05 de diciembre de 2022

Portada de «El arte del bisturí» de Arnold van der Laar

Portada de «El arte del bisturí» de Arnold van der LaarSalamandra

Una lectura absolutamente recomendable para todo el mundo y obligatoria para los estudiantes de medicina

'El arte del bisturí': la historia de la cirugía a través de 29 operaciones célebres

Un fascinante recorrido de Arnold van der Laar por las operaciones que hicieron avanzar la cirugía, apoyado en atractivas historias y anécdotas sobre personajes relevantes

No hace ninguna falta ser médico, ni siquiera científico, para que este libro te enganche como la mejor de las novelas. Nada más lejos de un tratado inconexo de 29 capítulos abstrusos y llenos de lenguaje médico incomprensible. Si el autor hubiera tenido una intencionalidad docente habría que reconocer que utiliza una técnica perfecta para el aprendizaje: fascinar al alumno-lector con una serie de historias de personajes muy relevantes de épocas lejanas y no tan lejanas, para introducirle en las complejas dificultades del desarrollo quirúrgico. No hay terminología médica que se atragante en este texto puesto que todo está perfectamente explicado para el lego (quizá a veces en exceso), y la historia circundante resulta tan entretenida y atractiva que se aprende ciencia sin percatarse.
Portada de «El arte del bisturí» de Arnold van der Laar

salamandra / 427 págs.

El arte del bisturí

Arnold van der Laar

La lectura del primer capítulo es suficiente para no parar de dar gracias a Dios por haber nacido en la época actual. La profusión de detalles en la descripción de cómo un herrero neerlandés del siglo XVII se abrió a sí mismo el peritoneo mientras su criado le sujetaba el escroto, para sacarse de la vejiga una piedra del tamaño de una patata grande, resulta escalofriante. La explicación posterior sobre por qué este tipo de dolencia era muy frecuente hasta mediados del siglo XIX y casi inexistente en la actualidad, acaba con cualquier nostalgia del pasado. La falta de higiene y de agua suficientemente pura junto con la mala alimentación eran ya de por sí suficientes para hacer que la mayor parte de la población viviera en condiciones miserables.
Casi todo el mundo padecía dolencias crónicas y enfermedades mal curadas que convertían en un calvario acciones cotidianas como el simple hecho de orinar. Además, la medicina empezó a tener un efecto positivo sobre la supervivencia y la salud de la gente solo en la segunda mitad del siglo XIX. Hasta entonces, médicos y cirujanos mataban casi lo mismo que curaban. En particular, someterse a una operación suponía perder la vida en más de la mitad de las ocasiones, para, caso de sobrevivir, tener que soportar heridas infectadas que tardaban a veces años en cicatrizar.
Sin embargo, de vez en cuando había algún valiente al que se le ocurría poner en práctica una nueva operación. A veces salía bien y se producía un avance cualitativo decisivo. Eso vamos descubriendo al avanzar en las páginas de este estupendo libro.
Desde los ginecólogos que desarrollaron la laparoscopia; aquel cirujano que envolvió en papel celofán el aneurisma abdominal de Einstein permitiéndole vivir unos cuántos años más; los que se atrevieron a operar el apéndice y evitar una de las dolencias agudas que más vidas se ha cobrado; hasta los avances en higiene que redujeron enormemente la mortalidad de las parturientas, y la de los heridos en el campo de batalla.
Todos estos avances han convertido en episodios a veces casi anecdóticos lo que antes constituían sentencias de muerte para muchas personas. Pero, junto al aprendizaje y al reconocimiento que se hace en el libro a todos los que hicieron avanzar la cirugía, el lector se entera de numerosas historias y anécdotas sobre personajes famosos. Como la del pobre residente de segundo año que a sus 28 años de edad tuvo que atender al presidente Kennedy en sus últimos minutos de vida. Y las consecuencias conspiranóicas debidas a la falta de comunicación entre los médicos que atendieron al presidente y los que realizaron la autopsia a su cadáver.

No hay terminología médica que se atragante en este texto, y la historia circundante resulta tan entretenida que se aprende ciencia sin percatarse

También las discusiones entre médicos en torno a las operaciones de urgencia que se le practicaron san Juan Pablo II tras su atentado. O la historia de superación de Alan Shepard, el astronauta que fue excluido del programa Apolo por padecer una disfunción auditiva, la cual desapareció, aparentemente por efecto placebo, y le permitió finalmente viajar a la Luna.
Algunos capítulos son francamente divertidos gracias, en parte, a una redacción ágil y llena de ironía. Por ejemplo, el dedicado al prepucio del rey Luis XVI, origen de un problema de importante repercusión en la corte francesa, además de fuente de chascarrillos y comentarios diversos entre la población.
La obesidad da pie a cierta socarronería, y se trata en dos capítulos dedicados a los papas y a los romanos de la alta sociedad. A algún famoso procónsul romano se le practicó una de las primeras liposucciones de la historia. El capítulo sobre la fístula anal del rey Luis XIV es particularmente hilarante. Sorprende lo que el lector puede llegar a entretenerse y divertirse con historias llenas de sangre, vísceras y sufrimiento. Y es que el libro mantiene un tono positivo y casi de celebración ante lo que sin duda es uno de los mayores logros de la humanidad, la cirugía moderna. No obstante, muchas de las historias tienen un final trágico.
Así, las muertes de la emperatriz Sissi o de la reina Carolina, del escapista Houdini, o de Oswald, el asesino del presidente Kennedy. En ocasiones son muertes absurdas cercanas a lo ridículo, como la del compositor Lully debida a un bastonazo sobre el dedo gordo del pie mientras dirigía su orquesta. De todas ellas aprendemos que el ser humano sigue siendo frágil y finito, pero que el esfuerzo y la inteligencia de unos cuántos médicos y cirujanos ha hecho que esas muertes no fueran en vano, al menos por lo que respecta al avance médico.
Más allá del enorme e interminable anecdotario, a veces macabro, a veces picante, pero siempre curioso, en este libro se aprende mucho sobre cirugía y se hace un muy merecido homenaje a los cirujanos pioneros que contribuyeron decisivamente a nuestro bienestar actual. Nada hay mejor en la vida que aprender y con esta obra se aprende con interés y entretenimiento. Una lectura absolutamente recomendable para todo el mundo y casi diría que obligatoria para los estudiantes de medicina.
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