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Foto de familia de la V Cumbre Transatlántica en Nueva York

Foto de familia de la V Cumbre Transatlántica que tuvo lugar en Nueva YorkPNfV

Censurar la palabra es censurar a millones de europeos

Eurodiputados piden a la presidenta del Parlamento Europeo que se prohíba la celebración de la VII Cumbre Transatlántica

El próximo 3 de febrero, el Parlamento Europeo albergará en Bruselas esta VII Cumbre Transatlántica, que reunirá a representantes políticos, líderes cívicos y expertos procedentes de América, África y Europa. Delegaciones de más de 35 países y miembros de tres grandes partidos del Parlamento Europeo han confirmado su participación en un diálogo de alto nivel sobre los desafíos actuales al ejercicio de la libertad de expresión. Sin embargo, a menos de una semana del evento, la eurodiputada española del Bloque Nacionalista Galego (BNG) Ana Miranda, ha escrito una carta a la presidenta del Parlamento Europeo, Roberta Metsola, solicitando que se prohíba la celebración de la VII Cumbre Transatlántica, argumentando que el evento agrupa a participantes y grupos que considera contrarios a los derechos fundamentales y la dignidad humana

Este intento de cancelación se repitió en 2024, durante la VI Cumbre Transatlántica celebrada en el Senado de España: parlamentarios del PSOE, ERC, Junts, Bildu y BNG presionaron para su cancelación con idénticos argumentos. En aquella ocasión, el Senado respondió de manera institucional, reafirmando su carácter de espacio democrático abierto al pluralismo, y mantuvo el evento, que cumplía con toda la normativa vigente.

La tentativa de impedir la celebración de la VII Cumbre Transatlántica por la Libertad de Expresión en el Parlamento Europeo constituye un grave precedente y un acto inequívoco de censura política. No se trata de un simple desacuerdo ideológico ni de una crítica legítima al contenido de un encuentro internacional, sino de un ataque directo a uno de los pilares esenciales de cualquier democracia: la libertad de expresión y el derecho de los ciudadanos a participar en la vida pública, debatir y discrepar de forma pacífica y respetuosa.

Conviene recordar que el Parlamento Europeo ya albergó una Cumbre Transatlántica en 2017 sin que se produjera controversia alguna. Además, durante más de una década, Political Network for Values ha celebrado cumbres y eventos regionales en foros parlamentarios e institucionales de primer nivel: la sede de la ONU en Nueva York, el Capitolio de Washington, el Congreso de los Diputados de España, el Congreso de la República de Colombia, la Academia Húngara de Ciencias, el Senado de España y los congresos de Guatemala y Ecuador. En ninguna de estas instituciones se censuró ni canceló su celebración.

Especialmente significativo es el precedente de Naciones Unidas. En la sede de la ONU en Nueva York, el evento fue retransmitido en directo por su canal oficial y la Declaración de Nueva York fue incorporada a las actas del 78 º período de sesiones de la Asamblea General. Resulta difícil sostener, a la luz de estos antecedentes, que una cumbre de este tipo pueda calificarse seriamente de «extremista» sin vaciar de sentido el propio término.

En la cumbre de mañana figuran invitados como José Antonio Kast, Mateusz Morawiecki, presidente del partido ECR, Santiago Abascal, presidente del partido Patriots for Europe (PfE), y los miembros del Parlamento Europeo: Patryk Jaki, copresidente del ECR Group; Kinga Gal, vicepresidente de PfE Group; Branko Grims, del European People's Party (EPP), Eslovenia; Laurence Trochu, ECR, Francia; Enikö Györi, PfE, Hungría; Tom Vandendriessche, PfE, Bélgica; Margarita de la Pisa, PfE, España; Carlo Fidanza y Paolo Inselvini, ECR, Italia; y el propio Stephen Bartulica, ECR, Croacia.

Estarán presentes otros políticos de la talla de Raúl Latorre, presidente de la Cámara de Diputados de Paraguay; Luz Pacheco, presidente de la Corte Constitucional de Perú; Víctor Verdún, vicecanciller de Paraguay; Clara Muzzio, vicejefa de gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Argentina; Fabiola Morales, vice-alcalde de Lima, Perú; Ernesto Araujo, excanciller de Brasil. Tampoco faltan representantes políticos en parlamentos nacionales como Nikolas Ferreira, de Brasil; Santiago Santurio y Nicolás Mayoraz de Argentina; Lucy Akello, de Uganda; Jesse Okey-Joe Onuakalusi, de Nigeria; Ronald Portillo, de Guatemala y Andrés Castillo, de Ecuador.

Libertad de Expresión

Lo que realmente está en juego no es una cumbre concreta, sino el derecho de una parte sustancial de la ciudadanía europea a expresar y defender sus convicciones. Los valores que promueve Political Network for Values están lejos de cualquier radicalismo: son los principios y derechos consagrados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que consideramos irrenunciables. Pretender silenciar estos valores equivale a cancelar políticamente a casi la mitad del hemiciclo europeo y, por extensión, a millones de ciudadanos de la Unión Europea que se sienten representados por ellos.

La libertad de expresión no es un privilegio otorgado por el poder, sino un derecho anterior al Estado, que debe ser reconocido y protegido para todos, sin excepciones ideológicas. Sin libertad para hablar, debatir y disentir de forma pacífica y respetuosa, el resto de los derechos se debilita y la democracia pierde su fundamento. La cultura de la cancelación y la censura no deberían tener cabida en sociedades que se proclaman democráticas y pluralistas.

Cuando se eligió como tema de la VII Cumbre Transatlántica ya advertían del avance de una tendencia preocupante: la restricción progresiva de la libertad de expresión en nombre de supuestas causas superiores. El intento de cancelar la Cumbre de Bruselas confirma esta preocupación y demuestra que este encuentro es hoy más necesario que nunca.

Defender la celebración de esta Cumbre no implica exigir adhesión a sus planteamientos, sino algo mucho más básico: el respeto al derecho a existir en el espacio público. Esperamos contribuir a una cultura política que garantice un futuro de diálogo, debate abierto y convivencia democrática. Porque cuando se censura la palabra, no se silencia a unos pocos: se margina a millones.

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