16 de agosto de 2022

Perro come perroAntonio R. Naranjo

In my opinion

Ahora que Redondo vuelve a la vida normal y Sánchez sigue haciendo lo mismo y de la misma manera, conviene rescatar la vieja acepción de «tonto útil», nacida inicialmente para definir a los defensores de la URSS en Occidente. Saludos, Monedero

Si uno quiere saber cómo es Pedro Sánchez, basta con escuchar a Iván Redondo, que se frecuenta poco afortunadamente para él. El domingo se delató un poco, y delató a su jefe, en eso llamado «Lo de Évole», perfecto nombre para una cosa con apariencia de periodismo que tiene de periodismo lo que la antropogafia de gastronomía.
Jordi tiene las respuestas hechas, y busca a continuación a quién preguntarle que encaje en su prejuicio para construir un relato con apariencia de veracidad que no pasa nunca del espectáculo pirotécnico: nada que objetar al talento del follonero, pero para qué lo llaman amor cuando quieren decir sexo.
Redondo se personó como el protagonista de «Granujas medio pelo» de Woody Allen que creía que, cuando le llamaban «cerebro», lo hacían por su inteligencia. Y soltó una retahíla de bombas de humo presentadas como sagaces sortilegios políticos, misterios de Estado inconfesables y presagios nostradámicos resumidos en una frase que debió considerar brillante:
«In my opinion».
Todo el sanchismo se resume en tres palabras a destiempo, envueltas en bisutería retórica y ampliadas, cuando actúa Redondo, en una penumbra forzada que intenta pasar por War Room de la Casa Blanca y no llega a antesala de meadero en local de lucecitas de extrarradio.
Tienen ahí a Redondo y Sánchez creyéndose Rob Loewe y Martin Sheen en el Despacho Oval del «Ala Oeste» y, en cuanto respiran, les sale el Benito y Manolo chapuceros de «Manos a la obra», haciendo ñapas en España como si fuera la reforma del baño contratada a unos aficionados.
Séneca decía que todo poder excesivo dura poco, pero lo que acabará con Sánchez será el descubrimiento de que Redondo no le fabricó a él, sino a la inversa: necesitaba una herramienta para perpetrar su plan, sustentado en atropellar viejas en los pasos de cebra para llegar el primero; y le ordenó a un muchachito que encontrara la manera de taparlo. Y lo llamó conducción audaz.
Ahora que Redondo vuelve a la vida normal y Sánchez sigue haciendo lo mismo y de la misma manera, conviene rescatar la vieja acepción de «tonto útil», nacida inicialmente para definir a los defensores de la URSS en Occidente -saludos, Monedero-; y no caer en el error de pensar que con él comenzó y con él terminó el sanchismo más torticero.
Porque Iglesias se fue y ahí sigue el populismo. Y Redondo se marchó y continúa la mentira. Y es que Sánchez se mantiene en su puesto, con el coche revolucionado y el depósito lleno.
«In my opinion».
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