08 de febrero de 2023

Perro come perroAntonio R. Naranjo

Almodóvar

El cineasta tenía una estupenda manera de defender mejor la sanidad: no yéndose a paraísos fiscales ni creando SICAV para ahorrarse impuestos

Almodóvar ha salido de Panamá para irse a defender la sanidad pública madrileña, que según algunos ilustres usuarios de la privada está al nivel de la de Burundi: es sorprendente el conocimiento del supuesto caos en el servicio por parte de quienes se curan, se operan o nacen en las mejores clínicas madrileñas, por las que pasan sistemáticamente los Bardem, Tosar, Monedero y compañía a atender sus cositas.
Ocurre con esto como con los derechos laborales: todos piden más cuando paga otro, pero cuando les toca a ellos se buscan la manera de reducir las facturas y se aferran a las reformas laborales peperas para quitarle unos eurillos a sus currantes.
No ha habido despido en CCOO, UGT, IU o los escasos negocios impulsados por los niños de la ceja que haya elevado la indemnización a sus trabajadores por encima de la ley, en aplicación de esas exigencias que no dudan en trasladar a los demás: los Bardem, por ejemplo, cerraron su restaurante hace ocho años entre denuncias de su plantilla por intentar enviarlos al FOGASA y no querer pagar más de 20 días por año trabajado, tal y como efectivamente les permitía la ley.
No es incompatible vivir como un marajá, disfrutar de los lujos que ese estatus reporta y, a la vez, ser de izquierdas, pero sí es hipócrita cuando ese mismo razonamiento no se lo aplicas a los demás: ese «fascista» que lleva a sus hijos a un colegio privado además financia con sus impuestos los centros públicos, algo que los Bardem o los Tosar de turno también hacen cuando van a parir a la Ruber.
Pero Almodóvar, excelso director de algunas maravillas y autor de notables truños delirantes, no encaja en ese perfil: el tipo que ayer portaba una pancarta en defensa de la sanidad aparecía en los papeles de Panamá por crear en un paraíso fiscal una sociedad opaca para gestionar los beneficios de sus primeros éxitos.
Al menos entre 1991 y 1994, cuando estrenó Átame o Tacones Lejanos, los hermanos Almodóvar se dotaron de una herramienta creada para pagar menos impuestos, algo que repitieron hasta al menos 2013 con una SICAV, tal y como detallaba una información de El Confidencial demostrativa de que el cineasta se ha tirado media vida profesional buscando la manera de que no le toquen lo suyo.
Durante 20 años, en fin, el tipo que el domingo denunciaba el presunto desmantelamiento de la sanidad madrileña, que tiene sus defectos evidentes pero no es el apocalipsis en la Tierra que pretenden vender, hizo todo lo posible para ahorrarse los eurillos que hubieran ayudado a mantener esa sanidad en peligro.
Se puede ser rico, se puede ser de izquierdas, se puede vivir como Dios y se puede ayudar a los demás, todo junto y sin contradicción. Lo que no se puede es dar lecciones a todos, insultar a la mitad, hacerse el ofendido como nadie, criticar a los que hacen lo mismo que tú y después salir a la calle con una pancarta porque Ayuso te pone al borde de un ataque de nervios: una cosa es tener la carne trémula y otra el hocico como el de un oso hormiguero.
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