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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Volver al paraíso identitario, vaya faena, Rufi

Lleva 9 años en Madrid y hasta ha conocido a su segunda mujer en el Congreso, seguro que está muy feliz de volver a Sabadell por el cierre estival de la Cámara…

Act. 24 jul. 2025 - 10:20

Si algún día Junqueras lo obliga a dejar Madrid para volver a darlo todo por la causa en el paraíso identitario, al tío le daría un telele con el disgustazo, un jamacuco en toda regla.

Juan Gabriel Rufián Romero llegó a Madrid con 34 tacos y lleva nueve años en el Congreso, pasándoselo bomba en la capital de España, repleta de amenidades, cosmopolita, acogedora, donde ni siquiera te tienes que tomar la molestia de hablar en catalán (que en su caso no es su lengua materna, pues es hijo y nieto de andaluces). Rufi la goza en Madrid. Se siente el rey del mambo. Le encanta llegar al Congreso gustándose, con su look que quiere ser moderno -y se queda en un estilismo de cantante de la orquesta París de Noya-, escoltado por su asesora disfrazada de Audrey Hepburn en Desayuno con diamantes. A la entrada de la Cámara responde al paso a las preguntas de la prensa con un tonillo altanero, de chuleta sabelotodo de arrabal, o se echa unas risitas con su Vito.

El Parlamento del Estado opresor llena el bolsillo del luchador separatista, con unos 130.000 euros al año. El Congreso le ha arreglado hasta su vida amorosa. En la Cámara conoció a su segunda y actual mujer, una periodista navarra empleada del PNV con la que se ha casado y tenido un hijo, por la que plantó a su primera esposa, con la que había traído al mundo a otro churumbel.

Ahora el Congreso ha cerrado por vacaciones de verano. Ay, qué dolor. Vaya faena. A Rufi -Juanga para sus amigos en su muy española infancia en un barrio de Santa Coloma- le toca irse del rutilante Madrid, que lo apasiona, para dejarse ver por Sabadell, la no muy agraciada ciudad donde está fijada su teórica residencia.

Por supuesto lo que se percibe en toda esta historia es la cargante impostura de nuestros independentistas. Antonio, el padre de Rufi, venía de Jaén, y Pepi, la madre, de Granada. Se conocieron en un mitin comunista y montaron un taller de peletería en Santa Coloma, con el que sacaron a su familia adelante. Rufián es diplomado en Relaciones Laborales y trabajó diez años en una ETT, donde al final le enseñaron la puerta porque acostumbraba a inventarse excusas familiares para escaquearse a hacer pequeños bolos mediáticos.

Su entrada en política se produjo a través Súmate, una plataforma de la órbita de ERC creada para captar para la causa a catalanes de la casta inferior, es decir: castellanohablantes e hijos de inmigrantes. Tan brillante iniciativa muestra, una vez más, el encantador talante supremacista del separatismo catalán. En ese foro destacó Rufi por su estilo echao palante y su verborrea. Junqueras reparó en él y le hizo el regalo de su vida: enviarlo a Madrid como diputado.

A estas alturas, la verdad íntima de Rufi es que es más españolista que los bocatas de calamares de la Plaza Mayor. Sus vivencias le han demostrado que eso de pretender que uno de Santa Coloma es distinto a uno de Murcia supone una gañada retrógrada y xenófoba, que no va a ningún sitio. Pero de algo hay que vivir y el independentismo es un chollo estupendo. Lo de la ETT era más cansado, pagaban bastante menos y encima no salías en la tele.

Ánimo en Sabadell y no caigas en la depre, Juan Gabriel, que en otoño ya estás de vuelta en la capital opresora, de donde no te vamos a echar ni con agua caliente, porque te gusta más Madrid que la laca a Ursula von der Leyen.

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