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13 de abril de 2024

El escritor checo Milan Kundera

El escritor checo Milan KunderaEditorial Tusquets

De militante a disidente: la incansable lucha de Milan Kundera contra el comunismo

Alcanzó fama mundial en la segunda mitad del siglo XX con obras como La insoportable levedad del ser, La broma y El festín de la insignificancia

Milan Kundera
Nació el 1 de abril de 1929 en Brno y falleció el 11 de julio de 2020 en París

Milan Kundera

De joven, en su Checoslovaquia natal, militó en el comunismo, que abandonó tras el asesinato de Trotski por parte de Stalin, y tras ser prohibidas sus obras, hubo de exiliarse a Francia en 1975, donde continuaría escribiendo en el exilio

Cuando en 1982 Milan Kundera visitó España para presentar El libro de la risa y del olvido, dejó uno de sus grandes titulares –aunque, de hecho, casi cada frase que decía se convertía en uno–: «Si algo detesto es la literatura de tesis, comunista o anticomunista, es igual. No me siento cómodo en el papel del disidente. No me gusta reducir la literatura y el arte a una lectura política. La palabra disidente significa suponerle a uno una literatura de tesis, y si algo detesto es precisamente la literatura de tesis. Lo que me interesa es el valor estético».
Ha fallecido este 11 de julio a los 94 años, y con él ha muerto no sólo una forma concreta de escribir, batiburrillo delicioso mitad política, mitad reflexión teñida de filosofía somera aderezada con intensos relatos amorosos y sexuales; ha muerto también un estandarte del pensamiento libre, y quizá también un faro totémico de lo que implicó (y aún sigue implicando) dedicarse a la cultura en las zonas oscurecidas y doblegadas por el yugo comunista.
En el caso de Milan Kundera, él mismo fue testigo de los desastres posteriores a las primaveras rojas de Europa central, y concretamente, íntimamente relacionado con la invasión de los tanques de la URSS a la Checoslovaquia de 1968. Nacido en 1929 en Brno, cuando aconteció la Primavera de Praga era profesor de cine y de escritura, sus libros se leían con avidez y había sido traducido a buena parte de las lenguas cultas. Entonces, con la llegada del comunismo, fue prohibido.
Eso es lo que sucede con el pensamiento libre bajo determinados regímenes: desaparece, es asfixiado o, directamente, se exilia. Como buen centroeuropeo, aunque en su juventud había coqueteado con el comunismo, algo que él nunca negó –después de la II Guerra Mundial se había afiliado al partido, aunque fue expulsado en 1950 y readmitido en 1956 para ser expulsado de nuevo, la madurez, la vida universitaria, las relaciones y la deriva estalinista de la Unión Soviética le llevaron a militar en su contra.
Fue acusado de chaquetero y después, directamente, de traidor, y las consecuencias no fueron pocas: no sólo dejó de poder vivir de su trabajo, sino que se vio obligado a sobrevivir buscándose empleos de poca monta. De profesor y reputado escritor pasó a sacarse los cuartos dando clases particulares o tocando el piano en pequeños tugurios de jazz.
Finalmente, en 1975 se vio obligado a abandonar su país junto a su mujer, Vera, y se refugió en París. La traición definitiva. En 1979 le fue retirada su nacionalidad checa: «Me veo a mí mismo como uno de los últimos artistas de la gran cultura centroeuropea, que está a punto de ser masacrada. Porque lo que está pasando en Europa Central es precisamente la masacre de su cultura. Imagine que a principios de siglo la cultura centroeuropea era el verdadero centro de la cultura europea».
El choque cultural fue para Kundera más fuerte aún que el político. Ese desmoronamiento de la cultura occidental, su subyugación ante lo que venía del Este (que no pintaba nada bien, como luego se demostraría), provocaron en él un pesimismo, al que se enfrentó a través de la escritura. Se permitió incluso la osadía de escribir La Broma, un tratado tan cómico como desolador acerca de la incompatibilidad manifiesta entre el totalitarismo y el sentido del humor: el protagonista realiza una broma sobre el optimismo comunista citando al disidente Trotski, asesinado por Stalin, y como consecuencia es expulsado de la universidad, sus compañeros le retiran el saludo, todas sus posibilidades de promoción personal quedan liquidadas y acaba siendo condenado a trabajar en las minas, donde conocerá el amor.
«En Europa central, la Primera Guerra Mundial comenzó un proceso que ha llevado más tarde a Hitler, a Stalin y a la desaparición de Europa Central. Es decir: estos escritores sintieron desde el principio la fragilidad de la cultura europea, y por eso son corrosivos, escépticos, desmitificadores, irónicos, o bien, como se dice siempre, antilíricos. De hecho, a mi modo de ver, se puede considerar a los centroeuropeos como los contemporáneos antilíricos de la modernidad europea», decía en 1982. Él mismo fue corrosivo, escéptico, desmitificador e irónico, pero fue también mucho más que eso: su literatura oscilaba entre el ingenio, la ironía, el absurdo kafkiano y el humor cervantino.
La broma fue una crítica abierta al totalitarismo, pero también lo fueron La despedida, de 1973; El libro de la risa y el olvido, de 1979, y La insoportable levedad del ser, de 1984. Así que, por mucho que detestara «la literatura de tesis», lo cierto es que, quizá a su pesar, se había convertido en el símbolo de lo que tanto rechazó: de una literatura llevada más allá de la estética, blandida para enarbolar un pensamiento libre, un amor libre, un individuo libre.
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