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Editorial

La cloaca es Sánchez

El presidente es el beneficiario, responsable y promotor del mayor escándalo de la democracia y debe pagarlo

Cada nueva revelación sobre la presunta organización criminal diseñada, dirigida y financiada por el PSOE es más escandalosa que la anterior y menos que la siguiente. Y entre todas configuran un insoportable escenario directamente mafioso en el que los máximos custodios del Estado lo utilizan, en realidad, para perpetrar o tapar todo tipo de fechorías al servicio de un gobernador cercado por la corrupción, despreciado por la ciudadanía e instalado en la insurgencia democrática.

No hace falta esperar a las conclusiones penales, si las hay, para dar por supuestos algunos hechos incontrovertibles y exigir unas consecuencias inmediatas.

Porque está demostrado que la llamada cloaca nació y se financió en el PSOE, con la tutela de las personas más cercanas a Sánchez en el partido, la Moncloa y el Gobierno. Y que, con ese respaldo, conspiró para asesinar civilmente o intentar comprar a los servidores públicos que investigan los casos más dañinos para el presidente.

A todo esto, que es gravísimo, se le añade la certeza de que la trama contó con la complicidad activa o pasiva de instituciones fundamentales que, lejos de frenar sus abusos, los taparon o quién sabe si incluso ayudaron a que prosperaran.

Desde la Dirección General de la Guardia Civil hasta la Fiscalía General del Estado o el Ministerio del Interior acogieron o protegieron a Leire Díez, obviamente porque tenía el respaldo o la encomienda de los máximos poderes del partido.

Todo ello rebasa el ya repugnante ámbito de la corrupción para adentrarse en el del crimen organizado, con el siniestro objetivo de anular los contrapoderes del Estado y, por ello, devaluar al propio sistema democrático.

Estamos ante el mayor escándalo de la democracia, que no puede ser contemplado como uno más de tantos, sino como el resumen de todos ellos.

Que alguien cuyas iniciales son P.S. aparezca como cabecilla de esta trama apunta sin duda a Pedro Sánchez. Pero lo que termina de culparle políticamente, ya de entrada, es que fue su organización quien pagó todo esto, quien abrió todas las puertas y quien dejó que operara porque se encargaba de ayudarle a él. Mientras Sánchez, por cierto, acusaba a los jueces de practicar lawfare, a la prensa seria de fabricar fango e incluso a los Cuerpos de Seguridad de actuar con perversos fines «patrióticos».

No hay duda de que Sánchez es el beneficiario de una trama mafiosa alojada en el poder, pero tampoco de que su organización la montó y cuidó y de que él mismo la respaldó al conocerse su existencia. Porque lejos de escandalizarse, pedir disculpas y asumir responsabilidades, Sánchez ha sido el primer promotor del espíritu fundacional de la cloaca: perseguir a los poderes autónomos del Estado y presentarlo todo como una conspiración perversa.

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