05 de julio de 2022

enormes minuciasCarmen Fernández de la Cigoña

Formar criterio, crear tendencia

Si echamos la vista atrás y miramos con atención, sí es cierto que el entorno ha cambiado, pero la esencia no tanto

Muchas veces pensamos que este mundo tan rápido, tan cambiante, tan de modas, poco o nada tiene que ver con el que vivimos, los que ya tenemos algunos años, en nuestra juventud. Una juventud que literalmente es del siglo pasado, aunque suene muy fuerte decirlo. Y que nuestros hijos se empeñan en recordárnoslo continuamente, a veces quejándose de que no entendemos nada, a veces con una sonrisa un poco tierna, un poco condescendiente, como disculpando el hecho de que sus padres no saben, no están en el mundo, o no entienden, porque precisamente son del siglo pasado.
Y, sin embargo, si echamos la vista atrás y miramos con atención, sí es cierto que el entorno ha cambiado, pero la esencia no tanto.
Quizá porque es connatural a la juventud, a su empuje, a sus ganas, a la certeza de que lo tienen todo por delante, el pensar que son los mejores, que lo saben todo (como lo sabíamos nosotros) y que tienen la respuesta y los modos de hacer más adecuados para cada circunstancia.
En cierto modo yo me alegro mucho de que sea así. Porque significa que la juventud sigue queriendo hacer cosas, sigue deseando demostrar que es capaz de salir adelante y de mejorar, no solo ellos, si no mejorar la sociedad en la que viven. Mucho peor es una juventud descorazonada, que puede asumir que no vale la pena, o que esto es lo que hay y que el esfuerzo, el trabajo y la capacidad no van a servir de nada. Y hay voces que les empujan a esa actitud cuando como Lilith Verstrynge, afirman públicamente que el esfuerzo genera fatiga estructural y ansiedad.
Por eso me alegro cuando veo a esa juventud con ganas de comerse el mundo. Aunque muchos piensen que el mundo que hay que comerse está fuera de nuestras fronteras. Yo no puedo coincidir en eso, aunque en ocasiones el sentimiento parece que quiera darles la razón.
En cualquier caso, y aunando la tecnología, la actualidad, lo perenne, lo que se va repitiendo (aún con todas las peculiaridades) porque la naturaleza humana es como es, creo que es necesario echar la vista atrás para poder mirar al futuro.
Por eso creo que es tan necesario (expresado en una forma cada vez más en desuso), formar criterio. No solo tomar una posición, o defender una serie de cuestiones fundamentales, sino además saber por qué y saber dar razón de ello. Parece evidente, pero cada vez es más inusual. En cambio, cada vez es más habitual que a la pregunta de por qué piensas o dices eso la respuesta sea, porque sí, porque lo ha dicho X o, simplemente, no lo sé.
Tener criterio propio es imprescindible para poder ser libre. Sin él, se está sometido a lo que te digan o te impongan los demás, con razón o sin ella, con razones o sin ellas. Por eso choca tanto, que esta juventud, que como la de todos los tiempos, ansía la libertad, no le preocupe tanto el criterio como la moda o la influencia.
No tienen que ser incompatibles. Es más, lo más natural, lo que debería ir de suyo, es que los que tienen criterio propio, los que saben lo que quieren y lo que piensan, crearan tendencias, en un lenguaje mucho más propio de su entorno digital.
En realidad, eso es lo que deberíamos buscar o fomentar. Esa connaturalidad entre formar criterio y crear tendencias. Que no es otra cosa que llevar a lo concreto que los que ejerzan el liderazgo que les pueda corresponder sean los más capaces.
  • Carmen Fernández de la Cigoña es directora del Instituto CEU de Estudios de la Familia. Doctora en Derecho. Profesora de Doctrina Social de la Iglesia en la USP-CEU. Esposa y madre de tres hijos
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