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23 de julio de 2024

EN PRIMERA LÍNEAAndrés Muñoz Machado

La declaración de Amberes

«Sólo un compromiso compartido entre la Unión, sus Estados miembros y sus regiones, la industria, las pymes y todas las demás partes interesadas, en una asociación renovada, permitirá a Europa aprovechar al máximo la transformación industrial»

Actualizada 01:30

La Cumbre de la Industria Europea celebrada en Amberes el pasado Febrero propuso un Pacto por la Industria que quiere ser paralelo al Pacto Verde. Es una continuación de la actualización (2021) de la «Nueva Estrategia Industrial para Europa» y de Manifiestos como el Franco - Alemán (2018). El Pacto, suscrito por 662 organizaciones de veinte sectores, hace un llamamiento a iniciativas de economía circular, producción de cero emisiones, autosuficiencia en materias primas y mejora del marco de la investigación y desarrollo. Se trata de colaborar a que el Mundo sepa reorientar la industria hacia la consecución de dos transiciones gemelas: la verde y la digital, transiciones que afectarán a otros aspectos de la economía y de la sociedad.

El Sector Industria viene considerándose como el motor más importante de la economía. Es un sector con una importante concentración, se estima que el 55 por ciento de su valor añadido mundial se encuentra en China, Estados Unidos, Japón y Alemania; y que tiene una dependencia alta de cadenas de valor, con eslabones en muchos países, de los que depende el suministro de materias primas y de hidrocarburos.

Amberes

Lu Tolstova

Los últimos años están asistiendo a un proceso de desindustrialización en los países de la OCDE, de la que forman parte la mayoría de los países del hemisferio Norte. El caso europeo es especialmente notorio. Países como Italia, Francia, Reino Unido, Holanda y España están entre los que han sufrido un decrecimiento mayor.

Un Nuevo Orden Económico se estableció tras la Segunda Guerra Mundial. Entre sus acuerdos estuvo el multilateralismo, con el que se intentaba establecer un comercio sin barreras, dentro de un mercado mundial, con un régimen de competencia leal, regulado y vigilado, por la actual Organización Mundial de Comercio (OMC).

Los gestores de la vida económica de aquel entonces fueron adaptando su planificación estratégica, sus inversiones, su internacionalización a este nuevo marco. La competencia se basaba en la calidad de los productos y en el respeto a un marco jurídico. Las materias primas, el agua y la energía parecían abundantes y de escaso coste. Las tecnologías que se eligieron fueron las más eficientes para este marco, comprometiéndose así el futuro del sistema productivo.

Lo ocurrido en las últimas décadas ha modificado de modo extraordinariamente importante el marco de las relaciones económicas mundiales. Algunos sucesos claves han sido los siguientes:

  • La Gran Recesión del 2008, la Revolución Digital y el COVID- 19. La primera por sus efectos sobre el sector financiero y la contracción del comercio internacional. La segunda por la necesidad de modificar el sistema productivo existente y entrenar en nuevas capacidades a los trabajadores. La tercera por su llamada a la solidaridad y por la implantación acelerada del trabajo a distancia.

  • El nuevo orden socio-económico hacia el que el mundo ha ido evolucionando. Todo él opera dentro de una economía de mercado pero con diferencias muy importantes. Así:

  • China entró en la OMC en 2005 y viene practicando un capitalismo de estado o tecno socialismo, en el que se impulsa la iniciativa privada pero se la refuerza con la intervención estatal en todas aquellas empresas que despuntan, es el caso de los aerogeneradores y el del coche eléctrico. El modelo levanta muchas sospechas acerca de sus posibles prácticas de competencia desleal y de su falta de respeto a los derechos humanos.

  • Estados Unidos practica una economía de mercado en la que productos y tecnologías vienen determinados por la oferta y la demanda, sin que por ello deje de existir una política industrial. En algunos sectores, el caso más conocido es el de los semiconductores, está sufriendo una fuerte competencia de China, competencia que se agrava con el hecho de que determinados semiconductores tienen aplicaciones militares y quien los posea y use puede alcanzar una hegemonía militar además de económica. En los últimos años va adoptando prácticas proteccionistas, de las que puede ser ejemplo la «Inflation Reduction Act» de Biden.

  • La Unión Europea está sufriendo una desindustrialización importante, tiene una alta dependencia energética y de materias primas y un modelo económico especialmente burocratizado, se redactan reglamentos sobre cualquier tecnología que destaque. Está perdiendo peso en la globalización. Por ejemplo, su cuota del mercado mundial en Tecnologías de la Comunicaciones ha pasado del 21,8 por ciento, en 2013, al 11,3 por ciento en 2022.

  • Rusia no renuncia a ser una gran potencia pero , en lo que a economía se refiere, parece haberse quedado en el papel de exportador de armas (ocupa el segundo lugar en el mundo) , hidrocarburos, materias primas y productos agrícolas.

  • El cambio climático es cada día más evidente y está condicionando todo tipo de inversiones. Son necesarios grandes gastos en energía renovables y en desaladoras ya que los trasvases parecen presentar especiales dificultades para el ecosistema.

  • La estrecha vinculación de los problemas tecnológicos que se presentan en sectores como el energético, el agua potable, la agricultura, la alimentación.

La protección del medio ambiente, el nuevo marco político-económico, las nuevas tecnologías, la necesidad de dar solución a los problemas nuevos, hace inevitable que las autoridades europeas reformulen, retomen su política industrial, para aumentar la competitividad de la Unión y hacerla autosuficiente en la medida de lo posible. La consecución de este objetivo solo puede conseguirse mediante la colaboración estrecha de todos los europeos y de los sectores público y privado.

La Comisión afirmaba en 2020: «Sólo un compromiso compartido entre la Unión, sus Estados miembros y sus regiones, la industria, las pymes y todas las demás partes interesadas, en una asociación renovada, permitirá a Europa aprovechar al máximo la transformación industrial». Es necesario aproximar y colaborar y no alejar y dividir. Ésta es la intención de la Declaración de Amberes.

  • Andrés Muñoz Machado es doctor ingeniero industrial
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