de las leyes nuevas en América no fue siempre fácil y pervivirían algunos abusos. No era lo mismo contemplar el asunto desde el colegio de San Gregorio, en la apacible Valladolid, que estar jugándose el pescuezo, como hacía Valdivia ese mismo año, a orillas del Biobío, con los irreductibles mapuches en las batallas de Andalién y Penco. Con todo, insistimos, el marco jurídico estaba a años luz del de las potencias vecinas.

Pero la obra cumbre del obispo de Chiapas, que, pese a ser escrita en 1542 y dedicada al futuro rey Felipe II, no se publicaría hasta una década más tarde, fue la Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Y si es defendible que algunas de las ideas del dominico fuesen bienintencionadas, en esta obra se desprende de su careta de teólogo humanista para convertirse en un activista radical e intransigente.

«La brevísima» no es un informe serio, es, simplemente, un panfleto antiespañol. En donde, empezando por el título, todo es falso. Ni es una obra «brevísima», tiene más de 150 intensas páginas. Ni los españoles destruyeron las indias, sino que, muy al contrario, construyeron una civilización muchísimo más desarrollada que las existentes, ni todos los españoles cometían abusos y crímenes horribles. (De hecho, el descenso poblacional fue causado por enfermedades como la viruela), ni cita apenas casos concretos, ni fuentes directas, ni los conquistadores estaban solo interesados en oro, (por ejemplo, tras la caída de Tenochtitlán la mayoría prefirió seguir explorando que vivir a lo grande en sus recién ganadas haciendas), ni los indios eran las ingenuas hermanitas de la caridad que nos describe. Porque volviendo a Valdivia, después de torturarlo y comer su corazón, los caciques mapuches bebieron chicha usando parte de su cráneo.

Lo malo es que la obra fue ampliamente difundida, entre los siglos XVI y XVII, traducida a más de 10 idiomas, convirtiéndose en uno de los libros más leídos de Europa y fue, sobre todo, la mejor munición para las múltiples potencias rivales de la monarquía hispana. El mejor pilar con el que jamás pudieron soñar los precursores de la leyenda negra.

Pero ya antes de su publicación, un modesto, pero muy querido personaje de Nueva España, había desenmascarado a de las Casas. Se trataba de uno de los denominados doce apóstoles, doce frailes franciscanos que llegaron con la misión de evangelizar el recién conquistado imperio de la triple alianza, fray Toribio de Benavente, mas conocido como Motolinía, («pobre» en náhuatl), porque efectivamente era una persona austera, que aprendió náhuatl, que convivía en comunidades indígenas y que siempre se mantuvo alejado de lujos y oropeles.

Todo lo contrario del señor obispo de Chiapas, que nunca llegó a estudiar ninguna lengua indígena, que residía en el lujoso palacio obispal, del que era célebre su bodega, atestada de muy caros vinos españoles de los que era gran aficionado.

En sus cartas al cesar Carlos, Motolinía advierte de las extraordinarias exageraciones del dominico. De las Casas habla de veinticuatro millones de indios asesinados, cuando no existía semejante población en los territorios a los que se refiere.

Fray Bartolomé de las Casas

Fray Bartolomé de las Casas

Si se creyese sus cifras los conquistadores españoles habrían sido los primeros caza fantasmas de la historia asesinando a más nativos de los que había. Bromas aparte, Motolinía escribe: «No tiene razón el de las Casas, (al que también tacha de pleitista, injuriador y perjudicial), al decir lo que dice y es un mercenario y no un pastor por haber abandonado a sus ovejas para dedicarse a denigrar a los demás».

También le critica que solo hable de abusos y del lado negativo de los españoles en América y nada de lo mucho positivo que se estaba haciendo y mientras otros religiosos se humillaban, estudiaban las leguas nativas y los educaban, el jamás se interesó en esos menesteres. Lo tacha de arrogante y de narcisista.

Para Zunzunegui es un político populista, interesado en oropeles, lujo y servidumbre. Para Menéndez Pidal «se paso la vida alabando sus propias virtudes», para el periodista Jorge Vilches, «de las Casas no fue un gran pensador, sino un vanidoso contradictorio que lleno de falsedades intencionadas un libro sobre una causa justa, los derechos humanos».

Pero la crítica más acerada del austero franciscano es cuando le recuerda que no pierde tiempo en convivir y educar a los indios, pero, en cambio explota a los que trabajan para él sin ofrecerles un salario a cambio, «traéis cargados más indios que treinta frailes», mientras recuerda al emperador que la mayoría de los indios de la Nueva España tienen una mejor calidad de vida que los labradores de la vieja España.

Las críticas del honesto Motolinía, él si verdadero defensor de los nativos, demuestran que la obra del dominico es un fraude, que las acusaciones nunca están sustentadas en testigos, que la mayoría son inventadas, lo que hoy día llamaríamos fake news y que todas las cifras están exageradas. Bartolomé, aunque tuvo innegables virtudes y rompió moldes, su obra principal no deja ser eso, un gran fraude y una gran traición, (aceptemos que no intencionada), que mancillará injustamente la imagen de España y los españoles y será mezquinamente aprovechada por los enemigos de la corona católica.

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