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Vidas ejemplaresLuis Ventoso

Regreso al pecado original

Afloran detalles de lo que era ya evidente: Sánchez tomó el poder en 2018 con una alianza infame con el partido de ETA y los golpistas de 2017

Act. 24 nov. 2025 - 14:01

Es la ceremonia más grimosa del parlamentarismo español y se repite ritualmente desde junio 2018. Una señora sexagenaria, de pelo corto y voz de garrafón, vestida con una elegancia un tanto provinciana, se levanta en su escaño e imparte unas altivas lecciones a la Cámara y al presidente del Gobierno. La diputada adopta el tono de quien se yergue sobre una supuesta atalaya de superioridad moral. Ella está instruyendo a unos gañanes montaraces, que tienen mucho que aprender de los ejemplares «vascos y vascas».

Acto seguido le toca responder al presidente del Gobierno. El mandatario que acaba de despellejar al PP y que tacha a Vox de «ultra», el gobernante que defiende arrinconar a la derecha tras «un muro», adopta un tono lisonjero y de esmerado respeto cuando se dirige a la diputada guipuzcoana, periodista de profesión en su primera vida.

El tono amable de Sánchez resulta curioso, o más bien repugnante, pues esa señora –llamémosla así, aunque no lo es– fue condenada en su día por apología del terrorismo y de los terroristas. Lo hacía además en el momento en que más mataba la banda a la que ella servía con su pluma, ETA. Era una apologista de las carnicerías separatistas que se llevaron por delante, entre muchos otros, a varios militantes del partido del presidente del Gobierno y jefe del PSOE, el mismo que ahora le hace la pelota. ¿Por qué trata con semejante tacto a aquella que un día ayudó a poner a sus compañeros socialistas en la diana? La respuesta es sencilla, porque tiene un pacto con el partido de ETA, que se ha convertido en uno de los pilares que lo mantienen en el Gobierno sin ganar siquiera las elecciones.

La carcoma que denominamos sanchismo se forja sobre un pecado original que todos conocíamos: las negociaciones secretas de Sánchez con los peores enemigos de España para okupar la Moncloa por la puerta de atrás con solo 84 diputados. Sánchez, que solo siete meses antes se había sumado al 155 para parar el golpe de Junqueras, se alió con el líder sedicioso entre tinieblas y compró su apoyo prometiéndole el indulto, recado que también envió a Junts. Con el PNV y el partido de ETA su oferta fue todavía más ruin: les prometió ir sacando a todos los asesinos de la cárcel mediante un sencillo subterfugio, el PNV recibiría las competencias penitenciarias y, con ello, barra libre para que etarras crudelísimos saliesen alegremente de potes (de propina, por supuesto, transferencias a saco para completar la erradicación en el País Vasco de todo lo que huela mínimamente a España).

Todo esto era sabido. Pero ahora se van conociendo más detalles. Los gánsteres Cerdán y Koldo ejercían como embajadores ante Otegui y el PNV, de la mano del empresario-conseguidor socio de esos militantes navarros del PSOE en una trama comisionista. Pero todavía es peor. Una información publicada este fin de semana en El Español añade que el propio Sánchez se embarró personalmente en la operación, acudiendo a una cita en un caserío vasco con Otegui, etarra condenado en su hora por un secuestro y sospechoso de haber participado en al menos dos más. Sánchez, que públicamente enfatizaba que con Bildu jamás. El chivatazo lo ha dado Koldo, que el jueves próximo podría ingresar en las hospederías del Estado y que asegura que ejerció de chófer para la cita. Aunque es cierto que el encuentro ha sido negado por el Gobierno tras un día de silencio y también por el propio Sánchez.

Si fuese cierto lo que ahora cuenta Koldo, el sanchismo se fundaría sobre una nauseabunda traición a España, a nuestros principios constitucionales y a la memoria de las víctimas del terrorismo, incluidas las del propio PSOE, a las que Sánchez vendió por su colchón monclovita. Una asquerosidad imperdonable. Y no solo suya, sino también de los que en su partido lo han tolerado, que son todos, empezando por un Pachi López que portó con lágrimas en los ojos el ataúd de un compañero asesinado por la banda de Otegui y Aizpurúa, que ahora son «gente de paz».

(PD: Ayer ya organizaron una manifa de militantes socialistas yayeriles frente al Supremo, con Lola Delgado y el ex juez prevaricador Balta al frente, mientras Sánchez desafiaba al alto tribunal desde el extranjero repitiendo su consigna de «creo en la inocencia del fiscal general». Pumpido ya está calentando en la banda).

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