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Cosas que pasanAlfonso Ussía

Summers

Hoy me voy a ocupar de Manolo Summers, el genial andaluz que se saltó todas las vallas de las prohibiciones

¿Me autorizan, una vez más a saltar de la política y reunir recuerdos de amigos que merecen la pena? Hoy me voy a ocupar de Manolo Summers, el genial andaluz que se saltó todas las vallas de las prohibiciones. Andaba celosillo Coll porque no había sido invitado a la recepción real con motivo de la entrega del Premio Cervantes. –No te preocúpez, chiquitín. Te llevo yo como si fueras mi mujer, que tiene timba. –Además de no invitarme me van a echar por suplantar a una invitada. –No tengaz miedo, terroncillo de Cuenca. Déjame actuar a mí. Cuatro guardias reales se ocupaban de dar el visto bueno a los invitados. Al llegarle el turno a Manolo Summers le ordenó a Coll que mirase por la ventanilla opuesta. –Qué garbo–, susurró Manolo. El guardia real no tardó en descubrir la broma. Su comentario elevó el espíritu del gran director, guionista y dibujante. –Este cabrito hace caricaturas de todo quisque con el mismo dibujo, y todos se parecen– repetía Antonio Mingote. Enterado el Rey, autorizó el acceso de Summers y «señora» al Palacio. Y el Rey besó ceremonioso la mano de Coll. –Manolo, –le dijo el Rey a Summers– has empeorado mucho con tu nueva mujer. Es mucho más fea que la del pasado año. Fue el comentario imperante de aquella tarde que el Rey cumplía a rajatabla en el aniversario de la muerte de don Miguel y don Guillermo.

Era el más fuerte de todos, jugaba al fútbol todos los domingos y fue expulsado en muchas ocasiones del terreno de juego. Y fue el primero en cruzar el umbral hacía menos de un año, Manolo se nos marchó. A pesar de su pasado irlandés no hablaba en inglés ni patata. Y se hizo acompañar a Nueva York por un amigo de La Antilla. Examinaba con desolación, Manolo, la melancólica tristeza de su amigo. –Anda, Manolo, aquí no comprendo lo que me dicen ni me entienden lo que yo les digo. Sí, muchos rascacielos y muchísima gente, pero todo el mundo es extranjero; sólo saben hablar en extranjero. Cuando Manolo le explicó que el extranjero era él, indignó a su acompañante. –¿Cómo extranjero si soy de la Antilla?

Se trasladaban en el metro. Al llegar a una estación, el maquinista frenó con excesiva dureza. Summers, que no iba agarrado al apoyo de seguridad, salió volando y colisionó con un negrazo que superaba, a simple vista, los 140 kilos de peso. Pues el que salió peor del accidente fue el negrazo, que tuvo que ser evacuado con fractura de tres costillas. Y ahí, Manolo también fue extranjero. El afroamericano y Manolo quedaron en el suelo separados por el diámetro de una angula. Y manolo se disculpó. –Ze me fue el idioma y en lugar de decirle «I am zorry» le dije «I love you».

Manolo era un niño malísimo, pero niño nació y niño murió. Se fue a destiempo. Quizá por culpa de la pesadilla que padecía cada día pensando en su efímera mujer con aspecto de Cuenca y las palabras del Rey a Summers. –Manolo, tu nueva mujer es feísima.

Un palo cortado en tu memoria, querido y genial Manolo Summers.

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