02 de julio de 2022

Cosas que pasanAlfonso Ussía

La maestrilla de La Zaida

Como buena socialista, la maestra Alegría Continente está obsesionada con la derrota de las izquierdas en la Guerra Civil y la victoria de las derechas nacionales, primera derrota del comunismo y el socialismo en el campo de batalla. Pero lo anterior, a la papelera

La Zaida, a unos cincuenta kilómetros de Zaragoza, es la cuna de la ministra de Educación, Pilar Alegría Continente, diplomada en Magisterio y propensa al analfabetismo. No es difícil ser la tonta del pueblo cuando el pueblo tiene sólo 430 habitantes. Lo difícil es lo del padre de Jerson Hubert III, es decir, lo de Jerson Hubert II. Se quejaba Jerson Hubert III de su infancia infeliz, del mal ambiente de su hogar, de los llantos callados de su madre y de los episodios violentos que se producían en su familia. «Mi padre era el más borracho de su pueblo. Eso no tendría importancia si el pueblo de mi padre no fuera Nueva York». Ser el más borracho de Nueva York o el más tonto de Buenos Aires, es harto meritorio. Ser la más tonta de La Zaida es una nimiedad sin impacto internacional. Y no es La Zaida una localidad de anteayer. En sus tierras se han encontrado vestigios de cerámica campaniense, cuya antigüedad se remonta al siglo VI anterior a Cristo. Es decir, que se trata de una plaza de muy limitada natalidad y mesurado fornicio, porque después de veintisiete siglos, por cálculo y lógica natural, terminar con 430 zaideños o zaidenses no es registro de alta nota. O ridícula natalidad o muchos emigrantes a otras zonas de España, como la señora ministra de Educación.
La ministra, que es maestra, ha decidido que la Historia de España se inicia en 1812. Excesivo recorte. No quiere que los niños y jóvenes estudien Historia de España, por si alguno de ellos, al leerla y estudiarla, se aficiona a la Historia y se siente orgulloso de ser español.
La consigna de la Nueva Historia de España es que hay que abreviar. Académicos, catedráticos y profesores coinciden en definir a la señora ministra y sus cercanos colaboradores como «pobre gente». Eso sí, incluyen en la Historia de España la Memoria Democrática , y eliminan la invasión árabe, el descubrimiento de América, la vuelta al mundo de Juan Sebastián de Elcano, el Siglo de Oro de la pintura y la literatura, la Reconquista, y otras anécdotas sin valor. Extraña fecha la del inicio de nuestra Historia. Como buena socialista, la maestra Alegría Continente está obsesionada con la derrota de las izquierdas en la Guerra Civil y la victoria de las derechas nacionales, primera derrota del comunismo y el socialismo en el campo de batalla. Pero lo anterior, a la papelera. No obstante, la maestra Alegría Continente en un alarde de modestia y humildad, elige 1812 como punto de partida de nuestra Historia, quizá la más rica del planeta que nos hospeda. Podría haber elegido 1977, que es su año de nacimiento, pero no se ha atrevido a hacerlo porque se podría haber enfadado Antonio, el presidente del Gobierno, que nació en el barrio de Tetuán de Madrid en 1972, aunque viviera Franco.
Ninguna intención tengo de molestar a una mujer tan abierta a la sonrisa. Pero me gustaría que mis nietos, biznietos e incluso tataranietos, tuvieran la oportunidad de estudiar una Historia de España un poquito más amplia. Por qué se llamó durante siglos al Pacífico el «Lago Español», por qué las islas Filipinas se llaman así en honor y memoria de Felipe II, por qué nuestro idioma, el español, lo hablan 600 millones de habitantes de nuestro conflictivo planeta, por qué el Atlántico, de orilla a orilla , fue navegado en español, por qué los españoles llevamos la palabra y el humanismo cristiano a todos los rincones del mundo, y otras cositas que quizá no le interesan a la maestra de La Zaida, pero que seguro fascinarán a los niños y los jóvenes que tienen el derecho de conocer la Historia, las raíces y los símbolos de su nación.
Todo está programado por imbéciles y estúpidos. Y por sectarios y resentidos. Ni Velázquez, ni Lope, ni Quevedo, ni Góngora, ni Colón, ni Hernán Cortes, ni Francisco de Pizarro, ni El Gran Duque de Alba, ni Fernando e Isabel, ni Felipe IV, ni Carlos III, ni Malaspina, ni Balmis, ni Juan de Herrera..
Pero Antonio sí.
Tonta.
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