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24 de julio de 2024

Aquilino Cayuela
AnálisisAquilino Cayuela

Ucrania no se rinde y se prepara para una larga guerra

Las Fuerzas Armadas ucranianas deben estar preparadas para luchar durante muchos meses más o, incluso, años

Actualizada 04:30

El presidente ucraniano Volodímir Zelenski durante una ceremonia con soldados en Kiev

El presidente ucraniano Volodímir Zelenski durante una ceremonia con soldados en KievAFP

Si Occidente está vivo, Ucrania no puede esperar. El Partido Republicano, incluso el sector «trumpista», no deja de ser realista y la mayoría de los representantes estadounidenses se dan cuenta del peligro que supone la Rusia de Vladimir Putin para el conjunto de Europa.

Ucrania sostiene una de las fases más difíciles de la guerra de agresión rusa, pero, nuevamente, si Estados Unidos ha vuelto a escena, puede extraer nuevas esperanzas. Si en el Senado norteamericano se aprueba el paquete de ayuda y el presidente Joe Biden firma la ley, es probable que los primeros proyectiles de artillería y armas lleguen al campo de batalla en cuestión de pocos días.

Esa es la diferencia con muchas de las promesas de Europa, que, al no haber incrementado más decididamente su producción de defensa, industria militar y aumento presupuestario en defensa no está, para nada a la altura de las circunstancias. Los titubeos de los representantes de la Unión Europea son, en su mayoría, teatralidad y meras promesas para un futuro que se avecina peligrosamente.

Tras más de dos años de lucha contra uno de los Ejércitos más poderosos del mundo, Ucrania ha promulgado una nueva ley de movilización, que Occidente ha acogido como una reforma urgente.

La ley ha sido promulgada este 16 de abril y llega en un momento en el que Ucrania se enfrenta a una serie de retos cada vez mayores en su defensa contra Rusia, desde la escasez de soldados ucranianos y municiones hasta el vacilante apoyo de Occidente.

Desde este punto de vista, la nueva ley podría facilitar al Gobierno la reposición de sus fuerzas mientras se preparan para afrontar una gran ofensiva rusa este verano.

Para los ucranianos, la ley representa otra cosa: es vital, existencial, la ley se ha convertido en un símbolo de la imperfecta, pero floreciente democracia ucraniana. Significa que Ucrania no se rinde. Y lo que es más importante, define un punto de inflexión (en el que se encuentra ahora el país) pues, tras haber superado la emergencia inicial y sostener una dura e intensa guerra, Kiev busca ahora reestructurar sus instituciones y su sociedad para adaptarse a un conflicto potencialmente mucho más largo.

Esta ley ha sido sometida a más de 4.200 enmiendas y requirió de meses de polémico debate en el Parlamento ucraniano. De hecho, algunas de sus disposiciones originales –como la planificación de cómo y cuándo deberían ser licenciados los cientos de miles de soldados que están en la guerra–, se ha dejado para una segunda norma.

En la primavera y el verano de 2022, meses después de que Rusia lanzara su invasión a gran escala, la respuesta de los ucranianos al ataque fue valerosa y espontánea. Un gran número de hombres se alistaron y, a pesar de los brutales combates y bombardeos, ellos fueron capaces de derrotar el intento de Rusia de tomar Kiev e incluso de recuperar un importante territorio capturado por los rusos. Con las armas y los suministros que llegaban a raudales a Ucrania desde Estados Unidos y Occidente y los combates inmediatos que había que librar, no había mucho tiempo para pensar en construir industrias de defensa en el país o en gestionar una economía de guerra.

Las Fuerzas Armadas ucranianas deben estar preparadas para luchar durante mucho meses más o, incluso, años

Hoy, los ucranianos siguen manteniendo una dura línea de frente contra los rusos y están tan decididos como siempre a defender su país. Pero a medida que la guerra se prolonga, el país se enfrenta también a grandes exigencias estructurales. Las Fuerzas Armadas deben estar preparadas para luchar durante mucho meses más o, incluso, años.

El Gobierno tiene que mantener a flote la economía civil, aunque envíe a la batalla a una parte cada vez mayor de su población sana. Y mientras los dirigentes de Kiev esperan un paquete de ayuda del Congreso de Estados Unidos, que se retrasa desde hace tiempo, deben aprender a hacer más con menos.

En la práctica, eso significa crear un sistema en el que gran parte de la población masculina adulta del país –antes de la guerra, había unos 10,5 millones de hombres de entre 18 y 59 años– sirva en el Ejército. Significa construir, casi desde cero, una capacidad de producción de defensa que permita a Ucrania reducir su dependencia de los aliados. Y significa reorganizar aún más la economía nacional para garantizar que haya dinero suficiente para pagar los costes enormes de la guerra.

Otro problema es que tras más de dos años de guerra, la necesidad de soldados en Ucrania es acuciante. Pero no se trata solo de añadir más gente a las fuerzas existentes o de compensar a los caídos y heridos. En cifras reales, los oficiales han hecho estimaciones variables de las necesidades del país: en diciembre de 2023, los mandos del Ejército exigieron 500.000 nuevos soldados; más recientemente, el nuevo comandante en jefe, el general Oleksandr Syrsky, sugirió que 150.000 reclutas al año podrían ser suficientes, aunque muchos consideran esa cifra demasiado baja.

Sin embargo, la cuestión de mantener la calidad de las tropas puede ser igualmente apremiante.

Aunque algún día se llegue a un alto el fuego y termine esta guerra, los ucranianos saben que siempre tendrán a Rusia y Bielorrusia en sus fronteras, lo que supone una amenaza permanente, y una demanda continua de armas para defenderse. Ucrania es un país con fronteras extensas que debe defenderse en esta guerra abierta en su propio suelo, aun con pocos recursos y necesidades extremas. ¡Ucrania no se rinde!

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