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El bar del hotel Ritz en París en enero de 1961

El bar del hotel Ritz en París en enero de 1961

Dinastías y poder

Otto de Habsburgo fue el último cliente del Ritz antes de los nazis y Hemingway el primero tras la liberación de París

«¿Dónde están los alemanes? He venido a liberar el Ritz», dijo el escritor. «Se han ido y no puedes entrar con un arma», le respondió el gerente

Pocos podrán imaginarse que el último cliente del Ritz antes de la ocupación nazi de París sería un archiduque sin trono. Y que el primero en regresar tras la liberación iba a ser Ernest Hemingway, un novelista convertido en corresponsal de guerra, que jugó siempre entre la épica y la leyenda.

En junio de 1940, el archiduque Otto de Habsburgo apuraba una última y elegante copa de ginebra en el bar del Ritz de París. Los nazis estaban a punto de entrar en la capital francesa. Él sabía que era un hombre perseguido: sus críticas a la anexión de Austria lo habían convertido en enemigo público del Reich.

En el hotel también se percibía que nada volvería a ser igual: los salones que, desde su inauguración en 1898, habían albergado a la élite aristocrática europea se preparaban para recibir a los jerarcas nazis. Una parte del establecimiento quedaría destinada a los oficiales alemanes que controlarían la ciudad durante la ocupación.

Otto de Habsburgo tuvo que huir precipitadamente: los nazis habían puesto precio a su cabeza. Atrás dejaba no solo París, sino todo un mundo que se desmoronaba. Se marchó a Estados Unidos, y durante meses la barra del Ritz cambió de público. Hasta que, el 25 de agosto de 1944, un nuevo cliente cruzó sus puertas y se sentó ante el mostrador lustroso del Petit Bar.

Era Hemingway, de nuevo dispuesto a tomarse un cóctel. Había entrado con los aliados como corresponsal de guerra. El París «martirizado» acababa de ser liberado, «liberado por sí mismo, liberado por su pueblo», se atrevió a decir De Gaulle. El bar del Ritz volvía a convertirse en testigo de la historia.

Ernest Hemingway y Bertin (antiguo camarero del Ritz)

Ernest Hemingway y Bertin (antiguo camarero del Ritz)The Ritz Paris

Otto de Habsburgo (1912-2011) era el hijo mayor del emperador Carlos I de Austria, último soberano del Imperio austrohúngaro, y de Zita de Borbón-Parma. Tras la caída del Imperio, creció en el exilio y llegó a establecerse en Lequeitio, en una residencia cedida por Alfonso XIII. A la muerte de su padre, en 1922, se convirtió en jefe de la Casa de Habsburgo. Era, en palabras de la prensa de la época, un «mocetón fornido» en quien sus partidarios aún veían al futuro rey de Hungría, un «reino sin rey», como lo definió El Heraldo de Madrid.

El ascenso del nacionalsocialismo y el expansionismo alemán lo llevaron a reclamar sus derechos y a enfrentarse abiertamente a las maniobras hitlerianas en Austria.

A ojos de Hitler, era un traidor y por eso fue perseguido por «alta traición» tras protestar contra el Anschluss. Hitler veía en el archiduque una amenaza simbólica, capaz de aglutinar a sectores contrarios al nazismo en Austria y en los antiguos territorios de los Habsburgo.

Por ello, las autoridades alemanas ordenaron su captura y pusieron precio a su cabeza. Desde Washington, Otto de Habsburgo desarrolló una intensa actividad política, manteniendo contactos con gobiernos en el exilio y defendiendo la reconstrucción de Europa sobre bases de cooperación.

El Ritz también experimentó su propia transformación. Durante la ocupación alemana de París (1940-1944), fue utilizado en parte por autoridades nazis. La novela El barman del Ritz, de Philippe Collin, ofrece una adictiva visión de aquellos años. Sin embargo, tras la liberación de la ciudad, el hotel recuperó rápidamente su papel como centro de la vida social y política internacional.

Cena de Nochevieja en el Ritz de París en la década de 1940

Cena de Nochevieja en el Ritz de París en la década de 1940The Ritz Paris

En agosto de 1944, tras la entrada de las tropas aliadas en París, Ernest Hemingway, habitual del hotel antes del conflicto, regresó al Ritz. Trabajaba como corresponsal para la revista Collier’s y acompañó a las tropas aliadas en su avance por Francia tras el desembarco de Normandía, aunque no participó en el Día D.

Era ya un veterano que había estado en España en tres ocasiones durante la Guerra Civil y había publicado ya su novela Por quién doblan las campanas, ambientada en el frente de Segovia. Era el mejor pagado y el más hábil en vender sus crónicas. «¿Dónde están los alemanes? He venido a liberar el Ritz», dijo. «Se han ido y no puedes entrar con un arma», le respondió el gerente. Entonces Hemingway dejó el arma en el jeep y volvió al bar. Al menos esto es lo que ha quedado en la cultura popular. Parte de la leyenda.

Europa había dado carpetazo a una época. Se había cerrado el tiempo en el que las dinastías que habían perdido el poder tras la derrota en la Gran Guerra aún aspiraban a recuperar sus tronos. Los años treinta y el final de la Segunda Guerra Mundial abrían un nuevo ciclo marcado por profundas transformaciones y por la división del continente bajo el telón de acero.

Otto de Habsburgo no recuperó ninguna corona, pero se convirtió en una figura destacada del europeísmo. Fue uno de los primeros impulsores de la recuperación de Austria. Para muchos, fue «Otto de Europa». En 1961 firmó la renuncia a sus derechos dinásticos en favor de su primogénito, aunque nunca dejó de servir a lo que consideraba los intereses de sus pueblos. Lo hizo hasta su muerte, en 2011.

Hemingway siguió escribiendo. Y bebiendo. En 1952 publicó El viejo y el mar y recibió el Premio Nobel de Literatura. Una década después, se quitó la vida.

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