07 de diciembre de 2022

Un grupo de personas protesta contra el presidente Pedro Castillo

Un grupo de personas protesta contra el presidente Pedro CastilloErnesto Benavides / AFP

Hispanoamérica

Las claves del laberinto político de Perú

El presidente Pedro Castillo ha incumplido sus promesas de campaña y generado desconfianza por la la alta rotación de funcionarios y su falta de transparencia

El balance del primer año del Gobierno de Pedro Castillo en Perú permite intuir un panorama sombrío para el futuro de su gestión que, lastrada por una saga de desaciertos y escándalos, se percibe cada vez más endeble e incapaz de encauzar el país en la tan ansiada senda de la gobernabilidad.
Tras sortear dos intentos fallidos de la oposición parlamentaria para destituirlo, con tres cambios de gabinetes ministeriales y una cuarta renovación de gabinete en ciernes Castillo y Perú se encuentra sumergidos en una profunda crisis.
Las incesantes señales de inestabilidad y fricciones entre los poderes del Estado auguran pocas luces y certezas, pero estas son algunas de las claves que definirán el futuro más próximo de la política peruana:

Destitución, Renuncia o elecciones

Las voces a favor de vacar (destituir) a Castillo, rogar su renuncia o una convocatoria a nuevas elecciones han ido «in crescendo» en las últimas semanas, a medida que se destapaban nuevas acusaciones en su contra y otras que salpican a su entorno más cercano, incluso familiar.
Expertos consultados por Efe coinciden en que urge hallar una salida constitucional a la profunda crisis que asedia al presidente aunque, por ahora, parece remota la posibilidad de que abandone el Palacio de Gobierno por su propio pie.
El presidente Pedro Castillo, durante una comparecencia televisada

El presidente Pedro Castillo, durante una comparecencia televisadaAldair Mejía / AFP

«Creo que entiende que sin poder es muy probable que termine en la cárcel o cualquier tipo de arresto domiciliario. No creo que voluntariamente quiera irse, sería muy peligroso hacerlo con cinco investigaciones abiertas», comenta el politólogo Eduardo Dargent.
Para el también profesor de la Pontificia Universidad Católica de Perú (PUCP), la destitución presidencial sería un camino más factible, pero advierte que la situación debería recrudecerse para despojar el blindaje del que aún goza Castillo en el Parlamento donde, asegura, «es mucho más sólido de lo que creen sus opositores».
«(El presidente) tiene una alianza con un sector intermedio del Congreso (...) que representa a un tercio (de los 130 legisladores) y con esto están lejos de los 87 votos necesarios para una vacancia», detalla antes de mencionar que «no descarta una caída» porque, si estalla otra bomba, «la cosa se puede tumbar rápidamente».
El mejor aliado de Castillo «es la oposición dura que tiene, que no genera ninguna confianza», agrega Dargent, quien sostiene que sus posibilidades de supervivencia quedan reducidas a la búsqueda de apoyo.

El reto de la Gobernabilidad

El mandatario «no ha sabido construir alianzas para garantizar la gobernabilidad en aras a hablar de un proyecto de país», señaló a Efe Adriana Urrutia, presidenta de la Asociación Civil Transparencia.
Además, la renuncia a su militancia de Perú Libre, el partido marxista-leninista que lo llevó al poder, lo dejó sin bancada oficialista formal y con menos puentes para dialogar con un Congreso de mayoría conservadora y altamente fragmentado.
En su primer año de Gobierno, el presidente incluyó en sus gabinetes a ministros de diferentes tintes políticos, desde el ala más radical de Perú Libre hasta sectores más progresistas que, ante el vaivén de nombramientos y escándalos, «han sido alejadas de los círculos de poder».
Ante este escenario, la consultora de políticas públicas Gelin Espinoza considera que el mandatario tiene dos alternativas: o «cambia su círculo y le demuestra a esta izquierda progresista que puede enderezar las cosas» o bien trata de acercarse a la «derecha conservadora para aferrarse al poder».
Ni uno ni otro movimiento, sin embargo, «garantizaría grandes cambios», agrega Espinoza, quien da por perdidas las posibilidades de gobernabilidad bajo una administración de Castillo.

En el punto de mira judicial

Las expectativas tampoco son optimistas en el plano judicial. En apenas doce meses, Castillo se convirtió en el primer presidente de la historia del país en ser investigado de manera preliminar por la Fiscalía durante su mandato. Y no es una sino cinco las acusaciones que afronta, cuatro de ellas vinculadas a su gestión.
El cerco judicial en su contra es cada vez más asfixiante y podría estar a las puertas de entrar en un punto de inflexión con el testimonio del exsecretario presidencial Bruno Pacheco, quien fue hombre de confianza de Castillo y se entregó la semana pasada a la Justicia, tras permanecer prófugo por más de tres meses.
En los próximos días, se espera que transciendan detalles de las declaraciones de Pacheco, lo que a los ojos de Espinoza podría disipar algunas dudas y acabar por diluir el poco apoyo que tiene Castillo, con el temor añadido de «que las Fuerzas Armadas puedan involucrarse».

Horas críticas para la democracia

A pesar de todo, los expertos coinciden en que es con la ciudadanía con quien Castillo tiene más cuentas pendientes, no solo por haber incumplido sus promesas de campaña sino también por la desconfianza que ha generado la alta rotación de funcionarios y su falta de transparencia.
Urrutia, de la Asociación Civil Transparencia afirmó que Castillo no solo falló en su compromiso de atender las desigualdades históricas del país, sino también en «resolver las nuevas problemáticas» como el alza de precios y la crisis alimentaria.
Las cifras de impopularidad del mandatario, que en julio alcanzaron el 74 %, son «una señal de cómo este año se ha desmantelado la institución presidencial», aseguró la Urrutia, quien agrega que esto «tiene consecuencias en la confianza de los ciudadanos al sistema democrático».
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