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HorizonteRamón Pérez-Maura

El revivir de la Fe y de la figura de Francisco Franco

Me divierte mucho el desconcierto que este auge de la Fe está provocando en la izquierda ateísta que creía segura la victoria de sus postulados a la vista de la progresiva imposición del laicismo entre los jóvenes

Una de las pocas cosas que me hacen ser optimista estos días es la recuperación de la Fe entre nuestros jóvenes. Veo reportajes en diferentes medios. Se menciona a personajes públicos bien conocidos para los adolescentes y veinteañeros. Y eso hace decir a algunos periodistas de análisis superficial, que ésta es una nueva moda. No lo es en absoluto.

Una moda es el corte de pantalón que te gusta o el corte de pelo que crees que te estiliza más, si con rizos o a hachazos. O por ir un poco más allá, esa tendencia para mí inverosímil de que los zapatos de cuero estén prácticamente prohibidos en beneficio de las deportivas. Cualquier día nos encontramos a invitados en una cena de gala en el Palacio Real con chancletas. Y lo peor es que nadie les dirá nada.

Pero ahora estamos con algo mucho más importante. Hay un número relevante de lo que llaman influencers –que no está muy claro qué son exactamente– que se declaran católicos practicantes. Como yo también lo soy, me alegra mucho ver que estas personas para mí desconocidas, pero aparentemente influyentes en gentes de otras generaciones, quieren proclamar una Fe de la que se sienten orgullosos. Y en algunos casos, una Fe que habían abandonado y a la que están volviendo progresivamente.

Me divierte mucho el desconcierto que este auge de la Fe está provocando en la izquierda ateísta que creía segura la victoria de sus postulados a la vista de la progresiva imposición del laicismo entre los jóvenes. Pero ocurre que en tiempos de la imposición de un totalitarismo político como el que cada día más padecemos en España, los jóvenes buscan conocer la verdad de aquello que se les está ocultando.

Un ejemplo de ese interés por buscar la versión alternativa a la que se intenta imponer es el de quién fue Francisco Franco. La caricatura de Franco que se ha inculcado en los últimos lustros y muy especialmente en este último año –y lo que nos espera hasta el 20 de noviembre– hace que cualquier persona con un mínimo interés intelectual quiera averiguar qué tiene de cierto lo que le están contando. Y claro, empiezan a ver que la realidad de 40 años de Franco en el poder tiene poco que ver comparado con lo que se vivió en España. Empezando por preguntarse por qué tantísimos padres y otros familiares de dirigentes políticos de la izquierda actual fueron valerosos falangistas y altos cargos del Movimiento.

Con el resurgir de la Fe pasa algo parecido. La Transición, que tanto admiro en otros aspectos, vino de la mano de un cambio en la Iglesia, que tenía su origen en el Concilio Vaticano II. Ese cambio se ha consolidado en algunos aspectos y se ha superado en otros. La Iglesia puede tener problemas de vocaciones hoy en día. Pero en conjunto los seminarios están llenos de vocaciones que son mucho más sólidas intelectualmente que las de hace cincuenta o cien años. Entre otras cosas, porque en la postguerra española hubo más de un seminarista que buscaba tener una vida asegurada. Hoy, quien va al seminario, suele hacerlo con mucha más seguridad.

La Iglesia Católica es la única institución con 2.000 años de historia que está llena de vida. Nada que le ataña puede ser una moda. Las iglesias estarán más o menos llenas, pero quizá por la forma de denigrar a la Iglesia, los jóvenes vuelven a tenerla como referencia. Gracias a Dios.

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