Fundado en 1910
en el recuerdoAlfonso Ussía

Lobo

Hace veinte años, un amigo se enamoró de un campo extremeño. Una casa en ruinas era su única construcción, y por lógica presentó en el Ayuntamiento el proyecto de su futura casa para su aprobación. Le fue denegado. El motivo, un nido de mochuelos moteados

Los ecologistas «sandía» –verdes por fuera, rojos por dentro–, y los naturalistas y animalistas del modelo Walt Disney, quieren más manadas de lobos en los campos de España. Sólo en Cantabria, se mueven veinte manadas. Los ganaderos no alcanzan a comprender la actitud desafiante de la ministra de Agricultura, que, a su vez, se reconoce agobiada y sometida a las presiones de los defensores de Bambi y los que lloraron la muerte del perrito Excalibur. En Galicia, Asturias, Cantabria y Castilla, al norte del Duero, se reúne el más alto porcentaje de lobos, si bien se han detectado incursiones en Navarra, las provincias vascas, La Rioja, y superado el Duero hacia el sur, en Ávila, Segovia, Soria, Guadalajara y las sierras de Madrid.

No hay ganaderos animalistas. Ellos no sufren los ataques del lobo, un animal, por otra parte, portentoso y mágico, que tenemos que conservar con gestiones inteligentes, y no invitándolo a merendar en nuestras casas. A pocos kilómetros de donde escribo, se han producido en las últimas semanas ataques de lobos al ganado. En Valdáliga, en Mazcuerras, en Polaciones… El lobo se ha convertido en el propietario intocable de las ganaderías norteñas, ovinas y bovinas, pero el buenismo demencial, cínico y cursi de los animalistas y ecologistas impone que el número de lobos se multiplique sin límite ni prudencia. De continuar así, se intuye que en el próximo verano, una zona acotada en las playas del Cantábrico se prohibirá a los humanos playeros y se reservará a los lobos, que también tienen derecho al baño, a jugar con las olas y a practicar el 'surf'.

–Manolo, ¿has visto a Carolina?

–A hora no la veo, pero creo que ha ido a visitar a los lobos, porque ella es muy buena.

–Manolo, Carolina se fue a visitar a los lobos bañistas hace tres horas y no ha vuelto.

–No te preocupes, mi princesa, los lobos estarán jugando con ella porque es muy buena y divertida. Les estará enseñando a sostenerse en la tabla de 'surf'.

–Manolo, está anocheciendo, los lobos se han ido y Carolina no ha vuelto todavía

–Iré a recogerla.

– Manolo, ¿qué traes en tus brazos?

–Son los huesos de Carolina. Los lobos se la han comido. Era tan buena, y le gustaban tanto las criaturas silvestres… que sí, una pena, pero si los lobos han decidido devorarla, nuestro consuelo es que habrán calmado su apetito.

–Sí, Manolo, al menos, habremos hecho algo por esos graciosos cánidos.

–Nuestra niña ha muerto cómo quería. Adoraba a los lobos.

Y recogen el cocodrilo hinchable, él flota con el cuello de cisne, la cesta-nevera, la sombrilla, las toallas –la de Carolina, más pequeñita–, y abandonan la playa, tristes, pero reconfortados por saber que su niña ha sido merendada por los lobitos. A este paso, sucederá.

No es cosa de hoy. Hace veinte años, un amigo se enamoró de un campo extremeño. Una casa en ruinas era su única construcción, y por lógica presentó en el Ayuntamiento el proyecto de su futura casa para su aprobación. Le fue denegado. El motivo, un nido de mochuelos moteados. Una pareja de mochuelos moteados anidó en el interior de la construcción derruida, y no se podía molestar, ni expulsar de su nido a los mochuelos moteados, que son unos mochuelos, que como su denominación indica, lucen motas en las plumas. Comprar una finca y no poder alzar una casa por culpa de los mochuelos moteados no tiene sentido. Denegado por segunda vez el proyecto, mi amigo se hizo con una escopeta, una caja de cartuchos, y se presentó en el hogar cuya propiedad compartía con los mochuelos. Mató a los mochuelos, los enterró y denunció su desaparición en el Ayuntamiento. Lo narro porque mi amigo falleció y ya no lo pueden encarcelar. Al fin construyó su casa, a la que bautizó con el nombre de 'Villa Mochuela', y pudo disfrutar de su inversión durante unos pocos años. Compró vacas de carne, cerró la finca con una valla metálica y fue obligado a dejar libre una gatera de 30 centímetros que «impedía el habitual paso de un sapo partero».

La caza del lobo, bien gestionada, es una fuente de riqueza y una necesidad para el equilibrio de la especie. Los animalistas y ecologistas «sandía», muchos de ellos ajenos a las tragedias humanas, se encolerizan cuando aparece un lobo muerto. Todo responde a la política. Desde que cayó el muro de Berlín, el comunismo se refugió en el animalismo, el ecologismo, el feminismo y la homofobia. Ahora ya no se esconde y está en el Gobierno. El lobo vive y vivirá en España, pero sin apoderarse de ella. Y su caza, bien gestionada, es la única solución para impedir su excesiva presencia.

Una oración por la niña Carolina. Gracias.

  • Publicado el 3 de marzo de 2021 en la web de Alfonso Ussía
comentarios

Más de Alfonso Ussía

  • La rubita extremeña

  • El Rey

  • Es la solución

  • Simplemente un cara dura

  • Doña Contagios Patina

  • tracking

    Compartir

    Herramientas