La palinodia de los políticos
Cambiar de opinión es de sabios, reza el refrán, pero una cosa es cambiar de opinión debido a que la realidad te ha demostrado que es necesario y correcto o que estabas equivocado y otra que la decisión se base en oscuros deseos de tergiversar con perversidad las normas establecidas y defendidas
En todos los países, con más o menos intensidad, se presenta esta particularidad de los políticos y que la hemeroteca señala, un día sí y otro también, la enorme rectificación que hacen y que sin un mayor sonrojo presentan al público que los escucha y lo que es peor, que una buena parte los cree. Esto, que a mi modo de ver es una aberración, no es privativa de España, aunque sí existe en un mayor grado. Todos los países presentan entre sus políticos un grado de palinodia sonrojante, pero aquí llega a grados extremos. Se puede defender una cosa y su contraria en un plazo de varios días o de varias horas. Afortunadamente, la biblioteca que cada uno ha ido perfilando en su vida, las huellas que ha dejado con sus comentarios y declaraciones, les juegan una mala partida, pero a ellos les da lo mismo, siguen erre que erre, justificando lo imposible. Todo esto no sirve nada más que para ahondar en el descrédito de los políticos, en la desconfianza que la población tiene en ellos.
Palinodia existe en muchos ámbitos de la vida diaria, pues es una retractación solemne o literaria que puede interpretarse como una expresión lírica. Así, el poeta Catulo en sus versos a su amada Lesbia enmarca una palinodia sentimental diciendo: Ya no te amo, Lesbia/pero te amo./No sé por qué, pero siento que es así, y me torturo. Una figura retórica que ensalza el mensaje de lo que quiere decir.
Sin embargo, otras palinodias son retractaciones públicas de una postura como fue la de Jean-Paul Sartre defendiendo el comunismo soviético y años después, al conocer sus abusos, se retractó en un acto de valentía intelectual que fue conocido como la palinodie de Sartre.
La palinodia puede ser moral, intelectual o literaria, pero lo que quiero traer a colación es la palinodia que los políticos expresan con intenciones arteras, con afanes de confundir a la población y con marrullerías tortuosas para justificar sus actos. Por ejemplo, Rodríguez Zapatero defendió el gasto público negando la gravedad de la situación y meses más tarde, hizo recortes sociales de gran envergadura, lo que se interpretó como una palinodia forzada, en este caso por Bruselas. Pablo Iglesias dijo que nunca entraría en un gobierno del PSOE y en 2020 fue vicepresidente del gobierno. Es una palinodia política y perversa. Pedro Sánchez dijo en 2016 que no pactaría con Podemos ni con los independentistas y formó gobierno con ellos; en 2019 prometió no indultar a los líderes del procés y en 2012 los indultó; defendió la amnistía que antes rechazaba. Este tipo de palinodias pragmáticas me parecen engañosas a sus votantes ya que muchos votan en función de programas que luego no se cumplen. El programa debe ser un contrato firme entre el político y sus votantes. Cumplirlo es el honor de un buen político.
Por lo tanto, es necesario diferenciar palinodias literarias o de índole moral o intelectual de las que solo son engaños y hábiles directrices que luego no se cumplen. Cambiar de opinión es de sabios, reza el refrán, pero una cosa es cambiar de opinión debido a que la realidad te ha demostrado que es necesario y correcto o que estabas equivocado y otra que la decisión se base en oscuros deseos de tergiversar con perversidad las normas establecidas y defendidas. Y esto es lo que estás pasando. La bellaquería se está adueñando de las decisiones, de lo que se dice y se defiende en el momento en el que nos interesa. La palabra ya no existe, la verdad ha desaparecido, el honor ya no se contempla y lo que decimos, va a depender de lo que nosotros necesitamos en esos momentos.
Alēthea como 'verdadero' ya fue empleado por Hesíodo para criticar a su rival Homero y se entiende más como revelación, es decir, manifestar algo que estaba oculto, mientras que veritas es la exactitud de los relatos. Esto podría adecuarse a que la alethea es decir un secreto, mientras que la verita es contar lo que es verdadero y adecuado a la realidad.
¿Puede alguno de los lectores decir que nuestros políticos, no todos afortunadamente, dicen lo que es verdadero, lo que en realidad piensan y lo que efectivamente ha sucedido o va a suceder? El rigor es lo que menos crece en nuestras sociedades. Oír algo a uno de los que nos gobiernan pone la carne de gallina, se erizan los pelos y no tanto por su oratoria, que también, sino por el desparpajo con el que dicen muchas cosas. Que Dios les perdone en el otro mundo, pues en este somos muchos los que los ignoramos y rechazamos.
- Antonio Bascones es presidente de la Real Academia de Doctores de España