05 de diciembre de 2022

Argentina's President Mauricio Macri talks at a press conference  in Buenos Aires, Argentina, Monday, Oct. 23, 2017.

El expresidente de Argentina, Mauricio Macri, durante una rueda de prensa en Buenos Aires en 2017GTRES

El Debate en América

La metamorfosis política de Mauricio Macri

El sueño de constituirse como candidato se aleja, y, mientras su candidatura se diluye, sus posturas de «derecha» se acentúan. Quiere ser parte de la transformación argentina que él alguna vez representó y no pudo lograr

«Mi principal rival nunca es otro líder, sino el statu quo». Esta frase la escribió el ex presidente Mauricio Macri en su último libro Para que. Y parece haberla tomado en serio.
Para que es más atractivo: profundiza en la cuestión del liderazgo político, concepto que, durante su gobierno (2015-2019), no se discutía.
Partían de la idea de que los «nuevos liderazgos», surgían de la «voluntad del líder y de su poder de seducción» y que los «viejos liderazgos» estaban en desuso, solo se alimentaban del conflicto, giraban alrededor del poder y eran del siglo pasado. La «nueva política» solo buscaba el consenso y la armonía entre las partes.
El Macri de hoy parece haber mitigado esa mirada e intenta apartar al corazón de la política y de su lógica con definiciones tajantes sobre la libertad, el capitalismo y la batalla por el «cambio cultural», que incomoda a más de un aliado circunstancial.
Hoy ha descubierto la vieja fórmula: la política es una «discusión sobre valores, discusión sobre el futuro y discusión sobre el poder».
No se sabe si lo hace con plena conciencia de las consecuencias: las definiciones en política limitan y dividen.
Parece no importarle y avanza a paso redoblado. Algo de esto se percibió en su campaña entre las PASO (primarias abiertas, simultaneas y obligatorias) de agosto del 2019 y las generales de octubre de ese año.
Ahí algo o alguien lo animó a recuperar la iniciativa y, en dos meses de proactiva campaña territorial, recuperó 8 puntos de los perdidos (32 % a 40,2 %). En tanto su contrincante, Alberto Fernández, se estancó en el 47 obtenido en las primarias.
Por supuesto que no logró superar a su adversario. Pero pareció descubrir que la voluntad en política es un motor potente, que son los políticos de carne y hueso los que pueden incidir en sus propios destinos y que nada en política «está escrito».
Hoy, noviembre del 2022, ha redescubierto la política con sus sinsabores y satisfacciones. Recuperó su iniciativa, mantiene el estatus como figura política, se ha transformado en un crítico del «gradualismo» –el caballito de batalla de Rodríguez Larreta, precandidato del mismo espacio de Macri- y se ocupa de marcar límites y corregir errores.
La paradoja es que los principales perjudicados son Rodríguez Larreta y los candidatos de la Unión Cívica Radical, histórico partido de perfil socialdemócrata, que es parte de la coalición opositora.
El sueño que acaricio meses atrás, de constituirse como candidato, lo está abandonando. No sabemos si él abandona el sueño, pero está cada vez más distante.
En la medida que su candidatura se diluye, sus posturas de «derecha» se acentúan. Quiere ser parte de la transformación argentina que él alguna vez representó y no pudo lograr.
Hoy, las encuestas le marcan un techo que no puede perforar. La gente puede haber mejorado su imagen pero «ya tuvo su oportunidad y la desperdició».
Sin duda que muchas de las definiciones que vierte en contra de un «Estado que nos asfixia» son compartidas. Tiene y mantiene su base electoral. Pero no le alcanza.
«Incumplió sus promesas» , eso sostiene un porcentaje de los sectores medios que alguna vez lo acompañaron.
Sin embargo, no baja los brazos. Su corazón esta con otra precandidata del PRO, Patricia Bullrich, a quien encuentra más cercana que Rodríguez Larreta.
Patricia interpreta su mensaje de «cambio» y de combate contra el statu quo, pero comienza a presentir que Macri la asfixia y que necesita más espacio, lejos de su tutela.
No puede alejarse de él aún, porque sus votos en las internas partidarias pueden beneficiarla. Los políticos cumplen un ciclo y, sus «hijos», «herederos» o «protegidos», en algún momento deben tomar distancia de sus «tutores».
Es una ley de hierro de inexorable cumplimiento, a la que Mauricio Macri deberá someterse.
  • Roberto Starke es un consultor político y profesor universitario
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