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21 de julio de 2024

HorizonteRamón Pérez-Maura

Así empezaban las guerras civiles

La actitud chavista de Sánchez estos días, tiene un objetivo claro que es reforzar su poder alimentando el enfrentamiento. Ahora el objetivo del presidente del Gobierno va a ser la toma del poder en los ámbitos que todavía no están bajo su control absoluto

Actualizada 18:02

Recuerdo haber escrito cuando Sánchez tomó el poder, que ésta era la primera vez que España tenía «un Gobierno inoperante y en minoría, teniendo que mendigar el apoyo de los que quieren romper España» («Esta derecha sin remedio». ABC, 2 de junio 2018). Todos sabemos cómo se han degenerado las cosas en estos seis años. El auge de un populismo sostenido en la herramienta de enfrentar unos españoles contra otros cada vez más, deriva en una polarización más acusada. El PSOE concentró ayer en Ferraz a los contrarios a los que tomaron esa calle durante semanas alrededor de Navidad. Y la actitud de unos y otros no parecía en absoluto conciliadora. No haya lugar a equívoco: lo de ayer fue un clamoroso pinchazo de los convocantes. El aparato del PSOE en toda España, según la delegación del Gobierno, reunió a 12.500 personas, autobuses incluidos. Menos humos, la realidad no pasó de la cuarta parte. Esto es como cuando el Papa Benedicto XVI abarrotó la Plaza del Obradoiro de Santiago en una Misa en noviembre de 2010. La plaza estaba hasta arriba y El País fijó la asistencia en 6.000 personas. Cuando en 2002 las «mareas» abarrotaron la misma plaza, según los medios de la progresía allí cabía medio millón de personas. Una diferencia de matiz.

La salida en tromba del Equipo Nacional de Opinión Sincronizada era previsible. Sin pudor ninguno. Escuchar a Pedro Almodóvar diciendo que se le saltaron las lágrimas al leer la carta de Sánchez es una demonstración de que es difícil saber quién es más cursi de los dos. Escuchar al ministro Planas arremeter contra la oposición con los mismos modos que se hacía desde el Komintern en las décadas de 1920 y 1930 es muy aleccionador para quienes le creen «de lo mejor del Gobierno». Sus expresiones manifestaban un sectarismo con el que hasta ahora no se le identificaba. Y qué decir de la ministra Portavoz, Pilar Alegría. Está clarísimo que no lee El Debate. Ayer dedicó su artículo en estas páginas Alfonso Ussía a recordar que reivindicar el «¡No pasarán!» de la Guerra Civil es de idiotas. Era el lema de los que perdieron porque vaya si pasaron. Pues ahí estaba Alegría a la puerta de la sede de Ferraz clamando «¡No pasarán!». Para la política está claro que esta señora tiene un ojo clínico.

La actitud chavista de Sánchez estos días, tiene un objetivo claro que es reforzar su poder alimentando el enfrentamiento. Ahora el objetivo del presidente del Gobierno va a ser la toma del poder en los ámbitos que todavía no están bajo su control absoluto. Dos son especialmente relevantes. De una parte, la Justicia. El objetivo es controlar el Tribunal Supremo cuya independencia actual constituye una pesadilla para Sánchez. Y el otro objetivo son los medios de comunicación que no están integrados en el ya mencionado Equipo Nacional de Opinión Sincronizada. El desprecio con el que el dolido Sánchez se refiere a nosotros en su cartita no parece haber suscitado ninguna reacción de la Federación de Asociaciones de la Prensa de España ni de la Asociación de la Prensa de Madrid, tan prestos siempre a acudir en socorro de otros colegas más afines al sanchismo ¿Se acuerdan de la que se montó porque Ayuso acusó a algunos de acosar su intimidad y la de sus vecinos? Pues ahora no es Ayuso, es el presidente del Gobierno el que nos está acosando a medios como El Debate, que puede mantener una línea editorial clara y sin tapujos . No lo pueden soportar.

En este intento de polarización absoluta se está poniendo a periodistas como Silvia Intxaurrondo, muy bien pagada en RTVE, y a algunos otros «profesionales» de la información –y más bien de la opinión– a firmar manifiestos en favor de Sánchez. Si yo hiciera eso algún día en favor de quien fuese, si perdiera la cabeza así, ruego a mi empleador que me despida de inmediato. No sería digno de llamarme periodista. Pero ahora, lo que se busca desde el PSOE y su entorno no es responder a nada. Como carecen de argumentos, sólo pretenden insultar. Ni contestan a las informaciones sobre las actividades de Begoña Gómez y David Sánchez. Por no ir más allá en el entorno familiar.

No hace tanto, cuando se llegaba a una radicalización así en la vida pública, se acababa tomando las armas. Discúlpenme, pero esto es una descripción de los hechos del pasado. No una opinión sobre el futuro. Gracias a Dios creo que eso no está cerca todavía porque hay tres elementos que lo frenan: las redes sociales que nos permiten estar comunicados e informar a terceros permanentemente, dentro y fuera de España, de lo que está ocurriendo. Es cierto que esas redes intoxican mucho, pero también permiten responder. Un segundo elemento, por más que haya salido mal en algunos lugares, son las comunidades autónomas. Que, en este momento, haya once comunidades –algunas de tanto peso como Madrid, Andalucía, Valencia y Galicia– en manos de la oposición implica un freno muy relevante al avance totalitario de Sánchez. Y, en tercer lugar, no nos equivoquemos, el ser parte de organismos multilaterales como la UE dificultará mucho a Sánchez llevar hasta el final su quiebro total de la democracia. Sin todo eso, podríamos estar marchando hacia otra guerra.

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