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Desde la almenaAna Samboal

Sanchez en la «war room»

No resulta verosímil que tengas que encerrarte en una sala de guerra para responder a las preguntas del Partido Popular cuando antes te has sentado a tomar café con Bildu

Cuenta atrás para la comparecencia de Pedro Sánchez en la comisión del Senado que investiga la corrupción en su partido. Moncloa ya ha diseñado la cobertura. El presidente prepara su intervención en la war room, la sala de guerra. Épico, al más puro estilo de Iván Redondo, gran aficionado a las series políticas. Su candidato, reconvertido en el bonachón Josia Bartlet de El ala oeste de La Casa Blanca, enfrentándose a la encerrona aviesa de la malvada oposición. La maquinaria de distracción masiva sigue a pleno rendimiento. Convirtieron la guerra en Gaza en un asunto de política nacional, con notable éxito para sus intereses particulares, y ahora se preparan para escribir un nuevo capítulo. Quién sabe si para proseguir la saga habrán de cambiar de canal para buscar argumentos en Juego de tronos o en House of Cards.

El punto débil de semejantes fabulaciones es que casan mal con la realidad. No resulta verosímil que tengas que encerrarte en una sala de guerra para responder a las preguntas del Partido Popular cuando antes te has sentado a tomar café con Bildu. Salvo que esa preparación sea el preludio inevitable para enfrentarte a un posterior proceso judicial. En esta ocasión, Pedro Sánchez no puede ampararse en la mentira que tan útil le ha resultado a lo largo de su carrera política. Cualquiera de sus respuestas se contrastará con las pruebas e informes que en un sinfín de procedimientos está aportando la UCO. Y cada vez se acercan más al palacio de la Moncloa.

La banda del Peugeot hizo lo que pocos militantes se atreverían a hacer: desafiar a todo un partido para torcerle el pulso y hacerse con el control. Osadía no puede negárseles. Pero, después de ganar esa batalla, creyeron que, como dice el refrán, todo el campo era orégano. Y el Estado de Derecho es mucho más sólido que el Partido Socialista. Y más serio. El puntilloso trabajo de la Guardia Civil y la laboriosidad de los jueces comienzan a cercarlos. Sus desmanes y formas de proceder eran tan burdos, tan vulgares, que llamaban demasiado la atención. Y existe un factor más que no puede desdeñarse. Con otros gobiernos, los escándalos se susurraban en voz baja. Este ha provocado tal grado de animadversión y hartazgo, por sus políticas, por sus concesiones a socios indeseables, por sus faltas a la verdad, por su escaso respeto a las leyes, que con su proceder anima a denunciar hasta a los propios. Lobato no se atrevió a ir más allá de la notaría, pero todo un fiscal purgado por el Partido Popular plantó una denuncia.

Silencioso y cauteloso, probablemente Pedro Sánchez no ha dejado huella física de sus mandatos y autorizaciones. Pero su mandato quedará marcado por lo que cuentan de él los que estaban a sus órdenes. A estas alturas, nadie discutirá que era el 1 del que hablaban Aldama y Koldo. Y es perfectamente creíble que Leire vaya contando por ahí que le ha encargado limpiar cualquier referencia a su mujer, caiga quien caiga. Por todo eso, tendrá que responder ante un juez. Salvo que se vea tentado de recurrir al falso testimonio en el Senado, tal vez no haya prueba alguna de responsabilidad penal, pero la estigmatización política ya no se la quita nadie.

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