De neocons a lamebotas
La libertad siempre fue secundaria o prescindible para la izquierda, por eso han sostenido el chavismo y otras dictaduras socialistas
Qué impresionante cinismo el de quienes reprochan a la derecha su apoyo a la operación de Trump en Venezuela, porque, dicen, es contraria al derecho internacional y a los métodos democráticos y solo persigue el petróleo. O que no está inspirada en grandes valores, sino en interés económico Y es casi peor constatar cómo una parte de la derecha compra lo anterior, por pura ignorancia, o porque es más aislacionista en política exterior que los propios votantes de Trump.
Y es que estos cínicos son los mismos que cuestionaron frontalmente el ataque a Irak en 2003, a pesar de que fue inspirada y defendida por George W. Bush, o, en España, por José María Aznar, por los valores de la libertad en el mundo. Los neoconservadores tuvieron una gran influencia en aquella política exterior y de defensa, y la idea central del neoconservadurismo era la defensa de la libertad en el mundo, lo que hace del neoconservadurismo quizá el movimiento más idealista de la derecha. Pero ese movimiento por la libertad fue brutalmente cuestionado y tergiversado por la izquierda, que incluyó en el término «neocon» todas las barbaridades que se le pasaron por la cabeza.
No sé si alguno incluyó entre tales barbaridades hasta la de pedófilo, pero no me extrañaría. También es difícil de creer que un socio del Gobierno de España se lo llame al presidente de Estados Unidos, pero pasó el jueves en el Congreso, cuando Gabriel Rufián llamó «violador y pedófilo» a Trump, sin que el ministro Albares se molestara en cuestionarlo ni la presidenta Armengol en retirarlo del diario de sesiones. Rufián añadió a lo anterior que PP y Vox éramos los 'lamebotas' de Trump. Hace veinte años, éramos los neocons militaristas, fachas y violentos, y ahora, los lamebotas al servicio del pedófilo y violador Trump.
En estos veinte años, los admiradores del neoconservadurismo nos hemos vuelto más escépticos y pesimistas. En parte por fracasos como el de la democracia en Irak, pero también por el enorme rechazo de una buena parte de los ciudadanos a operaciones por la libertad que suponen la pérdida de vidas de nuestros soldados. Y el aislacionismo de los votantes de Trump tiene también mucho que ver con eso y con las enormes críticas europeas a la política internacional de Estados Unidos. Ya no quieren seguir ampliando el cementerio de Arlington. Tampoco ellos quieren sacrificar más vidas americanas. Y dicen América First, como la mayoría de españoles dice España First. Y que los europeos se paguen su defensa y envíen a sus soldados a las guerras, que ya han muerto demasiados jóvenes americanos.
Pero que lo anterior no nos nuble la vista. El neoconservadurismo sigue creyendo en la lucha por la libertad en el mundo, mientras que la libertad siempre fue secundaria o prescindible para la izquierda, entonces y ahora. Por eso montó Zapatero aquello de la Alianza de Civilizaciones tras el atentado del 11-M para no combatir el yihadismo, o negoció después con tanto entusiasmo con ETA, o colaboró y colabora ahora con los dictadores chavistas. Y por eso Zapatero fue defendido el jueves por toda la izquierda en el Congreso.
Y Patxi López metió a Zapatero en la misma frase en la que definió el desprecio de la izquierda por la libertad, cuando afirmó que ETA y Venezuela son los comodines del PP: dos grandes causas de la lucha por la libertad negadas, cuestionadas y ridiculizadas como comodines. Porque los socialistas prefirieron, no solo dialogar con los yihadistas, sino también pactar con ETA y sostener la dictadura chavista.