09 de diciembre de 2022

Perro come perroAntonio R. Naranjo

Hermana, yo sí te creo

Si el feminismo oficial de verdad tuviera esos valores, hoy estaría en las calles exigiendo la dimisión de una ministra que ayuda a los delincuentes sexuales

Aunque a los corifeos de Sánchez les molesta escucharlo, lo cierto es que con el descorazonador Rompetechos que anida en Moncloa han salido de la cárcel, por este orden, terroristas de ETA, golpistas catalanes y, ahora, violadores y pederastas.
Quedan a la espera chorizos como Griñán, con el boleto del cambio en el delito de malversación o el del indulto en su defecto; y cruzan los dedos narcotraficantes y secuestradores, que esperan que también haya benevolencia con lo suyo.
Nada puede descartarse en el universo sanchista tras ver cómo está en fase de aprobación el «derecho al golpe de Estado», en el que España será vanguardista; o la pionera creación de la «malversación buena», consistente en dedicar dinero público a adulterar elecciones durante décadas pero no a meterlo en tu cuenta corriente.
Todo ello viene precedido de otra vanguardista reforma que le permite a depredadores sexuales acortar sus condenas, lograr la excarcelación e, incluso, exigir una indemnización al Estado por enchironarle más allá de lo que las nuevas leyes del Gobierno prescriben: en casa del violador, esta Navidad no faltará un brindis a la salud de Irene Montero, como en la de un etarra no le quitarán su merecido homenaje a Pedro Sánchez.
La obscena mezcla de indigencia intelectual, incompetencia jurídica y arrogancia infantil que caracteriza la ley del «solo sí es sí» tiene al menos una virtud involuntaria: deshace, a ojos vista de todos, el andamiaje ideológico de los púberes que nos gobiernan y delata la verdadera condición de sus políticas como un mero negocio.
Primero soflaman problemas inexistentes para justificar la creación de un parque temático del que poder vivir y después, cuando su estupidez provoca estragos inesperados pero perfectos para poner a prueba los valores que decían tener, miran para otro lado.
Toda aquella tropa que se echó a la calle contra el juez de «La Manada» se calla ahora tras presenciar cómo al menos veinte delincuentes sexuales ya se han beneficiado del error de Montero, demostrando que su preocupación inicial era meramente política o económica: una vez logrado el objetivo de edificar sobre esos dramas un chiringuito de género, con más de 500 millones de presupuesto, las víctimas dejan de importar si por importar demasiado provocan la dimisión de la promotora de todas ellas.
Como tampoco preocupa la mujer en general si el Gobierno decide que España participe en el Mundial de Qatar, un escenario idóneo para que Irene Montero, Ione Belarra, Yolanda Díaz, Isa Serra y toda la cofradía del BOE llorón pusieran a prueba sus valores y defendieran públicamente el boicot español al evento.
Ni una palabra ha salido de todas ellas, ni de las múltiples asociaciones y organizaciones que viven de ellas, ante la certeza de que hoy en España sale más barato violar y que España blanqueará desde el domingo a un país donde los derechos humanos y la igualdad no tienen valor alguno.
La desprotección de la menor abusada en Valencia por la expareja de la vicepresidenta Oltra y el olvido de Olivia, la niña asesinada en Gijón por su madre; ya quitaron las caretas de Montero y compañía, que solo cantan eso de «hermana yo si te creo» cuando la hermana en cuestión les sirve para su negocio.
Guardar silencio ahora, con miles de sinvergüenzas afilando el sable en su triste celda a punto de abrirse gracias a ellas, confirma definitivamente su catadura: las violadas importan para hacer ministra a Irene; pero anda y que las ondulen si por apoyarlas le cuesta el puesto a la patrona.
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