La corrupción moral en la España actual
Vivimos en un mundo donde la estupidez es escuchada, la inteligencia ignorada y la educación ha pasado de moda. La cita parece que se deriva Bertrand Russell o de George Bernard Shaw. Sea lo que sea, parece que en este mundo es la estupidez lo que funciona y, si a ella se añade la mentira, mucho mejor
Comienzo el año 2026 escribiendo sobre algo que nunca pensé en hacer y que, por supuesto, no me gusta. La corrupción moral ha llegado a niveles que era impensable en otras épocas. Por donde se quiera transitar, desde un alto cargo del gobierno hasta un simple funcionario, la necrosis moral de esta sociedad es ilimitada. Por fortuna hay más personas que llevan la moral a cuestas y hacen de ella virtud que los que la olvidan, pero el problema es que, estas últimas son manzanas podridas en el cesto.
Hacen más ruido los temas de la bajeza moral que los de un descubrimiento científico, un buen libro, un éxito médico y un gesto de solidaridad o de valentía en una situación complicada, por poner algunos ejemplos.
La podredumbre está muy extendida, pues se miente, se engaña o se hacen amaños oscuros e inconfesables, al abrigo de los que nos gobiernan. Tristemente, ya no nos asombra nada de lo que nos cuentan y vemos. Cada mañana nos desayunamos con una noticia sobre algo que supera la del día anterior. Ya nada nos sorprende, una burda mentira, una comisión de un negocio, un puesto de un inepto que solo con sus actuaciones nos avergüenza. Los puestos a dedo se dan a personas que no están preparadas, que demuestran un nivel de estulticia que remedan más la ineptocracia que la meritocracia. Muchos nos preguntamos ¿qué nos deparará el año que comienza?
En alguna parte he leído eso de que el problema es que vivimos en un mundo donde la estupidez es escuchada, la inteligencia ignorada y la educación ha pasado de moda. La cita parece que se deriva de algunas clásicas expuestas por Bertrand Russell o por George Bernard Shaw. Sea lo que sea, parece que en este mundo es la estupidez lo que funciona y, si a ella se añade la mentira, mucho mejor.
El favoritismo lo que hace es facilitar la ineptocracia como aquel sistema de gobierno donde los menos aptos, es decir, los ineptos, son los que dirigen. Esta sociedad está basada en que los menos capaces para crear y producir riqueza son los que dominan y por ello la incompetencia se perpetúa. La mala gestión es la tónica. Para ello no hay nada más que ver las pérdidas millonarias de instituciones públicas como Correos, Paradores, ministerios, la SEPI y una larga lista que haría interminable esta tribuna. La falta de mérito es la consigna oficial. El puesto se crea o se dispone de manera arbitraria, sin pensar que la persona que lo va a ocupar, siempre a dedo claro está, es la menos preparada y capaz. De esta manera el despilfarro es la tónica. El dinero no es de nadie, como dijo aquella ínclita ministra de cuyo nombre no quiero acordarme.
Se dedican cantidades ingentes a proyectos que no sirven para nada, que no crean riqueza ni son un medio de ayuda a las personas que lo necesitan. La única razón es el despilfarro y la comisión que entraña. No hay nada más que ver el Boletín del Estado con los gastos inapropiados que expone. Y todo esto sin entrar en lo que se gasta en fiestas, comidas, viajes y prostitutas. Lo más triste de todo es que lo pagamos los demás con los impuestos tan atroces y desmesurados que tenemos. Las clases medias trabajan para pagar impuestos que no conducen a nada. Se realizan proyectos que solo tienen como finalidad conseguir prebendas, canonjías y sinecuras que alimentan la corrupción moral de unos cuantos. Todo esto va minando los entresijos de la sociedad y hace que esta se tambalee. El andamiaje moral sobre el que se debe asentar una colectividad reside en sus valores y si estos desaparecen no queda nada que celebrar. La desolación, la desidia, la apatía habitan en todos los lugares y personas con las que hablamos.
Me hubiera gustado empezar el año con una tribuna distinta, pero en el ambiente en el que vivimos, es obligado tomar la pluma y poner el pequeño grano que todos debemos hacer en la defensa de unos valores que, deben constituir el armazón moral de un grupo de personas que se reúnen en una nación de la importancia que tiene España. Sin embargo, expuesto lo antedicho, tengo esperanza en que esto cambie y nazca un día en que la justicia, la ética y la meritocracia sean los verdaderos ideales que nos devuelvan el orgullo de ser personas.
- Antonio Bascones es presidente de la Academia de Ciencias Odontológicas de España