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HorizonteRamón Pérez-Maura

Con Ussía en Ruiloba

Gracias, querido Alfonso, por todo lo que me has enseñado a lo largo de los años y por todo lo que has regalado a El Debate. Tu aportación ha sido de la máxima trascendencia para el éxito de este proyecto

Act. 07 dic. 2025 - 11:33

Ayer celebramos el funeral y el sepelio de Alfonso en Ruiloba, su tierra de elección. Fue un día gris, con algún resol, frío. La parroquia de Ruiloba estaba abarrotada. Cientos de personas. En una ceremonia conmovedora con los espectaculares cantos del Coro Marinero Manín de Lastres. La Salve Marinera, el Agur Jaunak. Lágrimas. El amor a esta tierra que es la nuestra. El orgullo de sentirla y que la sientan quienes te rodean. Desde todo el personal del Real Club Estrada hasta amigos venidos de todas partes de España.

Tengo contado que en expresión del propio Alfonso, el Pérez de mi Maura es de Ruiloba y aquí, en la ermita del Remedio, nos enterramos. Cuando murió mi primera mujer, Clara Isabel de Bustos, le dimos sepultura en el Remedio y unos días después Alfonso dedicó su columna en ABC a contar cómo era Clara –él la conoció antes que yo– y a narrar su visita al Remedio, donde la lápida de Clara Isabel todavía no estaba grabada. Es un artículo que después se recogió en un libro publicado por Estudio con una recopilación de las columnas que hasta entonces –año 2003– Alfonso había escrito sobre La Montaña –como él ha preferido seguir diciendo hasta el último día–.

En esta ermita están enterrados, entre tantos otros, mi padre y su hermana Gabriela. Tía Gabi era una niña que nació con síndrome de Down y vivió hasta los veintipocos años. Siempre tuvo a su lado a una cuidadora, Marcela Fernández, que no se tomó unas vacaciones hasta que la niña cumplió nueve años. Cuando volvió de sus días de descanso, la pequeña tía Gabi le hizo saber lo mucho que la había echado de menos y Marcela no se volvió a tomar vacaciones mientras vivió la niña. Después de morir Gabi, Marcela se quedó con mis abuelos el resto de su vida. Recuerdo que cuando visitábamos a los abuelos semanalmente, siempre veía que Marcela tenía la mejor habitación de la casa sobre el Paseo de Pereda viendo la bahía de Santander.

Marcela pidió a mis abuelos una última cosa. Que ella quería que la enterraran en Ruiloba para estar lo más cerca posible de tía Gabi. Así que creo que en este cementerio de Ruiloba donde ayer enterramos a Alfonso está enterrada Marcela. Como Alfonso, aquel día de julio de 2003, cuando subió al Remedio a buscar la tumba de Clara Isabel, yo he buscado ayer la tumba de Marcela. Y tampoco la he encontrado. Quiero creer que sigue aquí. Pero sí sé que antes o después me enterrarán en El Remedio y que Alfonso y yo estaremos muy cerca. Él en su tierra de elección y yo en la tierra de mis ancestros.

Gracias, querido Alfonso, por todo lo que me has enseñado a lo largo de los años y por todo lo que has regalado a El Debate. Tu aportación ha sido de la máxima trascendencia para el éxito de este proyecto. Ver la repercusión mediática de tu muerte ha sido un inmenso acicate para las jóvenes generaciones de periodistas. Cuando el 25 de noviembre se presentó en el Hotel Wellington tu libro de homenaje, tu hijo Alfonso Javier resaltó a sus hijos y sobrinos la importancia del legado de su abuelo que los participantes en el homenaje demostraban. El despliegue mediático de los últimos días creo que lo demuestra todavía más.

Descansa en paz, Alfonso.

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