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Cosas que pasanAlfonso Ussía

El braguetazos

Don Vitrubio era simpático y bastante gracioso, y la reina Mafazú perdió los papeles

Don Vitrubio Recasens dedicó toda su vida a dar braguetazos. Pero él quería ser el más rico del mundo y para ello, resultaba imprescindible enamorar a la gorda Mafazú Tongotongo.

La reina de la Isla de Muburru. Esa isla era el territorio más rico del mundo. De apenas diez hectáreas, siete de ellas mantenían su selva y 3 el más rico yacimiento de petróleo de la tierra.

Don Vitrubio, que se hacía el ecologista y los animales le importaban un huevo, viajó hasta Muburru –llamada así por su descubridor, el vasco Lorenzo Muburru– y al cabo del tiempo, tuvo la oportunidad de que la reina Mafazú se fijara en él.

La característica principal de la Isla de Muburru era que estaba prohibido salir con dinero. Había tiendas de toda clase, solo se vendían Rólex y los naturales estaban encantados con la prosperidad. Pero si dabas el braguetazo, al irte de Muburru, el braguetazo se quedaba allí.

Don Vitrubio era simpático y bastante gracioso, y la reina Mafazú perdió los papeles.

En tres días se casaron, ante la indignación del jefe Turutumba, eterno aspirante a la corona de Muburru. Y juró venganza.

Descubrió que Don Vitrubio había encargado un barco para llevarse toda la pasta –oro y joyas habidos y por haber–. Y efectivamente fue sorprendido por los guerreros, que lo detuvieron y lo llevaron ante la reina. Reina, que, por otra parte, ya empezaba a estar harta de las charlas en catalán con Don Vitrubio Recasens.

La justicia Muburru es tan sencilla como la vida en ella. Al día siguiente Don Vitrubio fue detenido y encarcelado y le obligaron a comer continuamente cochinillo, azúcar, y todo alimento que engordara. Se puso como una bola. Le obligaron a depilarse los pelitos de los pies y de lo que no son los pies. Tanto que la reina hacía régimen de adelgazar para tener hambre.

Llegó el día. Don Vitrubio en el carro parecía un enorme jamón de york y la reina estaba escuálida. El malvado brujo le preguntó:

-«Prefiere usted ser ofrecido a la parrilla o en lonchas con patatitas fritas».

-«Pues yo, a la parrilla».

La tragedia duró apenas media hora y Don Vitrubio terminó en el estómago de todos los componentes de Vitrubio.

Moraleja: Ni en el diluvio hubo chulos más grandes que Vitrubio.

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