28 de junio de 2022

Un momento de la gala de 'MasterChef' del pasado lunes

Un momento de la gala de MasterChef del pasado lunesTVE

La semana de la tele

'Masterchef' se acorta y 'Supervivientes' se extiende

El talent culinario racionaliza al fin su horario, mientras el reality de Telecinco sigue colonizando horas de parrilla

En los tiempos anteriores a las plataformas, defendía un buen amigo que la parrilla de televisión en España estaba pensada para los parados. A las siete de la mañana tenía que estar en pie, y no entendía cómo había programas cuyo desenlace obligaban a aguardar hasta la una y media de la madrugada y más allá. «A esa hora no hay ni un solo francés viendo la tele, y te lo digo yo que estuve allí emigrado», remarcaba. Nunca pude comprobar si esto último era cierto, pero sí es correcto que los horarios en España son extravagantes. También achacaba a la «caja tonta» –entonces se le llamaba así, hoy suena a mundo viejuno– los problemas de insomnio que afectan a buena parte de los españoles. «Te ponen el desenlace a las dos de la mañana y, claro, con la emoción no pegas ojo hasta las cuatro», contaba atribuyendo su desvelo a una temprana eliminación de Leticia Sabater en el reality de turno.
En algo no le faltaba razón al amigo: los programas podían empezar y acabar antes. Sería todo más europeo. Pero la realidad es que aquí no somos así. La última vez que me interesé por el asunto, el pasado año, el Congreso Nacional para Racionalizar los Horarios Españoles iba por su decimosexta edición. ¿Se imaginan ustedes a los suecos organizar un par congresos, –no digo ya dieciséis– para racionalizar horarios? Lo habrían resulto a la primera. Pues eso. Que no hay forma de racionalizarnos. Que fuimos el imperio donde no se ponía el sol y ahora somos el país que nunca apaga la luz de la tele.
De vez en cuando, hay un rayo de luz en forma de cordura. Es el caso de MasterChef, el programa más seguido de la cadena pública. Siempre empieza pasadas las diez de la noche, a eso de y diez. Ha llegado a finalizar –y a quien me lo niegue lo mando a freír espárragos con Jordi Cruz– a las dos de la mañana. Te acuestas y sueñas con esferificaciones. Se decidió meter mano en el asunto desde las altas instancias y esta edición se ha mejorado. Comparadas con las pasadas, es para tirar cohetes, pues la duración se ha acortado una hora. Esta semana la gala comenzó el lunes a las 22.12 horas y a las 00.58 del martes ya se cerraron las cocinas más famosas de la tele.
Pero como si la programación televisiva fuesen unos vasos comunicantes, mientras MasterChef se alarga, Supervivientes se extiende. Por segunda semana consecutiva, las nominaciones se desplazaron al viernes, de modo que los robinsones copan por segunda semana consecutiva cinco de los siete prime time. En la isla de marras, la semana ha estado más bien aburrida. Los espectadores han denunciado –no crean que en el cuartelillo, simplemente en Twitter– un nuevo tongo en las nominaciones, pero eso no es noticia: pongan «tongo Supervivientes» –así, entre comillas– en Google –donde hoy el doodle ha estado dedicado al televisivo Chiquito– y obtendrán 161.000 resultados. O sea, lo de los amaños en la Palapa es más viejo que aquel caballero que recibía a Indiana Jones después de «solo el penitente pasará».
Hablando de penitencias, Miguel Ángel Revilla volvió a ser entrevistado en horario de máxima audiencia. A El Hormiguero fueron a divertirse esta semana un tipo que habla por hablar, el tertuliano que preside Cantabria, y otro que alimenta bocas en los lugares más inhóspitos del mundo y cuando la abre él sienta cátedra, un tal José Andrés. Tenía uno curiosidad por saber cuál de las dos entrevistas había hecho mejores números. Pues bien: el chef superó en un punto de pantalla y en 170.000 espectadores al omnipresente político. Aún hay esperanza.
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