Sánchez ofende a la Corona y a las Fuerzas Armadas
La cuestión no era asistir a la Pascua Militar, sino todo lo contrario. Sencillamente, no le daba la gana participar. Y, para mayor humillación al Rey, el presidente del Gobierno no se ha hecho representar por ninguna de las tres vicepresidentes, ¡tres! que mantiene. ¿Para qué son vicepresidentes entonces?
Como ocurre con tanta frecuencia en el mandato de Pedro Sánchez como presidente del Gobierno, ayer hubo otra primera vez. Ayer fue la primera vez desde la reinstauración de la Monarquía y el restablecimiento de la democracia que el jefe del Ejecutivo se ausentó de la celebración de la Pascua Militar en el Palacio Real. Y no. Aunque desde el Palacio de la Zarzuela se diga, por apaciguar, que la ausencia estaba justificada, no lo estaba de ninguna manera.
Primero, porque podía haber participado en ambos actos, llegando un poco, muy poco tarde, al de París. Es bien sabida la querencia de Sánchez a marcharse de todo acto presidido por el Rey en cuanto es posible y no quedarse al cóctel o los corrillos posteriores. Ayer era el día en que ese ausentarse sí que hubiera estado perfectamente justificado. El discurso del Rey terminó a las 12,55. Si Sánchez hubiera tomado un helicóptero a Torrejon y el falcon hubiese despagado a las 13,40, podría haber llegado a París 90 minutos después. Y al acto al que iba, que empezó a las 15,00, con un mínimo retraso perfectamente justificado.
Pero justificar un retraso diciendo que debía acompañar al Rey en la Pascua Militar, él lo considera tóxico. Nunca lo diría en un foro internacional. Porque él no quiere acompañar al Rey. Sánchez aspira a que el Rey lo acompañe a él.
Por no considerar la posibilidad de que se hubiese adelantado la Pascua de las 12,00 a las 11,30, que tampoco hubiera generado ningún problema. Pero la cuestión no era asistir a la Pascua Militar, sino todo lo contrario. Sencillamente, no le daba la gana participar. Y, para mayor humillación al Rey, el presidente del Gobierno no se ha hecho representar por ninguna de las tres vicepresidentes, ¡tres! Que mantiene. ¿Para qué son vicepresidentes entonces? ¿Qué mejor ocasión para ganarse el sueldo? Se despachó encomendando su representación en la ministra de Defensa, Margarita Robles. Menos mal que esta no pilló alguna enfermedad en estos días de tanto frío porque capaz hubiera sido Sánchez de dejar la representación del presidente en un secretario de Estado. Aunque asistiera el ministro del Interior. Lo que sea por humillar al Rey.
Y, en segundo lugar, la reunión de la Coalición de Voluntarios sobre Ucrania había convocado a 35 países. Es decir, no se trata de una cumbre, sino de una asamblea en la que tampoco estaban todos los grandes capos, ni mucho menos. Si añadimos a ello la irrelevancia de España en la escena internacional, todavía es más difícil justificar la ausencia de Sánchez en el Palacio Real.
Y luego está la ofensa a las Fuerzas Armadas. Sánchez ya ha humillado a los ejércitos negándose a cumplir el incremento presupuestario que firmó en la OTAN junto a todos los aliados. Esa es una humillación porque tu Gobierno no da a sus Fuerzas Armadas lo que tus aliados sí dan. Y miente ante terceros países sobre sus intenciones respecto a los ejércitos. Peor imposible.
Sánchez avanza con bastante prisa y sin ninguna pausa en su proceder contra el Rey. Es difícil llevar la cuenta de las afrentas. Hoy, más que nunca, me alegro de ver que el Rey y la Princesa de Asturias, como el Rey Juan Carlos en su día, son militares. Acierta Don Felipe cuando arranca sus discursos en la Pascua con un «Queridos compañeros» como hace habitualmente. Ayer, una vez más.