05 de febrero de 2023

Cosas que pasanAlfonso Ussía

Y se ha quedado cortita

Me asombra que la Belarra se haya dejado en el tintero de su anteproyecto de ley a la familia transfauna

Me refiero a la Belarra y los tipos de familia que se imponen por ley en España. Se trata de un anteproyecto, es decir, una premajadería destinada a diluir el concepto de la familia tradicional, núcleo fundamental de toda sociedad civilizada. Parejas de hecho, unidas por matrimonio, biparentales, monomarentales o monoparentales, jóvenes –¿Por qué no viejas?–, LGTBI homoparentales y LGTBI homomarentales, con mayores necesidades de apoyo a la crianza, múltiples, reconstituidas, que vivan solas, inmigrantes, interculturales, en el exterior, retornadas, en situación de vulnerabilidad y transnacionales. Éramos pocos y parió la abuela. Pero se ha quedado corta. Mi amigo Honorio Camprubí Ferguson, de padre español y madre inglesa, está casado con dos individuos y viven los tres, felices y juntitos en Londres. Forman una familia en el exterior, pero también en plan trío, y la Belarra se ha olvidado de ellos. Veranean en Tarifa, porque a los tres, Honorio, Stéfano y John les encanta el surf. Falta la familia en el exterior con tablas de surf. Indignante olvido. Me asombra que la Belarra se haya dejado en el tintero de su anteproyecto de ley a la familia transfauna. Hombre o mujer que aman y viven con un mamífero, ave canora, ave que no canta, ave que habla, camaleón o serpiente. Se trata de un tipo de familia muy frecuente y respetable. El hombre o la mujer se esfuerzan por parecer perros, gatos, cerdos vietnamitas, papagayos, cotorras, ruiseñores, lagartos o serpientes pitón. Y lo hacen, sin ayudas oficiales, para que se sientan a gusto sus perros, sus gatos, sus cerdos vietnamitas y demás parejas silvestres. A los hombres y mujeres que no se han atrevido aún a fundar una familia con un animalillo, les recomiendo el cerdo o cerda vietnamita, de aspecto gruñón, pero amable a más no poder y de convivencia chispeante. Recomiendo el cerdo vietnamita, de pequeño tamaño y agradable resoplido, porque con las aves la armonía familiar es más improbable. Las aves ponen huevos, y esos huevos hay que empollarlos. En la libertad de la naturaleza se turnan para ello los machos y las hembras. Pero en una familia transfauna, el hombre, la mujer o lo que sea, están obligados a cumplir su turno de cuclillas sobre la cestita que contiene los huevos. No me puedo figurar a Cristina Almeida, por poner un ejemplo significativo, empollando los huevos en un matrimonio monomarental transfauna. Y se ha olvidado la Belarra la familia en situación de vulnerabilidad por estatura. Aporto tres ejemplos. El general De Gaulle medía dos metros, y la señora de De Gaulle no alcanzaba los ciento sesenta centímetros. El depuesto emperador de Etiopía y Eritrea Haille Selassie era un tapón con ciento cincuenta centímetros de altura, pero dos de sus mujeres, Wurkhuja Dereje y Gotytom Dibadaba superaban los ciento noventa centímetros, y el emperador sufría cuando le acompañaban a un acto público. Y en la actualidad tenemos a Maduro, que le saca tres cabezas a la tía de los narcotraficantes, su esposa, y está además necesitado de ayuda oficial porque no llega a fin de mes. Y se ha olvidado la Belarra de la familia aérea interprovincial, muy abundante en la zona de la Moncloa. El sociólogo de la Universidad de Vaduz, Liechtenstein, profesor Aughentaller, calcula que existen en el mundo en torno a 284 tipos de familia, la chino-manchega, por poner una muestra mundialmente aceptada y reconocida. Y parece mentira, siendo como es y pensando como piensa, que se le haya olvidado la familia mixta monoparental o monomarental etarra-Nunca Mais, víctima de la Guardia Civil y el chapapote griego. En fin, que se ha quedado cortita, como su mente.
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