29 de junio de 2022

HorizonteRamón Pérez-Maura

Con deshonor –y lo siento

Desde el minuto en que Bolaños se comprometió a hacer «un control interno» del supuesto espionaje a los independentistas catalanes, generó una sospecha de mal hacer por el CNI. La dignidad de la secretaria de Estado directora del CNI no le debiera haber permitido continuar en su puesto ni un minuto más

La previsible defenestración (DRAE: Arrojar a alguien por una ventana) de la directora del CNI, Paz Esteban, se consumó ayer con una sangre fría más propia de Jack el Destripador. Ella fue a rendir cuentas a la Comisión de Control de los Créditos destinados a Gastos Reservados (vulgo comisión de secretos oficiales) de la que salió inmaculada y con los enemigos del Estado de muy mal café porque se quedaron sin argumentos.
Ella fue la primera miembro de la casa que llegó a lo más alto del escalafón. Su sucesora también es personal de la Casa, aunque llega a la dirección previo paso por un cargo cien por cien político como es el ser secretario de Estado. Hasta donde sabemos Paz Esteban ha hecho una labor impecable al frente del CNI, pero no en las dos últimas semanas, especialmente desde que el ministro de la Presidencia, Félix Bolaños, se presentó en Barcelona a rendirse ante la consejera de la Presidencia de la Generalidad, Laura Vilagrà. Desde el minuto en que Bolaños se comprometió en aquella reunión a hacer «un control interno» para «analizar las actuaciones» del supuesto espionaje a los independentistas catalanes generó una sospecha de mal hacer por el CNI. La dignidad de la secretaria de Estado directora del CNI no le debiera haber permitido continuar en su puesto ni un minuto más. Como concluí en estas páginas el 26 de abril, en una «Carta a la directora del CNI» –y disculpen la autocita–, «Lo que sí me gustaría decir públicamente a la señora directora, como ciudadano de a pie y contribuyente, es que yo me quedo pasmado de que ante la traición que el Gobierno de la nación ha perpetrado al Centro Nacional de Inteligencia ofreciéndose a rendir cuentas de la labor que ella dirige a los que han dado un golpe de Estado contra España, a los que laboran por romper nuestra unidad; no entiendo que usted no haya presentado todavía su dimisión. Usted no es un nombramiento político. Usted es una alta funcionaria, que tiene garantizado –muy legítimamente– un sueldo y una pensión de la Administración de por vida. Un nombramiento puramente político, tendría unas vinculaciones que sus compañeros no creían que usted tuviese cuando aceptó el cargo. Si ni siquiera una persona con su currículo es capaz de defender la integridad e independencia de la institución que encabeza frente a un Gobierno que quiere malbaratarlas, el CNI está perdido. Y España con él».
Ayer vimos la rueda de prensa de la ministra de Defensa que justificó plenamente su relevo argumentando que su sucesora era de más confianza. Sin duda lo será. Sólo faltaba eso para que la salida de Paz Esteban fuera con deshonor. Hay veces que no queda más remedio que dimitir lo antes posible. Y en este caso, bien que lo siento, créanme.
Comentarios

Más de Ramón Pérez-Maura

  • La chulería del déspota

  • Lo que hemos vivido

  • Napoleonchu descansa

  • La España ancilar

  • Cuando el CNI se convierte en felpudo

  • tracking