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16 de junio de 2024

tribunaJosé Ignacio Palacios Zuasti

Degenerando, degenerando...

Hemos llegado a tal grado de degradación y de cutrez que se han perdido todas las formas y buenas maneras, ya que en estos momentos lo que impera entre nuestros actuales dirigentes es la zafiedad y el intento de provocar

Actualizada 01:30

A mi padre muchas veces le oí repetir que el 14 de diciembre de 1931, siendo él alférez cadete en la Academia de Toledo, los habían llevado a Madrid a cubrir la carrera para el acto de promesa de la Constitución de Niceto Alcalá Zamora, celebrado en el Congreso de los Diputados, al que cuatro días antes las Cortes Constituyentes habían elegido Presidente de la República Española. Mi padre solía decir que, como en el artículo primero de esa flamante Constitución, que la Gaceta de Madrid (BOE) había publicado el día 10, en su artículo primero establecía que «España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de Libertad y de Justicia», su sorpresa, la suya y la de sus compañeros de promoción, fue ver llegar al nuevo presidente, «El Botas», al presidente de las Cortes Constituyente, el socialista Julián Besteiro, y a los diputados de todo el espectro político republicano, vestidos con elegantes levitas y chisteras, cuando ellos se imaginaban que asistirían a esa ceremonia con «blusas y alpargatas», como buenos «trabajadores» que eran.

Ahora, al contemplar que un ministro del Gobierno acude al Palacio de la Zarzuela en zapatillas, a prometer su cargo ante el Rey, me ha venido a la memoria esa historia que tantas veces escuché y a la que, entonces, cuando la oía, no le di importancia y me parecía un chascarrillo. Todo ello me ha hecho reflexionar y, con tristeza, tengo que confesar que hoy, cuando la Constitución de 1978 proclama, en su artículo 1, que «España se constituye en un Estado social y democrático de Derecho, que propugna como valores superiores de su ordenamiento jurídico la libertad, la justicia, la igualdad y el pluralismo político», por lo que no es «una República democrática de trabajadores» como aquella de 1931, hemos llegado a tal grado de degradación y de cutrez que se han perdido todas las formas y buenas maneras, ya que en estos momentos lo que impera entre nuestros actuales dirigentes es la zafiedad y el intento de provocar. Por eso, al nuevo ministro, Carlos Cuerpo Caballero, a todo el Gobierno y a los partidos que le apoyan, les pediría que tomasen buen ejemplo de los socialistas y comunistas de entonces porque, la misma sorpresa que ese diciembre de 1931 se llevó mi padre es la que ahora, 92 años después, pero de forma desagradable, me he llevado yo al verle a él junto al Rey con sus zapatillas de color marrón. Creo que si al maestro Juan Belmonte se le pudiera preguntar hoy ¿cómo se puede llegar a esto? volvería a responder con su ya famosa frase: «Degenerando, degenerando».

  • José Ignacio Palacios Zuasti fue senador por Navarra
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