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21 de julio de 2024

Alistair Darling

Alistair Darlingefe

El barón Darling de Roulamish (1953-2023)

El laborista que puso a su país por encima de su partido

Artífice, junto a Gordon Brown, de la victoria de la permanencia de Escocia en el Reino Unido en el referéndum de 2014

Alistair Darling icono
Nació el 28 de noviembre de 1953 en Londres (Reino Unido) y falleció el 30 de noviembre de 2023 en Edimburgo (Escocia)

Alistair Maclean Darling

Abogado de formación, empezó su andadura política por la base como delegado de la provincia de Lothian antes de ser elegido diputado por un distrito de Edimburgo en 1987. Estuvo en los Comunes hasta 2015 y fue junto a Gordon Brown y Jack Straw el único que permaneció en todos los gobiernos laboristas desde 1997 a 2010.

Imagine el lector a un exministro del Psoe liberándose de sus ataduras partidistas para hacer causa común con exministros del Partido Popular y así aunar fuerzas frente a las veleidades separatistas de una región del país. Pues bien, es lo que hizo Alistair Darling a partir de 2012, dos años antes del referéndum de 2014 sobre la independencia de Escocia, cuando vaticinó que podía producirse una catástrofe.

En aquel momento ni se había decidido la celebración de la consulta popular. Sin embargo, Darling ya era un político demasiado avezado como para no ser consciente de los riesgos que entrañaba la presión cada vez más agobiante ejercida desde Edimburgo por el «First Minister» de Escocia, Alex Salmond, combinada con la actitud ambigua mantenida desde Londres por el primer ministro conservador, David Cameron.

Darling inició su campaña en junio de 2012 en un acto común en la Universidad Napier de Edimburgo junto a los dirigentes escoceses de los principales partidos británicos. Así nació la plataforma «Better Together», Mejor Juntos, que Darling lideró. En la primavera de 2013, se dirigió a los asistentes al congreso de los conservadores escoceses. Hecho inhabitual en la cultura política británica, cuyas fronteras suelen ser nítidas. Pero Darling entendió que se podían traspasar al estar en juego la unidad nacional.

Cuando Cameron terminó cediendo a las pretensiones de Salmond y fijó la fecha de la consulta en el 18 de septiembre de 2014, Darling pisó su propio acelerador: memorables fueron los dos debates televisivos en los que puso al jefe del separatismo escocés frente a sus contradicciones y aquella iniciativa conjunta con George Osborne, su sucesor en el ministerio de Economía y Finanzas, en la que ambos dejaron claro que la escisión de Escocia implicaba automáticamente el abandono de la libra esterlina, sin adopción automática del euro.

Bien es cierto que la campaña de «Better Together» estuvo a punto de descarrilar dos semanas antes de la votación y que Gordon Brown hubo de acudir al rescate. Pero el camino de largo recorrido emprendido por Darling había merecido la pena: el 18 de septiembre, un 55.7 % de los escoceses votó a favor de seguir siendo británicos.

La victoria no fue óbice para que Darling fuera posteriormente criticado por algunos diputados y simpatizantes laboristas escoceses que creían que ir de la mano de los conservadores en el referéndum podría dañar las perspectivas electorales del partido en Escocia. Y así fue: en las elecciones generales de 2015, los laboristas perdieron todos sus escaños en Escocia, menos uno, a manos del Partido Nacional Escocés. Pero la Historia le ha dado la razón: baste decir que la perspectiva de un nuevo referéndum es hoy muy lejana.

Nunca hubiera imaginado Darling, escocés por los cuatro costados pese a haber nacido en Londres, tener que librar la batalla contra el separatismo cuando como joven delegado laborista en la provincia de Lothian protestaba airadamente contra las políticas de Margaret Thatcher; ni menos aun cuando titular de varias carteras socioeconómicas en los primeros gobiernos de Tony Blair participaba de la modernización del Reino Unido. La prueba de fuego para Darling llegó en junio de 2007 cuando fue nombrado ministro de Economía y Finanzas, sucediendo a Brown, que a su vez sustituía a Blair como nuevo primer ministro. Tres meses después, estallaba la crisis de las «subprimes», que hundiría al Reino Unido en su peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial. A Darling no le templo el pulso al nacionalizar un banco, intervenir otros cuatro o subir los impuestos para mantener un mínimo equilibrio presupuestario. En una entrevista concedida a The Guardian declaró que «los tiempos económicos que afrontamos son posiblemente los peores de los últimos 60 años. Y van a ser más profundos y duraderos de lo que la gente piensa». Una vez más dijo las verdades del barquero.

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